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Cultivando una mente positiva

Recuerdos placenteros pueden ser recursos emocionales para lidiar con los momentos difíciles
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Es posible acumular experiencias positivas y guardarlas en nuestra mente de tal manera que se conviertan en recursos emocionales para lidiar con los momentos difíciles.

Estoy aprendiendo esta lección tras una experiencia dolorosa que viví a principios de diciembre. Ya el 2017 me había dejado retos innumerables. Ahora la Vida me empujaba a zambullirme más profundamente en mi conciencia para rescatar —una vez más— a mi niña interior de las percepciones falsas que aprendió sobre sí misma. Ya era una pregunta constante para mí cómo podía relacionarme con la vida desde la alegría en vez de que mi práctica espiritual se tratara casi únicamente en desvelar eventos ocultos en mi inconsciente y en mi sombra.

Entonces conocí las enseñanzas del neuropsicólogo y maestro de mindfulness Rick Hanson.

Aprendí el mindfulness originalmente desde la práctica de la meditación Vipassana. Se fomentaba que enfrentáramos nuestras experiencias sensoriales, emocionales y de pensamientos desarrollando nuestro propio músculo espiritual, sin apoyos externos. Eso me ayudó hasta cierto punto, pero cuando comenzaron a surgir recuerdos de traumas, permanecer sola con ellos en mi espacio interior traía sufrimiento: a veces sentía que se quemaban mis nervios. Necesité nuevas herramientas: poder ver mis experiencias de manera compasiva. Gracias a la autocompasión que aprendí de la científica Kristin Neff, algunos de los episodios más difíciles que vivió mi niña interior comenzaron a salir de la sombra para sanar. Ese proceso aún continúa.

Nuestro cerebro está programado para nunca olvidar las experiencias negativas que atentan contra nuestra vida y nuestro concepto de nosotros mismos; pero tiende a olvidar fácilmente las experiencias felices o placenteras. ¿Por qué? Cuando nuestros antepasados vivían en cuevas, bajo la amenaza de depredadores o de otras tribus, sobrevivieron aquellos que aprendieron a escanear, anticipar y evitar el peligro. Danzar felices alrededor del fuego era poco importante en comparación con evitar el ataque de un depredador.

Esto nos ayudó a llegar hasta este punto de nuestra evolución, pero no nos hace felices. Pasar demasiado tiempo preocupándonos por cosas que no van a pasar, bombeándonos a nosotros mismos con la hormona del estrés (el cortisol), nos desgasta, provoca ansiedad crónica y depresión. La neurociencia está descubriendo formas de hacer conexiones en nuestro cerebro de manera que nos sintamos más plenos y felices en vez de esperar lo peor todo el tiempo.

El neuropsicólogo Rick Hanson descubrió esto cuando estaba en la universidad. Su familia de origen había suplido casi todas sus necesidades, con excepción de las conexiones amorosas. Hanson se consideraba una buena persona, pero dice que andaba por la vida con un hoyo en su corazón. Entonces, comenzó a darse cuenta y a apreciar, a propósito, cada vez que alguien tenía un gesto amable hacia él o lo incluía en algún evento. Cuando sentía ese agradecimiento, permanecía con él en su mente e intentaba alargar la sensación de bienestar que le producía la experiencia positiva. Se percató de que esto lo ayudaba a llenarse de recursos positivos internos que lo apoyaban a su vez cuando enfrentaba los momentos difíciles de la vida. 

Hanson descubrió intuitivamente algo que la neurociencia ha confirmado: las neuronas que se disparan juntas, se conectan. El cerebro automáticamente crea vías neuronales, o avenidas de información, basadas en cómo superar experiencias difíciles, pero descarta las experiencias positivas rápidamente. Por lo tanto, para poder crear vías neuronales que recuerden e “instalen” las experiencias positivas, hay que tener el hábito de “permanecer con” y “alargar” la sensación de bienestar de las experiencias positivas que tenemos. El ejercicio sería: 1) Tener una experiencia positiva 2) Disfrutarla 3) Hacer que la sensación de bienestar nos dure en nuestra mente y nuestro cuerpo para que se “instale” en nuestro cerebro.

Esto no significa que vamos a ignorar o a escapar de algo negativo que necesitamos sanar. Tampoco implica que vamos a negar emociones importantes como, por ejemplo, el duelo. Pero podemos aprender a darnos cuenta de cuándo nuestra mente polariza automáticamente hacia lo negativo, buscando resolver problemas donde no los hay, y activamente buscar una experiencia positiva que llene nuestro tanque emocional de bienestar. Podemos tomar unos segundos adicionales cada día para dar un abrazo más largo, acariciar a nuestra mascota, detenernos a disfrutar la luz del Sol o hacer una lista de las cosas que agradecemos. Podemos “instalar” esa experiencia en nuestro cuerpo y nuestra mente, al alargar el tiempo que la disfrutamos. Con nuestro tanque de bienestar lleno, tendremos más recursos para enfrentar retos, en vez de manejar nuestras dificultades utilizando hábitos adictivos.

El duelo de la experiencia que tuve en diciembre aún está ahí, pero ahora comienza a convivir, y a ser absorbido por, mi tanque de experiencias de bienestar.

Desde hace meses sentía que mi próximo paso era poder relacionarme con la vida desde la alegría sana, pues pasé toda mi década de los 30 años sacando a la luz aspectos de mi sombra y sanando mi oscuridad. Las enseñanzas de Hanson me están dando esta nueva perspectiva de alegría y serenidad. Dicen que cuando el estudiante está listo, el maestro aparece.

En Facebook, 90 días: Una jornada para sanar

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