Retomando el post con el que me estrené en Magacín, os prometí entonces que una vez al mes os contaría algunos trucos para que las mamás recientes o semi-recientes podamos lucir bien bonitas y nuestro aspecto sea lo más parecido posible al que siempre tuvimos y no a éste. Veréis que merecerá la pena y que no cuesta ningún esfuerzo, ya que lo que resultará verdaderamente duro de evitar con la maternidad será esto.
Lo que hoy os voy a contar es útil desde el embarazo. En los últimos meses de mi buena esperanza, la hora de vestirme se tornó un poco en pesadilla. Supongo que nos pasará a casi todas. Y ahora leyendo estas líneas os puede parecer una tontería, algo superficial que no va a ninguna parte, pero os prometo que no lo es. Con el embarazo empieza una época de cambios importante, algunos se hacen un tanto densos, otros pasan y siguen de largo y otros se quedan para siempre, arraigados en tu personalidad y en tu nueva vida. Y a veces también afloran desde dentro y se hacen visibles en tu aspecto físico. Psicológicamente no resulta del todo fácil acostumbrarse a ver el reflejo de una persona tan diferente a ti misma y tan de repente. No es que sea un drama, pues el motivo de tantos cambios es puro amor que crece en tu interior (lo cual, todo sea dicho, lo hace más difícil de llevar porque si te sientes disgustada por no gustarte por fuera, te sientes peor por sentirte disgustada, no vaya a ser que tu bebé note o piense que estás triste por su culpa…). Pero hay días que se hace cuesta arriba. Recuerdo explicárselo a mi pareja de este modo: “Imagina que un día te levantas e inesperadamente tu trasero presenta el doble de su tamaño habitual (haciendo comparativa con el aumento de pecho repentino de las embarazadas). ¿A que no lo llevarías nada bien?”. Y estoy segura de que no lo haría, ni él ni ningún hombre, sobre todo si es deportista y le gusta cuidarse como al mío.
En mi caso, el problema radicaba en qué ponerme en la parte superior de mi conjunto diario. Confieso que durante los nueves meses que Teo estuvo pensando en cómo salir, utilicé mucho más la parte del armario que no es mía cogiendo prestadas camisetas sin preguntar e intentando adaptarlas femeninamente a mi nueva silueta. Pero llegó un momento en el que me aburrí de ponerme siempre lo mismo y también llegaron los días en que me miraba de reojo al espejo pensando “éste vestido, mejor no me lo pongo”, “éste abrigo, no me cierra” ó “ésta rebeca (como llamamos en España a los cardigans) queda fatal, ¡los botones están tirantes!”.
Precisamente de esta última regañina a mi barriga nació el truco que os desvelo a continuación. Viendo que no había manera de ponerme una de mis antiguas rebecas sin que estallaran los botones como si fuera aquello el Big Bang, y cansada de vestir las camisetas del que duerme a mi lado, tuve un momento “bombilla” y se me ocurrió darle la vuelta a la chaqueta, es decir, ponérmela del revés, los botones atrás en la espalda. Llegué a la conclusión de que lo que debía hacer era destacar lo que no había cambiado tanto de mi complexión, además de sacar partido a lo más bello de la figura de una embarazada. Porque es bella. Imaginé que este invento podría quedar hasta seductor si vestía uno de estos ‘cardis’ cuyos botones comienzan a mitad de prenda y no desde el cuello, así exhibiría escote en la espalda y mi barriguita quedaría marcada pero no en exceso. Además, si lo probáis, comprobaréis que curiosamente el corte de los hombros queda genial del revés y vuestra postura se ve incluso mejor. No entiendo porqué, pero ¡es así!
Desde aquel momento, he utilizado las rebecas del revés en muchísimas ocasiones. En el embarazo se convirtieron en mis prendas fetiche y después de dar a luz, he continuado con ellas. Y es que los beneficios no acaban con el fin del período de gestación, también los tiene después de él. Mientras nuestros músculos y todo lo demás, incluyendo la barriguita, vuelven a su sitio, es un atuendo genial porque la parte más holgada se ubica normalmente detrás y abajo de manera que, girada como os propongo, disimula nuestra relajada panza post-parto. Además, os quiero contar que es un look comodísimo que nunca deja indiferente, cada vez que lo he utilizado, entonces y ahora, he tenido la suerte de recibir muchos halagos y buenas críticas al respecto.
Las embarazadas y las mamás, con tantos cambios a los que nos enfrentamos, necesitamos pequeños truquitos que nos hagan las cosas más fáciles. Y si un fular para cargar a nuestros bebés, literalmente te devuelve a la vida normal, pues tus manos se liberan para organizar la casa, salir a comprar, limpiar la mesa del desayuno o trabajar en la laptop mientras nuestro pequeño duerme feliz junto al corazón de mami, un peinado fácil y rápido, o un atuendo que nos haga vernos algo mejor, os garantizo que puede cambiar el color del día. Animaos a probar y si os gusta, me encantaría que me enviárais vuestros looks a mi dirección de e-mail: holacarolrial arroba gmail punto com para publicarlos en un post dedicado a “la feminidad en la rebeca” en mi otro blog. Por cierto, no olvidéis que todos estos trucos que comparto con vosotras, sirven no sólo para embarazadas o mamás recientes. Teo ya tiene un año y cuatro meses, y el iluminador y mis rebecas siguen en primera fila, porque para sentirse mejor, nunca es mala hora.

