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Les llaman “daddy issues”

Es imposible no enfrentarse y reflexionar en torno a la figura del padre cuando nos unimos a un diálogo en contra del patriarcado
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A los cementerios no acude la misma cantidad de gente con llantos y flores en el Día de los Padres, que en el Día de las Madres. Se llenan menos, va menos gente. Me lo comentaban el otro día y basta echar un vistazo por uno que otro campo santo para confirmar que es posible que sea tendencia esta observación. No ocurre esto porque no hayan padres extraordinarios, ocurre porque en una sociedad patriarcal donde la mujer queda subyugada —no importa cuántos avances se alcancen— la figura del padre, tan directamente asociada al poder, no puede más que ser una figura conflictiva. Lo he vivido, lo he confirmado en incontables entrevistas y lo he estudiado. Es muy difícil escapar de esta realidad. No se puede ser feminista, luchar en contra de una sociedad patriarcal, insistir en torno a los beneficios para todos de una sociedad igualitaria, sin —en algún momento— tener que confrontarse de frente con la figura del padre, sea el propio o el padre como un concepto. Construir mundos nuevos, siempre lleva a reconstruir el mundo propio.

La idea de un cementerio menos lleno de flores en el Día del Padre no me hace particularmente feliz, sobre todo porque sentencias como machista y macharrán, nos sirven en ocasiones para nombrar las cosas por su nombre, pero no necesariamente para estrechar puentes de alianza entre los señalados. Y yo quisiera eso. Aspiro a eso. Sueño con eso. Incluso, sería capaz de conformarme —en esta etapa de la conversación— con que me respetaran aunque no me entendieran. Y digo esto porque en lugar de hacer fiesta porque la figura del padre es conflictiva e incómoda, esa imagen del cementerio a medio llenar, o esa otra de hijos e hijas para quienes ese día significa principalmente un recordatorio de abandonos o violencias, nos debería invitar a reflexionar sobre el por qué de todo esto. (A estas alturas no debiera hacer falta la aclaración, pero aquí va. Sí, también hay madres que abandonan y maltratan, pero la historia de la humanidad y sus claras estadísticas dejan más que claro que es la figura del padre la que está mayoritariamente vinculada a estas experiencias y por lo tanto la que está en conflicto).

A las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres que nos rebelamos contra el padre nos acusan de tener “daddy issues”. A los hombres que no asumen una masculinidad que complazca las exigencias de su figura o figuras paternales, también será cuestionado. Conozco a muy pocas mujeres adultas que, en alguna etapa de su vida, no hayan tenido que hacer las paces o repensar su relación con sus padres. Y yo veo todo eso a mi alrededor y no me queda más que pensar en que, algo debemos estar haciendo mal, porque esta conversación no camina hacia delante. Sí, hay cada día más hombres evolucionados y conscientes que entienden que participar de la crianza de sus hijos y de las tareas del hogar no es “una ayuda a su compañera”, sino una responsabilidad compartida. Hay hombres aliados que aprovechan sus condiciones de poder para encaminar las carreras profesionales de mujeres talentosas.

La lista de triunfos es larga. Hemos adelantado muchísimo. De eso no hay duda, pero en la intimidad del hogar, nos falta ese entendimiento profundo de que muchas de las acciones que nos provocan los mal llamados traumas con el padre, o “daddy issues”, tienen que ver con que los hombres también son víctimas del patriarcado que les diseñó un único modelo de masculinidad que hoy día les encarcela. Muchos se quedan ahí, es su único mundo conocido y no saldrán de él, porque el terror a vulnerarse es más fuerte que su voluntad de trascender. Pero hay otros que querrán hacerlo y ahí está la posibilidad de la alianza. Ése diálogo es íntimo y difícil y doloroso. Pero necesario, incluso cuando fracasemos en más de un intento.

Dejemos de pensar que cada caso de violencia doméstica es un caso aislado, que cada violación es un caso aislado, que cada asesinato entre dos hombres jóvenes de una ganga es un caso aislado, que el acoso sexual laboral es un caso aislado. La raíz es la misma. Los puntos se conectan solos. Si queremos que la memoria de nuestros hombres florezca en ramilletes tras su muerte, tenemos que empezar en casa buscando alianzas. La mayoría nunca va a entendernos, pero podemos enseñarles a respetarnos. Un paso a la vez, pero caminemos por favor.

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