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La ecuanimidad del mar

Algunas técnicas para anclarnos en el momento presente si es desafiante mantener la atención en la respiración
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Estabilizar la mente y el corazón usando la respiración es una enseñanza universal en muchas tradiciones espirituales. La respiración es el ancla más accesible y está disponible todo el tiempo. Cuando meditamos, es importante entrenarnos para tener un ancla. El ancla es aquello que utilizamos para traer la mente de vuelta al momento presente una y otra vez, pues es normal que se distraiga.

Por lo general, la respiración es la primera técnica de anclaje que aprendemos cuando comenzamos a meditar. Tratamos de sentir el hilo de la respiración en la nariz, en la tráquea o en los pulmones. Esto es sencillo para algunos, pero hay otros que no pueden enfocarse en ella con facilidad, y esto también es normal. Meditar no es una competencia para ver quién llega primero a calmar su mente, sino un proceso de apoyo mutuo para que todos los participantes puedan aprender a estar presentes ante su experiencia, cada cual a su ritmo.

Cuando comencé a estudiar Vipassana/mindfulness con Robert Brumet en 2011, su instrucción más repetida era: regresa a la respiración, regresa a casa. Nos alentaba a no controlar la respiración, sino a observarla tal y como era: corta o profunda, ansiosa o calmada. Si teníamos dificultades anclándonos en la respiración, nos invitaba a prestar atención a los sonidos a nuestro alrededor.

Concentrarme en la respiración me daba ansiedad, pero usar los sonidos como ancla fue muy fácil: el abanico, el aire acondicionado, los enseres eléctricos. Aprendí a usar el sonido de los carros en la autopista que estaba cerca de mi apartamento, y el tren. Ahora, cada vez que pasa un carro frente a mi casa, automáticamente mi diafragma se expande para respirar más profundamente. Es como un botón de reinicio: una campana de mindfulness con la cual mi mente se entrenó.

Luego conocí a Chan Huy, un maestro vietnamés de la tradición de Thich Nhat Hanh. Sus versos repetidos para respirar despertaron más estabilidad en mí: “Inhalo y sé que estoy inhalando. Exhalo, y sé que estoy exhalando”. Además, estaban acompañados por el sonido profundo y alargado de una campana de mindfulness y de una pausa prolongada. Fue más seguro respirar.

Cuando comencé a estudiar mi certificación de mindfulness con Jack Kornfield, él explicó que alrededor de un 20 por ciento de los estudiantes probablemente tendrá dificultad anclándose en la respiración. Quizás tengan padecimientos de ansiedad, asma u otra dificultad. En tal caso, podríamos invitarlos a anclarse en los sonidos. Comprendí mi travesía a través de la meditación y la respiración. No había nada erróneo conmigo. Había padecido ataques de ansiedad en el pasado, y simplemente era más desafiante utilizar el aliento como ancla.

Entonces conocí a Valorie Beer, una maestra de soto zen del San Francisco Zen Center en California, quien ofreció un retiro en Puerto Rico en abril. Explicó que la práctica es como ver las olas del mar. “La ola sube y luego baja”, decía, al tiempo en que unía sus manos suavemente como la cresta de una ola y luego las separaba. “No puedes atrapar la ola”, enseñó, mientras gesticulaba como para agarrar el aire con sus manos. Era su ejemplo de lo que hacemos cuando tratamos de aferrarnos a una realidad fluida que eventualmente pasará.

“La respiración es como el océano, como la ola”, enfatizó, y nos alentó a ver la respiración como un ancla fluida y flexible, como una boya. ¡Finalmente lo entendí! Yo había intentado que la respiración fuera un ancla firme y fuerte, como la soga que ata un barco al muelle, cuando ello no es posible. En vez, aprendí a ver pasar una experiencia tras otra regresando a un ancla flotante una y otra vez.

Las palabras de esta maestra acompañaban una enseñanza que ella impartía desde su práctica misma, desde su presencia, sus palabras y acciones: en su forma de caminar, de llevar a cabo los rituales y servir a los participantes del retiro. Ese día comencé a escuchar el océano dentro de mí. Valorie me enseñó a respirar desde su propia práctica, y con ello, me mostró también una práctica viva de ecuanimidad: aceptar las subidas y bajadas de la vida con un poco más de paz. 

Y si se me olvida, como sugirió ella, voy a la playa. Regreso a la ecuanimidad del mar.

 Algunas técnicas para anclarnos en el momento presente si es desafiante mantener la atención en la respiración

1. Poner una mano en el abdomen y seguir el movimiento ascendente y descendente del diafragma.

2. Mirar las manos.

3. Concentrarnos en la planta de los pies.

4.  Prestar atención a los sonidos.

5. Preguntarnos q ué nos ayudaría a estar presentes, y encontrar nuestra propia ancla.

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