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Amar lo peor de ti

“Nuestro cerebro siempre está intentando descifrar el mundo para sobrevivir, evitar sufrimiento y alcanzar más felicidad”
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Cuando vemos a una mariposilla de luz estrellarse inevitablemente contra una bombilla o la llama de una vela, no se nos ocurre pensar que se odia a sí misma y quiere morir. Tal vez pensemos que ese comportamiento tiene un propósito vital, pero la mariposilla se ha confundido. Encontramos la manera de explicar la atracción fatal.

Cuando nosotros, u otra persona, actuamos de maneras autodestructivas, ¿podríamos pensar que quizás ese comportamiento haya tenido un propósito vital, pero nos hemos confundido por un momento?

Tim Desmond, psicoterapeuta y maestro de “mindfulness”, explica que la evolución de las especies no tendría sentido a menos que la motivación de todos los seres vivos sea evitar el sufrimiento y prosperar de alguna manera; encontrar algún tipo de felicidad o satisfacer alguna necesidad. Sin embargo, a veces ese impulso vital no sabe cómo lograr esto y se confunde. Desmond explicó que nuestra naturaleza más profunda tiene la aspiración de sufrir menos y crear más bienestar. Y cada parte de nuestra mente está hecha de esta energía.

“Si podemos ver esto, tanto en nosotros como en los demás, llegamos a la compasión más fácilmente. Si veo que esa parte que no me gusta de mí, o esto que no me gusta de ti, está hecho de una energía de vida y que todo lo que quiere es evitar sufrimiento, satisfacer necesidades y no sabe cómo... Si puedo ver que todo lo que quiere un ser vivo es no sufrir, ser feliz y no sabe cómo, y que todos tenemos eso... Si puedo ver eso en mí y en ti, entonces la conexión es más fácil”, dijo Desmond, orador en el Quinto Simposio Internacional de Neurociencia y Mindfulness del Instituto de Neurociencia Cognitiva.

Nuestro cerebro siempre está intentando descifrar el mundo para sobrevivir, evitar sufrimiento y alcanzar más felicidad. Toma decisiones basadas en los modelos que configura sobre el mundo, fundamentados en experiencias pasadas. “Tienes un cerebro que está constantemente tratando de descifrarlo todo y nunca lo va a lograr”, puntualizó.

Sin embargo, hay una parte de nosotros capaz de darse cuenta de nuestro comportamiento: el observador que atestigua nuestra experiencia humana, y cuya presencia desarrollamos mediante la observación de la mente de manera compasiva. “Aquello que ve eso (el intento de descifrar el mundo) como algo universal, que ve eso como la condición humana, abre tu corazón y puedes ver la belleza de un animal que quiere ser feliz y que nunca va a saber qué hacer en cada situación. Eso nos permite relacionarnos con nuestras mentes, con nuestras experiencias... ¡No se supone que lo descifremos todo! ¡No se supone que tengamos todas las respuestas! Se trata de aprender a amar eso acerca de nosotros, de aprender a no estar dentro de ello, sino de dar un paso atrás y ver cómo ocurre, tal y como decir: ‘Oh, eso es hermoso. Ahí voy yo, igual que los demás. Quiero ser feliz y no sé cómo. ¡Mírennos!”.

La buena noticia es que podemos desarrollar esa parte de nosotros que se da cuenta de nuestras estrategias humanas. Podemos entrenar nuestra mente para sentir lo que está vivo en nosotros justo en este momento. Observamos con mucha atención, pero no con rigidez, sino con amabilidad y compasión. Esto es “mindfulness”.

Desmond narró su propia experiencia. Hace tres años su esposa recibió un diagnóstico de cáncer terminal. Cada vez que van al médico a recibir resultados, Desmond observa sus emociones: “Lo primero que siento es una voz en mí que no acepta las cosas como son: ‘No. Esto no es aceptable’... Me veo atrapado en mi propio coraje y miedo, así que me siento a escuchar a esa voz, porque es lo que está vivo en mí. La escucho. (Le digo): ‘quiero entenderte; ayúdame a ver tu naturaleza verdadera y cómo es que estás tratando de evitar sufrimiento y encontrar felicidad’. Y la voz en mí dice: ‘No quiero perderla’. Yo no trato de cambiar esa voz de inmediato, no le digo que deje de desear lo que quiere. Le permito estar ahí, la acojo de manera compasiva (le digo): ‘Ok. No quieres perderla. ¡Por supuesto que no quieres perderla! Está bien. Puedes desear eso’. Y de repente, encuentro un poco de claridad y veo que aún no he perdido a mi esposa. Ahora mismo, en este momento, está justo aquí conmigo. Estamos tomados de la mano y, ¡qué pérdida de tiempo es estar enfadado sobre algo que no ha ocurrido todavía! La única razón por la cual tengo coraje ahora mismo es que no quiero perderla, cuando, ¡ella está aquí mismo! Este momento no es para estar triste, sino para estar agradecido. No me digo a mí mismo que (el coraje) no es espiritual y que debo callarme la boca. Escucho lo que está vivo en mí con apertura y con un deseo de entender y, mediante ello, incluso el sufrimiento más profundo puede convertirse en conexión y compasión”.

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