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El amor urgente

Es necesario asegurarnos de que los que están alrededor reciban un abrazo, que sepan que son queridos, amados, que pertenecen y son necesarios.
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No existe tal cosa como demasiada ternura en un momento como este; ni demasiada inspiración, introspección o poesía. Hace falta una avalancha de abrazos y espacios para expresar vulnerabilidad. Hay que mantener el corazón cuerdo cantando, haciendo música, escribiendo, cocinando, pintando, sembrando, meditando... así, en gerundios, porque es la conjugación verbal de las cosas que están vivas.

Se derrumba un sistema de materialismo y consumismo desenfrenados en el cual solíamos vivir endrogados de tereques y conceptos sin sentido, de los cuales derivábamos un limitado sentido del ser. Van quedando las almas desnudas y empapadas de lágrimas que mojan la tierra siempre fértil y lista para ser nuestro sustento. Estamos listos para germinar, crecer y dar fruto sin tregua: la revolución de las semillas que rompen la brea.

Necesitamos, más que nunca, darnos ánimo, no desde la crítica severa, sino desde la gentileza absoluta que reconoce y respeta profundamente nuestro derecho a la dignidad y a ser nosotros mismos.

Es necesario asegurarnos de que los que están alrededor reciban un abrazo, que sepan que son queridos, amados, que pertenecen y son necesarios; que aunque se nos desmoronen algunos lujos, el trabajo, el negocio, e incluso el techo que nos cobija, nos salvemos la vida entre nosotros; nos tenemos y nos queremos. Que no nos dé vergüenza decir “me siento así” o “necesito ayuda”. Que todos sepan dónde hay un plato de comida para compartir la esperanza. 

Hay que mantener la puerta del corazón abierta para escuchar al espíritu que nos habita y darle alas a las palabras que puedan alentar a los demás.

Quizás sea mucha la tentación de adormecerse comiendo y viendo televisión, acaso buscando una varita mágica para la depresión. Eso quizás nos aísle por un rato, pero tampoco nos dejará germinar bajo el Sol. La tristeza no se irá con ningún hábito adictivo, pero podría comenzar a disiparse si desciframos qué necesitamos verdaderamente y nos conectamos con otro que sufre igual que nosotros. Salimos adelante junt@s.

Atravesamos un momento histórico; se nos descascara la arrogancia sutil de que éramos un país “diferente” al resto de lo que creemos son “esas repúblicas pobres de América Latina”. Y qué bueno. Abramos los ojos a nuestra realidad geográfica y política, a una nueva riqueza que no depende de un mercado volátil; sino que esté basada en nuestra dignidad y conexión con la Tierra.

Ojalá aprovechemos este momento para sacudirnos la falsedad y las aspiraciones limitadas de que somos importantes según la carrera que tengamos, la marca del carro que guiamos o de la ropa que vestimos. Valemos porque somos y no por lo que tenemos. 

Es absolutamente indispensable mantener el contacto con la conciencia que nos mueve, fijar un ancla interior para regresar a ella cuando las cosas se pongan difíciles. Si sucumbimos al desasosiego, la turbulencia o la división, porque somos human@s, entonces regresemos al amor propio tan pronto nos demos cuenta. Si no sabemos cómo ser gentiles con nosotr@s mism@s, podemos practicar respirar durante varios minutos con mucha suavidad, como si se posara una mariposa en la punta de nuestra nariz y no queremos espantarla.

Esta gentileza no es insignificante; contiene la capacidad de recargarnos y fortalecernos para seguir pariendo un país nuevo.
Hay gente que me ha preguntado cómo pueden ayudar. Aquí les dejo un directorio con más de 130 organizaciones sin fines de lucro (http://www.fondosunidos.org/Espanol/Impacto/directorio.asp). 

También existe una línea de ayuda en el número 211 que conecta a las personas con los servicios que necesitan. Sea para pedir ayuda o para ayudar, agarra el teléfono. Conéctate. El amor verdadero es el que sana. Y se hace urgente.

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