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El realismo de la esperanza

La realización espiritual de poder darse cuenta del regalo que son lo ordinario y la normalidad
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Me paré frente a la tetera y sonreí. Escucharla sisear y chisporrotear después de cuatro meses era como oír la fanfarria de una superproducción cinematográfica. Toqué el calientito de su constitución metálica, y cuando se apagó, me serví la taza, derramándose también por todo mi cuerpo una efusión de ‘¡gracias!’. Lo mismo con la secadora, el horno y, lo que sentía como la gloria de todo el confort humano: una ducha con agua caliente.

La realización espiritual es poder darse cuenta del regalo que son lo ordinario y la normalidad. Dar las gracias por la cotidianidad ha sido  importante para hacer una transición entre lo que viví y lo que vivo. Ya no doy por sentado que los enseres eléctricos, los establecimientos y la gente amada van a estar ahí. Saber que son un regalo me brinda satisfacción. Me da la perspectiva de que los tiempos difíciles pasan. Pero ojo, esta técnica de agradecimiento no es un escape de la realidad, sino un próximo paso hacia una nueva normalidad. Es agradecer las cosas que sí funcionan sin negar el panorama crítico. El acoger ambos escenarios y saber que, pese a todo, sí nos movemos hacia adelante en pequeños pasos, es parte de desarrollar resiliencia, adaptabilidad y motivación. Hay circunstancias fuera de nuestro control, pero podemos entrenar nuestra mente para sobrevivir con cordura.
            
Ana Forés, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona, menciona que, tras una experiencia colectiva extremadamente difícil, “lo más importante es vivir la normalidad”. Podemos desarrollar resiliencia contando la historia de cómo estábamos antes de los huracanes, durante la emergencia y cuál es nuestra perspectiva de futuro.

“Hay un trabajo también muy favorecedor de la resiliencia, por ejemplo, si son niños más pequeños. Dibujan su casa antes del huracán, su casa durante y cómo se imaginan su casa después, y ese es un ejercicio del realismo de la esperanza; situar en ese momento, pero también situar que hay un futuro, y ahí dibujar cómo ellos quieren esa casa... Les ayuda a trabajar la resiliencia de manera muy sencilla”, dijo Forés, quien participó en el evento NeuroEdu, organizado por el Instituto de Neurociencia Cognitiva.
            
Forés abundó: “Muchas veces lo que hacemos es no hablar del tema. Entonces, para hacer un proceso de resiliencia, para que no haya trauma, lo que se tiene que hacer es renarrar la historia (de cómo era antes, cómo es ahora y cómo será después). Los pequeños, su manera de renarrarlo, a lo mejor es un dibujo o puede ser bailando, cantando; poder contar la historia dándole un sentido y darle esa perspectiva de futuro”.
            
Aunque hayan transcurrido varios meses, es posible que [email protected] sientan que la emergencia no ha pasado. Como parte de mis cursos de certificación de mindfulness, he aprendido que los eventos traumáticos pasados viven en nuestros tejidos. Esto no es una sentencia, si no el reconocimiento de que nuestro cuerpo y cerebro guardan memoria de momentos difíciles para sobrevivir en el futuro. Algunos podemos sentir ansiedad si hay otro apagón o llueve durante muchos días. No es culpa de la persona y tampoco es debilidad: es una respuesta normal para una situación anormal. Es natural que el trauma sane cuando estemos [email protected] para mirar el dolor, pero quizás necesitemos desarrollar recursos internos, tales como preparar un espacio interior que pueda acoger al dolor; una presencia amorosa y segura dentro de [email protected] [email protected]
            
Durante los días más difíciles de la emergencia, cuando no pude meditar, practiqué la autocompasión según la aprendí de Kristin Neff. Ponía mi mano sobre el corazón y respiraba: “Esto que vivo es muy difícil. Muchos estamos pasando por esta experiencia. Merezco acompañar mi dolor de manera compasiva”.
            
La autocompasión no remueve el dolor, pero lo acompaña, y el efecto secundario es el alivio.  He tomado tres cursos con Neff; el más reciente fue en febrero. Le pregunté qué hacer si, meses después de haber vivido un desastre natural, algunos experimentamos síntomas de estrés.             Explicó que los síntomas de trauma en tal situación son normales. Abundó que es normal para los meditadores longevos pensar que podemos “aguantar el golpe”, y podríamos olvidar ser amables con [email protected] [email protected] Para esto, recomendó: “Podrías decirte: ‘Esto es demasiado para mí en este momento’”, y realizar alguna actividad de autocuidado que ayude a separarte un poco del dolor intenso, pero hacerlo conscientemente, sabiendo por qué se está tomando un descanso de mirar el dolor. De esa manera, “te estás proveyendo a ti misma mindfulness y autocompasión”. “Si llegan síntomas de estrés postraumático, (preguntarse), ‘¿necesito protegerme un poco ahora mismo? Es cierto que, mientras más procesemos las cosas, seremos más capaces de sanar, especialmente si podemos sentirlas con una presencia amorosa y conectada. Pero, si te sientes abrumada de alguna manera, entonces lo que estás practicando es sentirte agobiada. Usa tu sabiduría. Nadie puede decidir por ti conscientemente cuánto de esto vas a procesar”, continuó. “Si es trauma, hay que ir bien suave. Deja que tu cuerpo sea el que guíe lo que puedes manejar mientras lo estás experimentando. Lo mejor que puedes hacer es ser amable contigo misma y sentirte segura”, concluyó.

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