Hubo una época en la que la mejor manera de ganar un Óscar para un actor de moda era hacer una ambiciosa película como director. Eran los años noventa, cuando Kevin Costner triunfó con “Dances With Wolves”; Mel Gibson lo hacía con “Braveheart” y Clint Eastwood coronaba su giro hacia el clásico contemporáneo con “The Unforgiven”.
Antes ya lo habían hecho Marlon Brando o Charles Laughton, pero complicado era ver a una mujer actriz pasándose al otro lado, una aventura en la que durante años estuvo como única representante Barbra Streisand, pero que recientemente se ha convertido en tendencia… aunque no precisamente con el éxito de sus compañeros masculinos.
Julie Delpy, heredera de Linklater
Delpy ha sido musa de dos públicos muy distintos: de los amantes del cine de autor por su papel en “Blanco”, de Kzrysztof Kieslowski, y por los amantes de la comedia romántica con un toque intelectual y nostálgico de “Before Sunrise” y “Before Sunset”, dirigidas por Richard Linklater.
De esos dos estilos, Delpy se ha quedado con la reflexión liviana y los idilios más dialogados que de acción del último de ellos para su carrera como directora, que se inició con “Two Days in Paris” y su secuela, “Two Days in New York”, además de “Le Skylab”, con la que ganó el Premio del Jurado en el Festival de San Sebastián. Eso sí: Delpy hace trampa y, ya que dirige, también se da a sí misma una buena oportunidad como actriz.
Esa misma trampa la han hecho, aunque como cortometrajistas, dos rostros bellísimos del cine de dos generaciones distintas: Natalie Portman en la pequeña joya “Eve”, en la que se marcaba un tiernísimo careo con Lauran Bcall; e Isabella Rossellini, que se convirtió a sí misma en insecto para estudiar la vida sexual con seis patas en “Green Porno”.
Angelina Jolie se entrega a la causa
Pocas actrices hay hoy en día tan voluptuosas como Angelina Jolie, pero ese lado sexy tan bien explotado en cintas de acción como “Tomb Rider” o “Salt” combina perfectamente con el lado solidario de la hija de Jon Voight y la esposa de Brad Pitt.
Jolie, embajadora especial de UNICEF y madre adoptiva de una extensa prole, también ha mostrado su faceta más comprometida como directora con “In the Land of Blood and Honey”, ambientada en la guerra de los Balcanes, rodada en los idiomas locales y candidata a un Globo de Oro. Sin embargo, sin el tirón de la actriz delante de las cámaras, la cinta se estrelló comercialmente.
Lo de dirigir por una buena causa era algo que ya había hecho antes, con mejor fortuna, Jodie Foster, que trató con sensibilidad autobiográfica la vida de un niño prodigio en “Little Man Tate” e hizo un acto de amistad hacia Mel Gibson para reflexionar sobre el fracaso -y fracasar en taquilla- con “The Beaver”.
Sarah Polley, musa “Indie”
Rostro hermoso que ha inspirado los mejores títulos de Isabel Coixet, “My Life Without Me” y “The Secret Life of Words”, Sarah Polley heredó de la directora española la vocación de hacer funambulismo entre la sensibilidad y la sensiblería en “Away from Her”, éxito del cine independiente que le llevó a las puertas del Óscar tanto a ella como guionista, como a Julie Christie como actriz.
Ahora, Polley estrena “Take this Waltz”, fábula antirromántica en la que reflexiona sobre la separación del amor y el deseo, que fue presentada en el pasado Festival de San Sebastián y que ahora llega a Estados Unidos, avalada por las interpretaciones de Michelle Williams y Seth Rogen.
Madonna y su maldición cinematográfica
La historia de Madonna con el cine es un desamor constante. Tras ser vapuleada como actriz en todas sus películas menos en “Evita” -con la que ganó el Globo de Oro a la mejor actriz-, la reina del pop no ha dejado de intentar conquistar a Hollywood y, para ello, hasta ha probado suerte como directora.
Primero fue una cinta independiente titulada “Filth and Wisdom”, protagonizada por otro músico, el rumano Eugene Hutz; pero su verdadero envite fue “W.E.”, reivindicación de la figura de Wallis Simpson, la mujer divorciada que hizo abdicar por amor al que iba a ser el rey Eduardo VIII de Inglaterra.
Pese a sus esfuerzos -consiguió que fuera seleccionada en el Festival de Venecia- y un equipo técnico que incluía a la diseñadora de vestuario Arianna Phillips, y al compositor Abel Korzeniowski, la película se diluyó en las carteleras sin pena ni gloria.
