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Una rendición sin agendas

En la búsqueda de confirmación
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La vida me dio apenas unos meses antes de dejarme saber que alzaría vuelo de nuevo. Aterricé en Puerto Rico hace un año, tras seis años de viajes y mudanzas como parte de una jornada espiritual y de sanación narrada a través de esta columna desde octubre de 2010. Estaba lista para aquietarme un rato, pero a la misma vez surgía en mí la inquietud de cuál de todas las herramientas que aprendí en las ciudades que habité y visité sería la práctica que compartiría con los demás.

“¿Solamente viajé para contarlo?”, le preguntaba a mi Poder Superior, mi portal hacia la Conciencia Universal que habita y que es todas las cosas. No tenía sentido que, luego de tantos esfuerzos, no compartiera algo directamente con otros más allá del papel y las redes sociales. “¿Cuál es mi servicio para los demás?”, quería saber con ahínco.

La respuesta llegó a través de un email del psicólogo budista Jack Kornfield. Mi información había quedado en su lista de envío tras un taller que tomé con él cuando viví en San Diego. Él y la también psicóloga budista Tara Brach ofrecerían por primera vez una certificación de dos años en “mindfulness” en el Greater Good Science Center, adscrito a la Universidad de Berkeley en California.

“Esto es”, dijo mi voz interior con claridad. Pero aquello parecía una gesta quijotesca, pues no soy psicóloga ni terapista, ni tengo doctorado. Solía ser una periodista de “hard-news” interesada en temas holísticos; estudié yoga y otras técnicas desde el 2004 para poder sanar, y luego he narrado el proceso de superar intensos retos de salud emocional y mental; el entrenamiento de cuerpo, mente y corazón que he recibido de múltiples maestros en diversas partes del mundo. Incluso así, me preguntaba si eso sería suficiente.

Buscando una confirmación, visité un santuario donde podía hablar con mi Poder Superior, y medité en silencio por un largo rato. “¿Cuál es Tu voluntad para mí?”, pregunté. “Vas a atravesar el proceso de solicitud”, escuché. No recibí más información. Así había sido durante gran parte de mi jornada —a cuentagotas—. A veces todavía sentía incertidumbre.

Esa misma Presencia me guió durante el proceso. Ante cada pregunta en la solicitud, escuchaba dentro de mí para responder desde lo que dictaba esa Sabiduría Interior. Al final, entregué unas diez páginas que resumían la jornada de sanación, y en la cual había sido fundamental la meditación mindfulness en la tradición de Vipassana que aprendí de Robert Brumet, estudiante de Kornfield. Relaté también que solicitaba porque esa era la guía que recibía de mi Conciencia. Los documentos que necesitaba se alinearon el día antes de la fecha límite. Luego de enviarlos, me tocaba dejar ir el resultado.

A veces es difícil estar con el silencio entre un capítulo de vida y otro. Me había apegado a la idea de recibir un nuevo propósito de vida, y surgía ansiedad en mí. Le decía a mi Poder Superior: “Sé que sabes mi propósito, ¡entrégamelo!”. Me contraía por dentro, cerraba los puños; quería saber ya. Pero también sabía que empujar el río no funcionaría. Las cosas están listas a su tiempo. En otras ocasiones, me suavizaba un poco y le decía: “Bueno, ¡al menos uno de nosotros sabe hacia dónde voy!”. Sonreía y dejaba ir con más liviandad y humor. Era mi proceso para confiar.

Recientemente, recibí una lección al respecto por parte de una persona a quien auspicio en un programa de recuperación. Me dijo: “Escuché alguien decir la frase ‘ríndete sin agendas’”. Mi mente se detuvo. Sonreí. Me brotó una carcajada de entendimiento. Había tratado de rendirme a cambio de algo, cuando la meta de rendirse simplemente es esa: entregarse.

El mismo día en que escuché aquello, la lectura que tocaba en el folleto de Cuaresma de Unity decía: “No resistencia”. “A medida que entrego mi voluntad a la Voluntad del Uno, soy guiada a la sabiduría divina... Es probable que el acto más poderoso de no resistencia documentado en el Nuevo Testamento sea el de Jesús en el huerto de Getsemaní. El mundo le estaba diciendo que había fallado, que era odiado, perseguido e incomprendido. Tenía miedo y dudas de que su vida tuviera algún significado o impacto. Pero en un simple acto de entrega: ‘...que no se haga mi voluntad, sino la tuya’... fue transformado más allá de la ilusión de separación para unirse con su Padre Celestial. La experiencia de Jesús en Getsemaní representa la clásica batalla entre nuestra humanidad y nuestra divinidad. El lado humano de Jesús quería huir y vivir como un simple carpintero, pero su naturaleza divina le reveló el camino angosto que lo llevaría a la expresión máxima de su poder espiritual”. 

Un día en que no estaba pensando en ello, llegó el email con el resultado de mi solicitud y fue una rendición de agradecimiento. Estaba entre las 325 personas de 15 países del mundo aceptadas para la certificación. Los maestros principales son Kornfield y Brach, y entre los recursos figuran Deepak Chopra, Eckhart Tolle, Kristin Neff, Lama Surya Das, Daniel Siegel, Rick Hanson, Pat Coffey, Teja Bell (Fudo Myoo Roshi), Christiane Wolf, y otros que han sido fundadores de importantes centros de Vipassana, autores de libros significativos en la disciplina, y maestros que llevan las enseñanzas a poblaciones que típicamente no tienen acceso a ellas. Este curso de dos años tendrá tres adiestramientos en persona, múltiples sesiones en línea y será grabado para ofrecer los cursos futuros.

Escribo estas líneas desde el primer adiestramiento en California, sentada en la primera fila frente a Brach y Kornfield, quienes nos invitaron a reflexionar sobre nuestro llamado, anhelo e inspiración para estar aquí. Nos guiaron en una meditación y nos invitaron a escribir en nuestro diario. Lo que salió en mis notas fue: “Hacer la voluntad de mi Poder Superior. Siento que fui guiada hasta aquí por el Sagrado Corazón que me encontró de nuevo en California hace un año y medio, y que ha estado ahí desde el principio de mi vida, aunque no entendiera por completo Su Presencia. Siento que me guió a tomar este curso y me ha ayudado a atravesar todo el proceso de solicitud hasta ahora. Le pido por la inspiración, las destrezas, la paciencia, la asertividad y el corazón para poder estar presente ante todos aquellos que se crucen en mi camino y pasarles estas profundas enseñanzas que pueden aliviar el sufrimiento y sanar”. ¿Cómo puedo ser de servicio a los demás?

En Facebook, 90 días: una jornada para sanar

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