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Una rosa es una rosa

¿A qué huele el 2017? A rosas, también.
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Cuentan que 30,000 botellas de agua de rosas se enviaban anualmente al califato de Bagdad desde Persia como tributo, que la diosa Afrodita la había escogido de aroma propia y que los que construyeron las mezquitas en Bagdad mezclaban agua de rosas en el cemento para que cuando les diera el sol, se esparciera la fragancia por todos los alrededores.
Si esto último es cierto o no, quién sabe, pero de lo que sí puedo atestiguar es que todavía en varios de los hoteles de lujo en los Emiratos Árabes, como en el Kempinski Mall of the Emirates de Dubái, en la famosa Sheikh Zayed Road, los ascensores, aún los panorámicos de cristal o vidrio, tienen una especie de construcción alargada que se llena de agua con cientos y cientos de pétalos de rosas. ¿De qué color? Rosa pálido y rosa intenso, por supuesto. De manera que cada viaje -hacia arriba o hacia abajo- está difuminado por una embriagadora esencia. Y la fascinación no solo pervive en el mundo árabe, en las industrias de bebida -en Irán, por ejemplo, también se le agrega al té- y perfume, también recuerdo mi primera visita a Bulgaria y los puestos en las calles surtidos con mermelada de pétalos de rosa embotellada en toda suerte de potecitos, hasta en los de comida de bebé.

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De hecho, como Bulgaria es el mayor productor mundial de aceite extraído de la rosa, la encuentra de protagonista en chocolates y pasteles. Inclusive, le dedican un festival anual a principios de junio, en el cual los visitantes pueden recoger flores en los inmensos rosales próximos a la ciudad de Kazanlak, visitar fábricas caseras de destilación del aceite de rosa y hasta acudir a catas de productos comestibles elaborados con tan fragante ingrediente. He leído que en su zona principal de cultivo al centro del país, en época de cosecha, más de 2,000 personas trabajan recogiendo ¡a mano! cada rosa. No sé tú, pero yo me apuntaría, seguramente es todo un espectáculo. (Así, tendría material para otra crónica de olores para enviársela a mi profesora de periodismo, Norma Valle, después que me fue tan bien con el ejercicio que le entregué del Paseo de Río Piedras).
Además, la confitura de pétalos de rosa sobre tostadas de pan caliente o combinada con helado, es un gusto muy afrancesado, que no te quede duda. Porque para muchos, la rosa sigue siendo la reina.

¿Y si te preguntara a qué huele el 2017? A rosas, también. Y no se trata de una simplificación rosita de las condiciones políticas y económicas que vive la humanidad, sino que en la industria de la perfumería, la rosa está en boga y es protagonista de muchos de los lanzamientos más esperados, especialmente en esta temporada de primavera-verano.

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Pero no temáis, no es el olor empolvado de la abuelita, sino una rosa empoderada, moderna y distinguida. Como la que percibes en EB Florals Sultry Rose Eau de Parfum, Ex Nihilo Devil Tender, À la rose de Maison Francis Kurkdjian, Velvet Rose Eau de Parfum de Dolce & Gabbana, exclusivos de Saks Fith Avenue.

También prueba Armani Privé Rose d’Arabie de Giorgio Armani, Sa Majeste La Rose, de Serge Lutens, Rose Absolue de Annick Goutal, Opus X de Amouage (ojo, esta casa maravillosa tiene sede en Omán), y dos de mis favoritos: Cafe Rose, de los “Private Blends” de Tom Ford y el perfume Rose Oud By Kilian. Como diría Gertrude Stein, aunque posiblemente refiriéndose a otra cosa: una rosa es una rosa.

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