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La maquillista boricua, Carola González, continúa creciendo entre las estrellas de Hollywood

Con 17 años de carrera, se ha posicionado como una de las favoritas de las estrellas en Hollywood
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La maquillista Carola González cuenta con 17 años de carrera. (Suministrada)
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El día que la llamaron para solicitarle maquillar a Oprah Winfrey la puertorriqueña Carola González se puso tan nerviosa que no pudo continuar la conversación de inmediato. Dijo que estaba entrando a una oficina médica y devolvería la llamada tan pronto saliera.

Esta fue la segunda vez en un año que una de las celebridades que más admira solicitaba sus servicios y ella tenía que “componerse”.  Quería hacer las cosas bien, consultar con su agente, en fin, pasar la emoción del momento para hablar con tranquilidad.

Camino a su cita con Oprah se perdió. Cuando llamó a la persona contacto se impresionó al saber que él sabía justo donde ella estaba. Había cámaras a más de una milla de distancia de la residencia. Este detalle fue suficiente para demostrarle que entraba a un ambiente distinto dentro del ya glamoroso mundo  que había conocido durante su carrera como maquillista profesional en Hollywood, donde la tarifa por un maquillaje para una noche en la alfombra roja puede costar $8,000. 

El encuentro cumplió su propósito. El maquillaje le gustó tanto a Oprah  que se lo comentó a  González. También aseguró que la llamaría de nuevo. Y así fue. Hasta la fecha, ha puesto sus manos sobre el rostro de la estrella   en dos ocasiones. 

Lograrlo no fue tan sencillo. Meses antes,  había tenido que maquillar a la mejor amiga de la presentadora. Ella sirvió como una especie de filtro para demostrarle a uno de los nombres más poderosos en la industria del entretenimiento que su trabajo era bueno.  
“Fue un logro personal. Amo a Oprah. Nunca  pensé que trabajaría  con ella, que la iba a tocar”, explicó González en entrevista telefónica desde Los Ángeles,  donde reside desde que decidió seguir su meta de trabajar con grandes artistas. 

En el competitivo mundo de la industria  de la belleza, la puertorriqueña todavía no ha cumplido todas sus aspiraciones, pero sin duda puede decir que se ha ganado un nombre. Recientemente, obtuvo el  Tym Buacharern Makeup Award durante los Hollywood Awards (para el cual también estaba nominado Sir John, maquillista de Beyoncé).  La revista Hollywood Reporter  la destacó como una de las 25 mejores en la industria. Es la maquillista  personal de Kerry Washington (protagonista de “Scandal”) hace 13 años y entre sus clientes se encuentran Michael B. Jordan, Simon Phillip Cowell y Padma Lakshmi. Además ha maquillado a Alejandro Sanz, Paulina Rubio, Jennifer Lawrence, Gael García Bernal, Raquel Welch y Rosario Dawson, por mencionar a algunos nombres en su resumé.

González también realiza todo el maquillaje de Washington para las campañas de Neutrogena en las que participa, y es la maquillista oficial de Chanel para Latinoamérica. Desde este rol, su labor  es crear 'looks' con los nuevos productos de la marca para promoverlos entre la prensa y las 'influencers'.  Además, ofrece talleres y promociona la colección en diferentes países de la región.

Descubrir una pasión 
González creció en Santurce. A los 15 años se mudó   y vivió en varios lugares de Estados Unidos. Cuando terminó sus estudios en diseño gráfico se fue a Miami, donde incursionó en el modelaje. Le iba bien frente a las cámaras pero había un fallo: no  le gustaba como se sentía con el maquillaje que otros le hacían, así es que  aprendió a arreglarse ella misma. 

Sin pensar que algún día terminaría por convertirse en maquillista profesional, González había acumulado un impresionante inventario de maquillajes que apenas usaba. Fue con toda esa  mercancía que empezó a practicar las lecciones que iba  leyendo en el libro “Making Faces”, del maquillador Kevyn Aucoin.  

Mientras ganaba confianza aplicando cosméticos a su rostro comprendió algo muy importante que recuerda todos los días antes de acercarse a un cliente: lo importante que es para una modelo o figura del mundo del espectáculo sentirse cómoda con su apariencia para poder transmitir seguridad a las cámaras. González practicó tanto y el resultado de su trabajo era tan bueno que otras modelos empezaron a pedirle que también las arreglara a ellas. La voz siguió corriendo y luego fueron los fotógrafos quienes comenzaron a pedirle que trabajara con ellos. 

Llegó el momento en que si ella no estaba disponible para hacer el maquillaje, muchas modelos preferían cambiar la fecha de su cita para la sesión de fotos. Y ese fue el comienzo del cambio de vida para la puertorriqueña. 
Aunque le iba bien combinando el modelaje con el maquillaje en Miami, González decidió probar suerte en Los Ángeles.

La industria del glamour
La mudanza no fue  fácil. En Hollywood los maquillistas son reconocidos como artistas y  agencias que los representan. Entrar a las mejores es  difícil y sin  ellas es casi imposible relacionarse con los contactos clave para trabajar con los rostros más reconocidos.   

Como en aquel momento  no contaba con un portafolio donde aparecieran muchos rostros conocidos en Los Ángeles, durante tres años tuvo que viajar constantemente a Miami- donde ya  era reconocida- para  mantenerse.
“No conseguía trabajo.  Fui como a 14 restaurantes y nadie me volvió a llamar”, recordó.

El teléfono empezó a sonar cuando decidió que, si de verdad quería desarrollar su carrera, no podía seguir de lado a lado. Tenía que permanecer en Los Ángeles, aunque fuera lo  más difícil.

Fue así que poco a poco empezó a conocer a las personas correctas que quisieron ayudarla y ella no los defraudó. Lo reconoce. Ha tenido mucha suerte. Pero también sabe que sin su determinación nada hubiera resultado. 

Una de las oportunidades más valiosas llegó cuando Gina Brooke, una amiga que había hecho en sus innumerables 'castings' de modelaje y que también era maquillista, le ofreció sustituirla por un año mientras ella se iba de gira con Madonna. Así conoció y comenzó a trabajar con Kerry Washington. 
Ambas se hicieron amigas cuando la actriz estaba en los inicios de su carrera. Cuando Brooke regresó, ella prefirió seguir con la boricua. 

Encargarse de la apariencia de Washington ha sido crucial para González, sobre todo, en lo que respecta a posicionarla como una autoridad a la hora de crear 'looks' para pieles latinas y negras. Y esa es una gran satisfacción para ella. 
 Por eso  trabaja con ciertos talentos jóvenes, tales como la actriz Adria Arjona, la hija del cantante Ricardo Arjona. También embellece los rostros de las actrices Stephanie Sigmand (“Narcos”), Ana de Armas (“Blade Runner 2049”) y Natalie Martínez (“CSI:NY”).  “Le dije a mi agente que quiero trabajar con latinos, esa es mi gente y es mi cultura”, resaltó González.

Lecciones y futuro
Durante 17 años de carrera, algo clave para alcanzar sus metas ha sido manejar las inseguridades que pueden surgir cuando se compite con los mejores. 
Aprender a creer en ella y en su talento, sin perder la humildad, no  pasó de un día para otro. Costó lágrimas y decepciones. 

La que recuerda de inmediato ocurrió cuando se cumplió uno de sus sueños: un día el teléfono sonó y al otro lado de la línea estaba un ayudante de Alicia Keys. 
“Me viajaron a Nueva York y  no sé qué me pasó que cuando la ví, se me olvidó maquillar. Me fui en blanco”, recordó.

En medio de esa sensación de impotencia que nunca  había experimentado, González hizo lo mejor que pudo. La maquilló sin poder demostrar  lo que realmente es capaz de hacer con un par de brochas y algo de color. Al otro día, sí pudo maneja r la tensión y aunque logró lo que quería, piensa que la primera impresión ganó.    “Me fui súper triste”, contó. 

Sin embargo, asegura que “todo pasa por algo”. Cree que esa experiencia fue necesaria para crecer y  estar lista  cuando llegó la otra llamada  para maquillar a Oprah. 

Con esa actitud de aprender a ser mejor aunque no todo salga perfecto, González continuará trabajando en su presencia en las redes sociales que están cambiando rápidamente la manera de sobresalir en la industria porque los 'influencers' hacen nombre sin tener que tocar tantas puertas. 

También aspira a tener algún día su propia línea de maquillaje. Atender el teléfono ya no solamente como maquillista sino como empresaria creadora de una marca. 

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