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Preguntas incómodas

Cada Navidad ocurre el mismo interrogatorio: ¿Cuándo te casas? ¿No piensas tener hijos? ¿Ya tienes novio? Es tiempo de aprender y educar con amor acerca de lo que estas preguntas significan para una mujer
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La escena se repite sola. En cualquier lugar, cultura o país, la misma cosa. Sobre este tema se ha escrito hasta la saciedad. El archivo de anécdotas es infinito y aún, al día de hoy, todas tenemos que lidiar con el mismo interrogatorio cuando vamos a una fiesta familiar —o a veces hasta de amigos— durante el periodo festivo. Y si además eres una mujer joven y soltera, —o mayor y soltera, da igual— serás objeto del más intenso escrutinio sobre tu vida privada. Serás expuesta, sin un ápice de discreción, al bombardeo de preguntas. Entonces, hay que seguir escribiendo e insistiendo.

Son las mismas de siempre: ¿Qué por qué no tienes novio? ¿Qué cuándo te casas? ¿Qué no piensas tener hijos? A éstos cuestionamientos siempre les siguen los consejos que, aunque vengan a veces cargados de buenas intenciones, no han sido solicitados. Que si te maquillaras más y fueras al gimnasio, seguro consigues novio; que si ya el tiempo de parir se te está pasando, que si vas a morir vieja y sola, que tener una familia propia es lo mejor del mundo, que nunca vas a conocer el amor verdadero hasta que tengas hijos, que le estás dedicando demasiada atención a tus estudios o a tu carrera o a tu pasión y se te va a ir el tren. Lo que pasa es que el tren no se va, tú guías el tren y lo llevas a donde quieras. O mejor aún, el tren eres tú y te mueves a la velocidad que tú decidas. No es fácil entender esto y asumirlo cuando todas las señales a tu alrededor te dictan lo contrario.

Ante este escenario repetitivo, lo primero es entender de dónde vienen estas preguntas. Por un lado, las bien intencionadas, vienen del deseo que pueden sentir tus familiares y amigos de verte “feliz” y para ellos, las únicas ideas de felicidad posible son aquellas que se alinean con lo que los constructos sociales existentes determinan como tal. Anhelar algo diferente es rompedor y provoca grietas y fisuras en el tejido social que somos. O lo que es lo mismo, se teme a la diferencia. Es una afrenta. Por el otro lado, las preguntas de este tipo en tono mal intencionado —por lo general cargadas de cinismo y hechas en un estilo acosador— se fundamentan precisamente en ese deseo de mantenerte en el redil. Que nadie se salga de la línea. Que otro mundo y otra vida no es posible, insisten.

Las primeras es bueno responderlas en un tono cándido y honesto. Al estilo: “Entiendo claramente que pienses que lo mejor para mí es ser madre, entiendo tus temores y dudas, pero soy consciente de las implicaciones de mis decisiones y estoy feliz y en paz con ellas. ¿Prefieres celebrar mi felicidad o hacerme sentir incompleta? Estoy segura que la primera, así que cuento contigo”.

Ahora, si soy sincera, las segundas no merecen tanta prudencia. De hecho, ameritan una autodefensa de la que no debemos sentir vergüenza. Digamos algo así: “Tu comentario es hiriente y pasa juicio sobre mi persona. Identifico tu cinismo y no me hace gracia. Hay muchas formas de ser mujer y experimentar la plenitud en la vida. Te agradecería de todo corazón que no lo hicieras más. Ah, y por cierto, una pregunta: ¿Si pudieras hacer algo distinto en tu camino de vida, lo harías? Por favor no me respondas a mí, respóndete a ti”. Así, con una sonrisa, mucha elegancia y un gran punto final dicho con la mirada.

Es Navidad y es hermoso estar en familia, hacer las paces con nuestras raíces familiares, con aquello que amamos de nuestra tribu pero sobre todo con aquello que no nos agrada tanto y hemos dejado atrás. Y si bien la intención no es incomodar a nadie, es importante como parte del proceso de asumirnos como la mujer que queremos ser, encontrar las palabras precisas para educar con amor y con respeto. No existe un modelo de mujer. No existe un único tipo de plenitud y en este momento histórico nos toca reivindicar estas decisiones más que nunca. Ninguna de nosotras —y de nosotros— tiene por qué sentirse inadecuada simplemente por escoger un camino de vida distinto al que la sociedad impone. Parece una obviedad, pero esas preguntas clásicas que surgen en estos encuentros, nos reafirman que hay que insistir sobre ello. Así que, con amor, corazón, respeto y paciencia, en esta Navidad: a preguntas necias, respuestas claras.

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