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Cosmética con azafrán: el precioso oro rojo

Sus propiedades cicatrizantes, exfoliantes, antiarrugas y antimanchas lo convirtieron en favorito de la aristocracia y hoy sigue valorándose.
  • Por Rosa María González Lamas
  • 12 OCT. 2017 - 08:00 AM
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El alto valor del azafrán, que alcanza miles de euros el kilo, hace que se le denomine “oro rojo”, un oro al que sus propiedades de bienestar añaden lustre y valor.
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Si Cleopatra viviera en nuestra era habría podido erigir un imperio cosmético con sus notorias pócimas de belleza. Célebre por sus baños con leche de burra, algo más ignota era su práctica de añadirles flores y hebras de fragante y colorante azafrán para impartirles un arrebatador color amarillo y enriquecerles con la alquimia estética que se atribuye a esta especia exquisita, un oro rojo que hoy vuelve a cobrar protagonismo en los rituales de tocador.

Conocido tal vez más como condimento culinario, el azafrán lleva miles de años empleándose con fines de belleza y salud. Los griegos lo utilizaban como afrodisíaco, los médicos de los faraones egipcios lo recetaban para dolores de estómago y desde la antigüedad se ha utilizado para combatir los trastornos nerviosos, las obstrucciones del hígado, el colesterol, los problemas pulmonares, los dolores menstruales, las arrugas y todo tipo de enfermedades de la piel. Limpia la sangre, atenúa los efectos del alcohol, es rico en vitamina C, ayuda a conciliar el sueño y a combatir la fiebre, tiene propiedades anti-inflamatorias y para los budistas es símbolo de sabiduría, de ahí que tiñan sus túnicas con azafrán.

Además de ser un gran antioxidante y calmante, el azafrán tiene propiedades cicatrizantes, exfoliantes, antiarrugas y antimanchas, lo que le convierte en un producto cosmético que antiguamente ya emplearon las mujeres de la aristocracia y hoy siguen usando mucho los asiáticos. 

El pistilo de su flor contiene una elevada concentración de glicano, un polisacárido que propicia la buena nutrición de las células de la epidermis, lo que coadyuva a que la piel se mantenga hidratada, libre de impurezas, suave, clara y rejuvenecida. El azafrán también contribuye a la sanidad del cabello, dejándolo fuerte y brillante, de ahí que hoy muchas mujeres en el Maghreb prosigan realizando prácticas capilares en las que el azafrán cobra protagonismo, como lo tuvo en los imperios griego y romano, donde era usual teñirse el cabello con azafrán, además de perfumarse con él. 

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La flor de crocus sativus, nombre científico del azafrán, es una planta con flores púrpuras, estambres amarillos y tres estigmas rojos.

La flor de crocus sativus, nombre científico del azafrán, es una planta otoñal con flores púrpuras, estambres amarillos y tres estigmas rojos. Frágil y efímera por florecer al amanecer, tiene que recolectarse a mano antes de la salida del sol para evitar que sus estigmas pierdan sabor y aroma por marchitarse la flor rápidamente. Luego de la recolección hay que separar los pétalos de la flor para extraer los estigmas que se tostarán para intensificar su aroma y color, transformándose en hebras de azafrán. Es, por ende, una especia de lujo, artesanía pura que requiere el veloz procesado de 250 mil flores para obtener un kilo de hebras de azafrán. Su alto valor, que alcanza miles de euros el kilo, hace que se le denomine “oro rojo”, un oro al que sus  propiedades de bienestar añaden lustre y valor. 

Nativo de Asia y el Mediterráneo y cultivado a menor o mayor escala en Irán, Italia, Nueva Zelanda, Francia, Grecia, Suiza, Marruecos y Cachemira en la India, son probablemente los azafranales españoles los de mayor proyección internacional. Fueron los árabes quienes introdujeron en España el azafrán durante su dominación de la península ibérica. En La Mancha halló la planta del azafrán un clima y tierras propicios para su cultivo, convirtiéndose, a su vez, en un elemento indispensable de la cultura popular y en un producto de prestigio global, cuya calidad y origen están amparados bajo una denominación de origen protegida, la DOP Azafrán de la Mancha.

Es precisamente esta región el territorio que inspiró la fundación de La Melguiza, una boutique de productos de azafrán ubicada en el centro histórico de Madrid, y la primera marca española especializada en cosmética con azafrán. “Queríamos poner en valor y acercar al mayor número de personas al azafrán español, un producto muy representativo de la cultura y gastronomía nacional. Tenemos el lujo y el privilegio de tener el mejor azafrán del mundo, y el desarrollo de productos nos ha permitido que muchos puedan probarlo sin tener que cocinar con él. Todo lo que hemos hecho ha sido pensando en la tradición, cultura e historia del azafrán de España”, subraya Marta Huerva, creadora de un concepto que rinde homenaje a este producto y sólo emplea azafrán español de alta calidad, tanto ecológico como con denominación de origen, para sus productos de gastronomía y cosmética. 

Entre los productos estéticos y aromáticos elaborados con fórmulas pioneras a base de azafrán La Melguiza tiene una crema reparadora de manos, que deja la piel muy hidratada y reluciente, otra crema facial iluminadora y revitalizante y un bálsamo labial, siendo sus productos cosméticos más populares el serum iluminador, un jabón de argán y azafrán y un champú sólido de romero y azafrán. Todos los productos de La Melguiza son exclusivos y elaborados por pequeños productores, que maceran un poco el azafrán en aceite de oliva antes de añadirlo a los jabones, y realizan infusiones y extractos para las cremas.

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La Melguiza es la primera marca española especializada en cosmética con azafrán.

Las propiedades cosméticas del azafrán inspiraron también a la casa francesa Yves St. Laurent a desarrollar Or Rouge, una selecta y costosa línea de productos antienvejecimiento cimentados sobre el azafrán y su alta concentración de glicanos, un elemento importantísimo en el metabolismo y comunicación entre las células de la piel, que contribuye a la estructura de los tejidos, pero disminuye con la edad, provocando que la piel se deteriore. A través de una correcta combinación de glicanos, Or Rouge  -con cremas faciales, aceites, serums, mascarillas o cremas limpiadoras-, estimula la regeneración de la piel, reduciendo las líneas finas, las arrugas, la pérdida de firmeza y otros signos del envejecimiento. El azafrán del Or Rouge de Yves St. Laurent procede de Marruecos, un país que el fallecido diseñador convirtió en hogar e inspiración, y, más concretamente, de las alturas de la cordillera del Atlas, donde se dice que los pistilos del azafrán que allí se cultiva tienen una mayor concentración de un glicano conocido como crocín, elemento responsable del tono amarillento que el azafrán imparte a la comida.

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Otra casa francesa, L’Occitane, tiene también al azafrán como uno de los protagonistas de Arlésienne, una colección de fragancias que hace acopio de las flores y hierbas cultivadas en la Provenza francesa y que pretende evocar a las mujeres de Arles, llenas de misterio, belleza, gracia y temperamento. La casa italiana Centisia emplea asimismo azafrán como ingrediente en sus cremas regenerantes y leches limpiadoras. Esta renovada popularidad cosmética se une a la actual popularidad del azafrán como ingrediente de bebidas y productos gourmet.

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En La Mancha halló la planta del azafrán un clima y tierras propicios para su cultivo, convirtiéndose en un producto de prestigio global.

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