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El míster de Bacardí

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Mientras conversa, Willie Ramos va dejando una estela de reflexiones dignas de usarse en campañas publicitarias. Cada aseveración se fundamenta en un acusado sentido de respeto y admiración por los maestros que le han guiado en la tarea de manipular la melaza con maestría y convocar los paladares a un cónclave de sensaciones; en un enjambre de valores que cimentan su concepto de familia y servicio; y en una férrea raigambre de puertorriqueñidad que le ayuda a invocar con orgullo al espíritu del ron.

Esa filosofía de trabajo, sacrificio y sabor ha sido su base para instruir a más de 400 mil alumnos de todo el mundo sobre los secretos del ron Bacardí. Un nombre que, más que la marca puertorriqueña más global, una empresa, o su patrono, para Ramos define a su familia, al espíritu de honor, a la dignificación del esfuerzo y a una estirpe orgullosa de su origen, su herencia y sus valores. Sentimientos compartidos por su propio padre, un emigrante puertorriqueño en Nueva York que inspiró a sus hijos a hablar en español, a apreciar la música jíbara y la trova de Ramito, y ser leales al espíritu de Puerto Rico. Con esas memorias boricuas se enlazan sus primeros recuerdos de ron. Un espíritu ante el que confiesa haber caído “rendido” por primera vez con apenas 13 años cuando, atraído por su dulzor, curioseó por dos vasos de un coquito que su mamá había preparado para unas visitas, luego de lo que cayó dormido y sólo pudo levantarse al día siguiente.

Poco imaginaba entonces Ramos que luego se cruzarían en su camino los rones de Bacardí, una empresa en la que se estrenó como guía turístico hace más de dos décadas, y de la que se convertiría en su Senior Brand Master, un embajador que es rostro de Bacardí, su ron y Puerto Rico a través del mundo entero.

“Yo trabajaba en el Departamento de Comunicaciones y como Joe tenía mucho trabajo, Bacardí decidió desarrollar a tres empleados para presentar y explicar lo que era su ron. De los tres fui el único en permanecer, porque me apliqué a la química”, dice a Magacín. Con un trasfondo en comunicaciones, la química no era precisamente el territorio preferido de Ramos, pero Joe Gómez -responsable de elaborar el Bacardí que sale de Puerto Rico, el 85% del Bacardí del mundo- abrió sus ojos y supo cautivarlo con su generosidad y pasión por su trabajo haciendo ron. “En la vida todo depende de quién sea tu mentor”.

Desde entonces hasta ahora este boricua de pura cepa y blue eyes a lo Sinatra ha estampado su pasaporte de ron en al menos medio centenar de países a los que ha viajado para compartir con cientos de miles de alumnos del mundo la visión y creencias de Bacardí, las cualidades que refuerzan la excelencia y distinción de los rones de Puerto Rico, su conocimiento de degustación, y su orgullo como boricua.

Así ha predicado sobre el espíritu y sabor roneros entre los empleados de Bacardí, distribuidores, bartenders, consumidores, artistas, deportistas, reinas de belleza, presidentes de Estados Unidos y el actor Jimmy Smits, a quien asesoró para el papel que encarnó en “Cane”, la serie televisiva inspirada en una empresa familiar de caña y ron. Con un millonario patrimonio de millas de viajero frecuente, viaja la mitad de su tiempo para transmitir los valores de la marca y del ron como objeto de cohesión y de calidad, la mejor cara de Puerto Rico. “Hay interés genuino por saber lo que hay detrás de Bacardí, que ha estado en la cima ronera desde 1862. Esto permite además educar sobre lo que distingue al ron puertorriqueño”, dice este influyente embajador internacional de Puerto Rico.

“Debemos comunicar más agresivamente lo que hace al ron de Puerto Rico un ron de excelencia, regido por una estricta legislación, y las características del país en cada botella: orgullo, pasión, fortaleza, decisión y sabor. Describes a un boricua y describes al ron Bacardí. Tenemos los mejores boxeadores y reinas de belleza. Hay que contar que también el mejor ron”. Es algo que igualmente se hace en el centro de visitantes de Bacardí en Cataño, que supervisa Willie y recibe más de 250 mil visitantes al año, siendo una de las principales atracciones turísticas de Puerto Rico.

“Estamos en una industria de servicio al cliente, en la que el trato es lo más importante y marca la diferencia porque es lo que la gente nunca olvida y da un giro favorable o desfavorable a la percepción sobre un producto”. Un importante trabajo didáctico se hace también con las numerosas escuelas que visitan Bacardí, a cuyos alumnos se les enseña el valor histórico de la caña de azúcar, sobre la cultura del ron, el reciclaje de desperdicios que realiza la empresa y los diversos aspectos de elaboración en los que Bacardí fue pionera en el mundo. Un perfecto equilibrio entre tradición y porvenir porque “a veces hay que mirar al pasado para poder desarrollar un futuro”, como sucede en la renovada industria de la caña. Cuando está en la Isla su día empieza a las tres de la mañana y aún de madrugada sale a trabajar a la destilería donde se reúne individualmente con sus decenas de empleados, mostrando su empatía y deseo de calibrar al mejor equipo, creando en el conjunto la misma armonía que se logra al ensamblar como un todo destilados diversos en la mezcla de un ron. Es el arte que aprendió de sus maestros roneros, quienes no sólo le enseñaron la técnica para explicar la elaboración, sino también la importancia de la generosidad de compartir esa sabiduría.

El ron es para él una experiencia artística por partes, que se cuaja como pinceladas de un lienzo, o añadiendo instrumentos y ritmos a una orquesta, hasta crear composiciones más sofisticadas como colectivo que como notas individuales. “El equilibrio y la falta de impurezas son las claves de un buen ron”. Él no tiene predilección entre las etiquetas de Bacardí, porque entiende al ron como un maridaje con momentos. Entre las del consumidor, destaca la preferencia por los rones especiados y los añejos, los segmentos de mayor crecimiento en la categoría, al igual que los mercados asiáticos, y lugares y gentes como los de Hong Kong, el país que más le ha llamado la atención entre sus viajes. Su historia de ron inolvidable la vivió en una escuela en que hablaba sobre los peligros del consumo excesivo de alcohol y conoció a una alumna víctima de un padre alcohólico. Un encuentro impactante que casi le hace renunciar a su trabajo, hasta que se percató que el problema no era el alcohol sino el mal uso que se hace de éste, determinándose a promulgar de forma más vehemente la moderación como la clave del consumo responsable.

La mejor lección para este maestro es que la esencia del éxito es el saber reinventarse sin perder su raíz. Él se reinventa a diario, sin cejar en su compromiso con la empresa. “Moriré en Bacardí”.