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Manet en Londres

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La relación entre los retratos pintados por Édouard Manet y sus escenas de la vida cotidiana parisina se explora en una nueva exposición en la Royal Academy of Arts de Londres, que repasa la carrera del artista francés a través de más de 50 obras.

Distribuida en ocho grandes salas, esta ambiciosa muestra es la primera en el Reino Unido que se centra en la faceta de retratista del padre del Impresionismo, que desde sus inicios hasta su muerte en 1883 siempre mostró interés por la psicología humana.

“Manet fue el primero que utilizó figuras reconocibles, que habían sido sus modelos en retratos, en escenas más generales de la vida diaria”, explicó la comisaria de la exposición, Maryanne Stevens.

“Ésta era su manera de asegurarse de que reproducía con fidelidad la vida moderna”, lo que respondía a su ansía por satisfacer los requisitos del Realismo, movimiento al que se adscribía, apuntó.

Uno de los cuadros que más simboliza esta trasposición es “Le Déjeuner dans latelier” (1868), cuyo principal modelo es Léon, el hijo ilegítimo de la esposa del artista, la holandesa Suzanne Leenhoff, que había sido profesora de música de sus hermanos.

Stevens describe la obra, en que aparece el niño en primer plano como dispuesto a marcharse, apoyado en una mesa con restos de comida junto a otras dos figuras adultas, como “una de las más enigmáticas y misteriosas de la carrera de Manet”.

“Es una combinación de una escena de conversación, un bodegón y luego hay tres figuras (como retratos) que no parecen tener ningún tipo de conexión entre ellas”, explica la comisaria, que recuerda que la obra del francés plantea muchos interrogantes.

Otro óleo que refleja ese objetivo del artista de llenar sus escenas de personas reales es “La Musique aux Tuileries” (1982), que merece sala propia en la exposición londinense.
Aquí Manet reúne a pintores, críticos de arte y personalidades de la sociedad parisina de la época, todos bien retratados, en un acto social donde él aparece también “como maestro de orquesta”.

Hay en la muestra, titulada “Manet: Retratando la vida”, muchos cuadros reconocibles del creador, que nació en 1832 en una familia acaudalada y que, al no necesitar pintar para vivir, pudo escoger libremente sus temas.

Destaca una versión más pequeña del famoso “Déjeuner sur lherbe” y un cautivador retrato del escritor Émile Zola, quien defendió al pintor cuando fue rechazado por el Salon (exposición anual de la Academia de Bellas Artes de París) en 1866.

En la mano, Zola sujeta un libro que, según se explica, trata de Goya y Velázquez, dos de los artistas más admirados por Édouard Manet, considerado el padre del arte moderno.
La mayoría de las escenas cotidianas del pintor capturan los pasatiempos de la burguesía francesa y la modernización de Francia, que plasmó con técnicas, enfoques y puntos de vista que chocaron a la crítica del momento.

Una de las pinturas más representativas de ese esfuerzo por retratar la modernidad es “Le chemin de fer”, en el que una mujer, con un libro y un perrito en su regazo, está sentada en una verja al lado de una niña que, de espaldas, mira a través de ella hacia una nube de vapor que oculta un ferrocarril.

La exposición en la Royal Academy of Arts, que abrirá prontamente hasta 14 de abril de 2013, repasa también las últimas obras del artista, quien, tras sufrir una enfermedad en los años 70 del siglo XIX que finalmente le mataría, cambió el óleo por el pastel.

Un ejemplo de su virtuosismo también en este medio es “Mlle Suzette Lemaire” (1880), que comparte con los retratos en óleo la paleta de colores y la calidez que, según Stevens, hicieron de las obras de Manet “algunas de las más impactantes y bellamente ejecutadas del arte occidental”.