Loader

De efluvios y recuerdos

Un ejercicio para retar la memoria olfativa
Photo
  • Compartir esta nota:

El otro día leí un artículo sobre perfumería -un tema que me apasiona- en el que la autora invitaba a hacer un ejercicio para retar la memoria olfativa. Ella se remontó al Nenuco azul y al Anais Anais de Cacharel. Por mi parte, en ese espacio libre de la inmaterialidad, entre el cielo y el suelo (¡a lo Mecano!), mis neuronas conectaron en viaje directo y sin escalas con dos potentes efluvios. Los que siempre me hacen recordar a mi madre: Bal A Versailles de Jean Desprez y First, de Van Cleef & Arpels.

El frasco de Bal A Versailles reposaba en un cofre de terciopelo gris pálido, con borde dorado que, una vez abierto, revelaba la delicada pieza de cristal, redondeada, con una etiqueta ilustrada que aludía a la grandeza palaciega, acorde con su nombre. Habían tres damas. Una de rosa, en primer plano, con mangas largas de bombacho y tocado que parecía una aureola de santidad, otra de violeta y una más, al fondo, ataviada de azul cielo. Luego supe que se trataba de un cuadro de Fragonard y que este perfume francés, introducido en 1962, resultó un clásico instantáneo. Sus primeras notas llegaban afrutadas. A limón y mandarina, combinada con flores como el neroli, rosa de Bulgaria y la bergamota. Pero su corazón latía con la densidad de un oriental. Jazmín, ylang ylang, almizcle, vetiver, en la nota media. Sándalo, cedro, vainilla, ámbar, benjuí y bálsamo de tolú en su base dominante. ​

Photo

 Por supuesto, resultaba una mezcla bastante madura y oscura para una niña, pero es que a eso olía la dama más glamurosa que yo conocía hasta el momento. La misma que yo quería imitar. Además, si era una fragancia para la reina María Antonieta, con sus magníficos vestidos y pelucas altas -antes que le cortaran la cabeza en la revolución francesa, según lo aprendí de la Enciclopedia Salvat, la que vendían en Supermercados Pueblo- ¿cómo no lo iba a querer para mí?

De la obsesión con la corte de Luis XIV, pasé a la de las joyas. Es que este era, sin duda -y literalmente- el perfume de un joyero. Riesgo importante para su época. (Sin embargo, otras casas de joyas como Cartier, Boucheron y Mauboussin no dudaron en seguirle y también, con enorme éxito). Presentado en sociedad en 1976, esta fragancia de la familia olfativa floral, producto de la nariz de Jean Claude Ellena, me sedujo de una con su salida de mandarina, frambuesa y melocotón. Con un corazón de nardos, jazmines, jacintos, rosa turca, ylang ylang y narciso, entre otras. Además, un indiscutible fondo de miel, vainilla, musgo, roble, ámbar, almizcle y vetiver… Ya se advierten las coincidencias. Otro clásico extraordinario que para usarlo, requiere tener personalidad. Aparte de que pasaba el rato embelesada por el diseño de su botella, que corrió a cargo de Jacques Llorente. Retoma la forma del pendiente oval “Valencienne”, el más célebre de la marca.

En mi estuche de memorias olorosas no recuerdo el Nenuco. Sí el Jean Naté amarillo de Revlon (sobre todo cuando tenía alguna cortadura y cualquier gotita se escurría por ahí). Pero una cosa es cierta, mi amor por el perfume viene de cuna. Y no ha hecho otra cosa sino multiplicarse con el tiempo.

Photo
  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba