Loader

La guagua cósmica

“Meditar desarrolla nuestra intuición: el cerebro que tenemos en las tripas; lo que nos envía acorazonadas, advierte de peligros o susurra que tomemos una acción”
Photo
  • Compartir esta nota:

Todo comenzó tras concluir un retiro en silencio de siete días en Spirit Rock, California. Una de las maestras me dijo que las lecciones que yo buscaba solamente estaban disponibles en DVD. Pero ya no tengo DVD. Me aseguró que una máquina me costaría apenas $30 y, de inmediato, una compañera del retiro sacó $30 de su cartera y extendió su mano. Miré los billetes y la miré perpleja: “Yo puedo comprarla, no te preocupes”. Pero me puso el dinero en la mano y no lo aceptó de vuelta. Minutos después, cancelé mi espacio en el transporte que nos llevaría velozmente al aeropuerto, pues quería visitar el puente Golden Gate. El coordinador se incomodó porque la tarifa ya estaba acordada, y el resto del grupo tendría que pagar los $25 que me tocaban. Pensé que lo justo era pagarlos yo, aunque no me montara. Con una sonrisa, le di $25 de los $30, y pensé: “Es como si ‘Alguien’ ya lo hubiese sabido...”.

En la librería de Spirit Rock, encontré “por casualidad” una figura específica del Buda que buscaba. La vi cuando regresé a la tienda por un artículo olvidado. Me senté a almorzar bajo un árbol junto a mi Buda, pensando que el Uber me iba a salir caro, pero parar en el puente era necesario. Justo entonces, pasaron por allí otras dos compañeras de retiro; una de ellas estuvo en Puerto Rico meses antes. Hablamos de María y nos conectamos gracias a esa experiencia. Sin pedirles nada, me ofrecieron pon. No podrían dejarme en el puente, pero sí en una estación de autobuses en San Rafael, y saldría más barato que el Uber. “Si no hubiese olvidado el artículo, ni encontrado al Buda, no tendría pon”, pensé. Ya en la estación, tardé en buscar la guagua porque debía terminar de almorzar; así funciona mi recuperación. Temí que el transporte se fuera, pero me quedé tranquila. Había estado siete días en silencio y no podía ajorar a mi cuerpo y mente. Terminé de almorzar y busqué la guagua. “Casualmente”, el autobús que me tocaba estaba esperando.

Tras visitar el puente Golden Gate, pregunté en el centro de visitantes cómo llegar al aeropuerto. ¡La primera parada estaba justo detrás del edificio! El autobús 28 llegó en menos de cinco minutos. Mientras nos abríamos paso por la ciudad ataponada, me sorprendió mi tranquilidad. Sabía que la guagua llegaría a donde yo necesitara. No tenía que hacer nada, solo mirar el paisaje. Todo estaría bien.

¿Qué me había dado aquella confianza? Las palabras de Mary Grace Orr, una de las maestras del retiro. Contemplábamos el mindfulness del cuerpo según una antigua enseñanza budista específica, y Mary Grace enseñó sobre su dimensión cósmica. Desde que ocurrió el “Big Bang”, el estallido que dio inicio al Universo hace 14 mil millones de años, las partículas que componen los trillones de galaxias, sistemas solares, estrellas, planetas, lunas y asteroides han viajado, uniéndose y desuniéndose, tomando forma y disolviéndose... incluyendo los elementos que forman nuestro cuerpo. Al contemplar en meditación profunda, veo a mi cuerpo —una cápsula humana que me transporta por el cosmos— como agua (sangre, linfa), aire (pulmones, oxígeno, movimientos de expansión, contracción, vibración), tierra (hierro, hemoglobina, calcio, huesos, etc.), fuego (temperatura, la electricidad que hace latir el corazón, la energía que digiere alimentos)... Veo cómo estos elementos vienen y van. Mis alimentos se convierten en mi cuerpo por un rato y luego se van. Cuando muera, el cuerpo volverá a ser elementos y, ¡se convertirá en otras cosas! Flores, árboles, vapor, nubes. ¡Somos una danza de elementos! “Algo” los pone a bailar juntos.

Ese día comprendí lo que me había dicho mi mentora de Vipassana/mindfulness: “El Dharma va a protegerte”. El Dharma significa las enseñanzas, pero también la manera en que funcionan las cosas... El Dharma ha llevado el curso de las cosas desde el principio, si es que hubo un principio. Si el Dharma ha guiado cada partícula del Universo, ¡entonces me llevará a donde tenga que ir! Solo tengo que preguntar cuál es la guagua, montarme y dejar que me lleve.

Aprendí de mis [email protected] de Vipassana/mindfulness que confiar en el Dharma es un ejercicio de experiencia. No confiamos por fe, sino por la experiencia de situaciones anteriores: “Algo” nos protegió; el conflicto se resolvió; superamos la dificultad. La Vida nos ayudó a crecer. Afinamos nuestra sintonía con Eso que hace danzar las cosas cuando meditamos. Meditar desarrolla nuestra intuición: el cerebro que tenemos en las tripas; lo que nos envía acorazonadas, advierte de peligros o susurra que tomemos una acción.

 El autobús 28 llegó a la última parada, una estación del tren BART en San Francisco. Tenía que ir al baño y pensé que perdería el tren que llegaría en cuatro minutos. Pero cuando subí al andén, el tren estaba esperando. Llegué, otra vez, a la última estación: el aeropuerto.

Cuando regresé a Puerto Rico, sentí curiosidad. ¿Funcionaría la guagua cósmica aquí, o aquellas “coincidencias” ocurrieron solo en San Francisco? Anduve sin carro un jueves. Tras salir de una cita médica en Santurce, me senté a almorzar bajo un árbol. Luego caminé a la parada, y había gente esperando. Necesité ir al baño, y cuando regresé, ¡la guagua estaba llegando! Pasé por la Universidad del Sagrado Corazón, y cuando terminé mis gestiones, llegué a una parada en el vestíbulo del edificio Barat Norte. ¡Allí estaba la guagua hacia la estación del Tren Urbano, esperando! Llegué a la estación y me tardé poniéndole dinero a mi tarjeta, pero al subir las escaleras, el tren estaba allí, ¡esperando!

  • Compartir esta nota:
Volver arriba