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Embrujo prehispánico

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gustavosoutto-rfe-11Si la pieza fue creada por manos americanas antes de la llegada de los colonizadores europeos le interesa. En realidad siempre le interesó. Desde que era un niño en Guaynabo y estudiaba con deleite en la escuela la historia de la cultura maya, inca y taína, o desde que estudió arte en la Universidad de Pensilvania.
Ese gusto Gustavo Souto lo convirtió en un trabajo, especializándose como mercader de arte y antigüedades en Estados Unidos. En el 2008 estableció en Nueva York, junto a su hermano José, Prehispánico, galería especializada en este tipo de arte que reúne piezas de 60 culturas asentadas en Mesoamérica, el Caribe y la región andina. La firma cuenta además con una sede en la ciudad de los rascacielos y otra en Santurce, donde atienden clientes por cita previa.
La rigurosidad y la disciplina de Souto fue reconocida hace poco al ser seleccionado miembro de la Art and Antique Dealers League of America (AADLA), convirtiéndose así en el único hispano y boricua en ostentar dicha distinción. “Esta es la asociación más antigua de Estados Unidos”, explica Souto con su hablar sosegado, “ellos agrupan individuos que representan arte y antigüedades no solo para formar una asociación sino también para darle tranquilidad al cliente que está comprando un objeto a través de estos “dealers”, que en cualquier conflicto futuro la asociación va a velar por los intereses del comprador. ¿Cómo lo hacen?, manteniendo bien estricto (el ingreso a) la agrupación y eliminando cualquier persona conflictiva”.
Souto trabaja el mercado de arte prehispánico, específicamente obras “que ya están en manos privadas”, no solo como mercader sino además como consultor, tasador de obras y especialista en autenticarlas. Para ello lee, revisa, consulta, pregunta y aprende más, como si no supiera nada.
“Yo no soy arqueólogo ni antropólogo, soy “dealer” de arte y mi labor es encontrar para el cliente las mejores obras autóctonas previo al contacto europeo”, explica.
Porque cuando el público descubre que el arte prehispánico es accesible, sus nociones del coleccionismo se amplían. “Te dicen, ‘¿Qué yo puedo tener una vasija inca en mi casa?, ¡Pues yo la quiero!’. Así empieza el interés”, relata el marchante que además integra el Sindicato Internacional de Mercaderes de Arte y Antigüedades (SINOA), con sede en Bélgica, sobre un atractivo que llega a ser contagioso.
Más de una vez Souto se ha sentido sobrecogido al enfrentarse a una obra prehispánica. gustavosoutto-rfe-18Como artista de este siglo reconoce el dominio de la técnica de esos creadores del pasado. “A veces veo cosas y pienso, este artista era un master”, reconoce. “Hay que entender que este individuo está trabajando la pieza en piedra, de ese tamaño, sin otro instrumento más duro que esa piedra; no hay metales, lija, cinceles o segueta, solo la experiencia que a través de los siglos se ha ido pasando en esa cultura. Es difícil hacerla hoy día así que en aquel momento era mucho más difícil pero había algo bien sublime. Esa pieza que tú estás viendo, más allá del objeto de arte, para su cultura en ella residía el poder del cacique; el que tenía esa piedra absorbía los poderes del cacique. A veces estos símbolos de poder te impresionan”.
La evolución del arte de dos culturas han deslumbrado a Souto: la maya en Centroamérica y la mochica en Suramérica.

VERDADEROS VS. FALSOS
Es inevitable cuando de arte prehispánico y antigüedades se trata; el tema de la autenticidad se impone en algún momento de la conversación. Souto es uno de esos especialistas que identifica y separa la yerba mala. “Hay dos tipos de obras falsas”, señala acomodándose en el sofá, presto a hablar de un tema que le apasiona, “las obvias y las que requieren consulta”. Las obvias, explica Souto, son aquellas que a leguas gritan su condición fraudulenta y los oídos del especialista las escuchan. Tienen detalles que no corresponden a la época o a la cultura, son caricaturescas en ocasiones porque tienden a exagerar rasgos iconográficos o utilizan colores que no eran comunes por esa época, entre otros aspectos. Otras precisan de la experiencia y el entrenado ojo de un especialista que debe buscar la falla, palpar la textura de la masa de barro, los tonos seleccionados, las escenas representadas.
Por lo general, las obras del periodo prehispánico que trabaja han estado en colecciones familiares por varias generaciones. Cuando alguien se interesa por una pieza, Souto también contempla el diseño del espacio donde se ubicará considerando factores como, por ejemplo, si hay niños en la casa o la forma específica de la urna que mejor resalta las virtudes de la obra.
Clientes de todas edades visitan sus espacios en Puerto Rico y Nueva York, lugares entre los que se mantiene viajando. Tiene un pie en ambos lados del charco.
“Este es el puente”, confiesa sobre su isla, “no estoy anclado ni en Puerto Rico ni en Nueva York. Llevo 25 años en Nueva York y nunca me he sentido en casa, pero Nueva York tiene nutrientes para mí, todo lo que me hace falta. Como artista necesitas ese estímulo constante y Nueva York tiene ese vicio del exceso de estímulo. Separarte de eso obviamente es la muerte profesional, visual y estética por lo que ese love and hate relationship tiene que mantenerse”.
Con Puerto Rico también mantiene ese tipo de relación de amor y odio “pero diferente. No puedo estar aquí mucho tiempo ni mucho tiempo separado de aquí, pero la postura de estar en el puente -o yéndome o a punto de regresar- para mí es el balance correcto. Siempre estoy trayendo un estímulo nuevo al país o listo para ir a buscarlo”, concede.