Loader

Abrazar el dolor

Mostrar tu fragilidad en un momento de vulnerabilidad es un espacio que te mereces y no hay nada en esta vida que pueda invalidar lo que humanamente te afecta
Photo
  • Compartir esta nota:

Al contemplar nuestra propia existencia tenemos dos historias que contar: la que está en nuestro corazón y la otra, la que nos forzamos a que esté en nuestras cabezas. Son muchos los momentos en que nos encontramos entre dos aguas porque sentimos y pensamos de una manera y terminamos callando o diciendo algo que no va de la mano con nuestra realidad. 

En algún punto de nuestra existencia nos quitamos el permiso de decir lo que verdaderamente sentimos. Por temor a pensarnos débiles, por cargo de conciencia, por no incomodar, por no parecer egoístas o por pavor a no encajar en esta sociedad que injustamente nos ha metido en la cabeza que hay que ser perfecto y es mandatorio estar feliz y sonriente todo el tiempo. 

Pues no, en ningún lugar está escrito que tienes que estar con una sonrisa prístina 24/7. 
No te conviertas en tu más fiero juez culpándote por vivir en la verdad. Tener altas y bajas es una constante en la existencia. La vida es dura y compleja para que te hagas más daño recriminándote. Mostrar tu fragilidad en un momento de vulnerabilidad es un espacio que te mereces y no hay nada en esta vida que pueda invalidar lo que humanamente te afecta. 

La mayoría de las personas está en constante búsqueda de herramientas para manejar sus tribulaciones y se enfrentan a la adversidad de diversas maneras. Ninguno tiene la respuesta absoluta y lo que le funciona a uno puede no ser de utilidad para otro. 

Cuántas veces al manifestar algún dolor o disgusto has recibido como consejo “mira a tu alrededor para que veas cuánta gente hay en peores circunstancias”. La respuesta inmediata de la mayoría es “disculpa, es verdad”. Lo cierto es que esa sentencia no le trae consuelo a nadie porque tu pesar es tu pesar y no tiene nada que ver con el de los demás. No tienes por qué disculparte, eres perfectamente consciente de que hay muchísima gente que está en peor situación. Eres agradecido y cuentas tus bendiciones en cada respiro. Eres empático con el prójimo y si está en tus manos eres el primero que ayuda. No te entierres en la falsa culpa de que tu reflexión es superficial, porque no lo es, es tuya. Por derecho propio te pertenece y te mereces darte el respiro que provoca ventilar lo que te inquieta.
Eres humano y no reprimirte es vital para una buena salud mental. Si dejas que lo que arrastras se vaya acumulando, eventualmente, una a una de estas situaciones te pasará factura y te arriesgas a caer en un pozo profundo. El dolor no atendido se enquista y se clava en el alma.

Cada persona tiene sus demonios y aprender a vivir con ellos solo se consigue cuando los aceptas, entiendes y abrazas. Sé sincero contigo y permítete estar triste, frustrado, cansado y decepcionado. Al hacerlo no estás renunciando a la búsqueda de soluciones y respuestas, ni significa que te quieras quedar en ese punto para siempre.

Liberarte es seguramente la mejor manera de acumular fuerzas para seguir. No te castigues por equivocarte o por haber tomado una decisión desafortunada. Esas experiencias contribuyen a tu evolución como individuo. Acéptalas por lo que son y piénsalas como un escalón a un mejor entendimiento de tu yo. 

En una sociedad que defiende sus derechos con uñas y dientes empieza por quererte, solo así aprenderás a querer de verdad. Elegirte no es ser egoísta es un acto de supervivencia y de buscar ser mejor persona con los demás, pero sobre todo contigo. 

  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba