Loader

¿Mujer Maravilla?, no gracias

La expectativa de que las mujeres alcancemos grados de perfección en todos los renglones del desempeño humano nos obliga a crearnos expectativas irreales
Photo
  • Compartir esta nota:

No somos pocas las mujeres que en algún momento de nuestras vidas, o incluso en la actualidad, nos hemos jactado de nuestra amplia capacidad de hacer más de una cosa a la vez. “Soy experta en multitasking”, escucho a mujeres de todo perfil una y otra vez. Yo misma lo he dicho en más de una ocasión. Pero tengo malas noticias. Si existe una aseveración falsa e imposible, es precisamente esa.

La mente no puede estar en dos lugares a la vez. Neurológicamente es un imposible. Tu atención puede saltar de una tarea a la otra, pero mientras conduces el auto y atiendes una llamada de negocios, tu mente está concentrada en la carretera o en el negocio. No importa si llegas sana y salva a tu destino. No lo digo yo, ya quisiera. Lo dicen los entendidos y entendidas en el funcionamiento del cerebro, tanto desde la ciencia como desde otras áreas como la meditación.

La famosa frase que argumenta orgullosamente que “podemos caminar y mascar chicle a la vez”, fracasa en su defensa de la idea. Masticar y caminar, son actividades que el cuerpo hace en piloto automático y salvo circunstancias específicas (una muela doliente o una acera peligrosa) rara vez concentramos nuestros pensamientos en la muela que aplasta la goma de menta y el pie que va enfrente del otro hasta lograrnos trasladar de un lado a otro. En fin, aunque vivimos en una sociedad cada vez más distraída, la mente puede bregar con una cosa a la vez. Y esto no tiene por qué ser algo negativo.

Uno de los grandes problemas que vinieron con la entrada de la mujer al mundo laboral (logro que hay que seguir celebrando y defendiendo día a día) fue la creación de nuevas expectativas, casi siempre irreales. La idea de que la mujer puede ir a trabajar, siempre y cuando la casa (es decir, el trabajo de administración del hogar) esté en perfecto estado, ha terminado convirtiéndose en una segunda jornada laboral para la mayoría de las mujeres que trabajan fuera del hogar. A esto se suma el peso de la llamada labor emocional que suele recaer en las mujeres: cuidar enfermos, estar atentos a las celebraciones familiares como cumpleaños, vacaciones, actividades dominicales, coordinación de fiestas, estar atentas a las citas médicas de todos en casa, comprar el regalo para el cumpleaños del amiguito de la escuela, no olvidar las postales de agradecimiento o de Navidad, el regalo de la maestra al final de año escolar, o la botella de vino para el compañero de trabajo que se muda de país; en fin, atender además la salud emocional de la familia y muchas veces, incluso, de los compañeros de trabajo.

Hay que reconocer también que para muchísimas mujeres, estas tareas representan, no necesariamente una carga, sino una satisfacción que viene del hecho de sentirse útiles, así como de un profundo compromiso y amor por el servicio. Ahora bien, esto no significa que no podemos insistir en la búsqueda de mayores balances en la casa, en el trabajo y en todos los aspectos de la vida. Jactarnos de hacer una cosa a la vez y hacerla bien y en paz, puede ser mucho más poderoso que vivir con una carga tan amplia a cuestas. No hay por qué asumir que ésa es la única manera de vivir o de ser una mujer en el siglo XXI.

Si me preguntan a mí, no me interesa ser la Mujer Maravilla, a menos que el título venga con los mismos súper poderes. Reconocer y respetar el trabajo del hogar, el trabajo emocional, como espacios distintos al aspecto profesional, son también formas de construir mayores espacios de equidad. Lograr el balance, ése sí es un súper poder.  

  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba