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Luz en la adversidad

La fuerza que trae el enemigo
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Tener un enemigo es importante 
no solo para definir nuestra identidad, 
sino también para procurarnos 
un obstáculo con respecto al cual medir 
nuestro sistema de valores y mostrar, 
al encararlo, nuestro valor…”. 
Umberto Eco


Los enemigos ponen a prueba la entereza, la fortaleza y los principios que nos definen. No dejan de atacar y morder y basta que te estés levantando un poco para que aproveche el rabillo de debilidad que tu franqueza deja ver para que te vuelvan a dar un golpe. Su camaleónico comportamiento hace que se vistan y aparezcan como y donde menos uno se los espera. Y aunque todos tenemos nuestra colección de demonios en este momento tenemos uno en común. 

El antagonismo ha secuestrado nuestras vidas y nuestro espíritu. María nos ha presentado una realidad que quizás no se nos había mostrado de forma tan contundente. Ser una sociedad tan acostumbrada a la gratificación inmediata ha trastocado nuestra escala de valores. Con esto no quiero decir, nada más lejos de la intención, que no tengamos derecho a quejarnos y que el que otro esté peor que uno no es consuelo. Ya lo he dicho en el pasado, nada puede invalidar el dolor personal (Abrazar el dolor). Obviamente somos conscientes y sentimos empatía con el pesar de otros, pero soy fiel defensora del derecho propio a manifestar la incomodidad que nos carcome y ciertamente en estos momentos estamos en constante fastidio e irritación. Nuestra vida nunca ha sido sencilla, pero sería iluso e hipócrita decir que todo no se ha intrincado mucho más. Las citas positivas y los hashtags no son suficiente para librarnos de este hastío y de este desafío en el que se ha convertido nuestro día a día.

La resaca de este fenómeno es un rival que minuto a minuto saca a la luz esa sombra que habita en nosotros. Evaluar nuestro temple y sabiduría al medirnos ante ellos es uno de los motivos por los que existen y entre las muchas cosas que traen en su saco de trampas está el de estrujan en la cara la verdad que muchas veces se prefiere obviar.

Sin embargo, no dejemos que la frustración, impotencia y engorroso estado nos lleve a protestar y atacar viciosamente las fracciones más simples de esta compleja ecuación. No seamos injustos y caigamos en la trampa del adversario mayor convirtiéndonos nosotros en el que ataca a quien menos culpa tiene. Esta conducta nos pondrá a luchar contra nosotros mismos y no tardaremos en descubrir, si ya no lo hemos hecho, que el contrincante más fiero y cruel al que te enfrentarás jamás eres tú. 

A pesar de que hemos podido observar muestras de la generosidad que caracteriza a este pueblo, también tristemente hemos visto un lado de tremenda penumbra. Nosotros somos un microcosmos en este espacio y nuestra conducta repercutirá en los demás. La falta de civismo y de consciencia, que parece haberse legalizado, se ve en la carretera, se lee en las redes sociales, se huele en el miedo a la noche y se escucha en el aire.    
El cansancio y la escasez no es excusa para dejar el urbanismo y la solidaridad tirados en cualquier rincón. No nos enfrasquemos en la pequeñez de la discusión frívola porque hay cosas más importantes y urgentes que atender. 

Nuestra cólera debe redirigirse y aprovechar el impulso que nos ha dado ese rival para detener lo inaceptable. En estos cuarentaitantos días nos han mentido, nos han faltado el respeto, nos han robado, nos han traicionado y han querido insultar nuestra inteligencia y, eso duele. Estábamos, como pueblo y como individuos, frágiles y estamos y lo estaremos por un buen tiempo. 

Utilicemos esta época de supervivencia para crecernos, conocernos y evaluarnos. Observémonos para saber que luchamos por lo justo, para potenciar nuestro tesón e integridad y así como colectivo, darle un poco de luz a la tiniebla que se ha apoderado de nuestra Isla. 
cuentoque@gmail.com

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