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En cada esquina una Tachi

Son muchas las personas y refugios que con afán buscan darles voz a los animales desprotegidos víctimas de dueños negligentes
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Esta es Tachi. Apenas llegaba a las cuatro semanas de vida cuando alguien la tiró en una curva de una carretera de un pueblo montañoso del centro de la Isla. Se le cruzó en el camino una noche de lluvia a un amigo que tiene por costumbre detenerse en diferentes puntos para darle comida a la decena de perros realengos que se va encontrando durante el viaje. Criaturas hambrientas, heridas, maltratadas que en algún momento pertenecieron a algún hogar en el que se les prometió una vida digna.

Tachi resultaba ser demasiado pequeñina y vulnerable para dejarla atrás. Entripada, ella lo miraba atemorizada y recelosa mientras él trataba de calmarla. La envolvió en una toalla para secarla y calentarla y se la llevó. Estabilizarla y conseguirle un hogar fue su plan original, pero la chiquita caló en el alma de su rescatista quien después de ponderar variantes optó porque su hogar fuera el de ella.

El desenlace de esta historia no necesariamente se repite todo lo que debería o quisiéramos los que amamos a los animales. Para los que hemos conocido la pureza e incondicionalidad del cariño que un perro es capaz de regalarte a cada instante, no debe haber otro final.

“Son tantos que uno a veces no sabe ni qué hacer. Los quiero salvar a todos, pero no se puede”. Le he escuchado decir con frustración a rescatistas que hacen malabares para conseguir ayudar a la mayor cantidad posible.

Este sentimiento de impotencia se ha agravado en estos pasados meses. La situación con los animales abandonados, como en muchos otros temas, se ha agudizado después del 20 de septiembre.

Llevo muchos años apoyando a rescatistas y en el último tiempo las historias de dos de ellas me han estrujado el alma. No pueden hacer más de lo que hacen y sinceramente no sé ni cómo lo hacen.

Cada caso que documentan en las redes sociales es más cruel que el anterior. Las he visto llorar de rabia cuando recogen cachorros con la piel comida por la sarna, perros mutilados, golpeados y víctimas de todo tipo de vejación.

En más de una ocasión no llegan a tiempo para salvarlos. Los cargan, les susurran al oído la promesa de una vida mejor, los atienden, sanan y les devuelven la fe, esperanza que se traduce en el desenfrenado batir de sus rabitos. Las dos han optado, en la mayoría de los casos, por enviar sus rescatados a Estados Unidos o Canadá donde los “puertorrican terrier” gozan de mucha popularidad.

No obstante, no se desconectan, le dan seguimiento a cada uno de sus “niños”, exigen evidencia de que están bien atendidos y que son queridos.

Como ellas son muchas las personas y refugios que con afán buscan darles voz a los animales desprotegidos víctimas de dueños negligentes.

Lamentablemente en un país como el nuestro, con tantas crisis, estos no son prioridad. Está en los que sí consideramos que es un tema relevante denunciarlo y apoyar a los que con sacrificio hacen una diferencia.

Las circunstancias de vida se han alterado y esto ha obligado a muchos a tener que dejar sus mascotas atrás. No soy quién para juzgar una decisión como esta. Particularmente pienso que jamás lo podría hacer.

Lo que sí condeno es que la única solución sea dejarlo tirado en una esquina, abandonarlo en una casa vacía o amarrado en un campo baldío. Hay opciones más justas y definitivamente menos crueles.

Antes de abrirle la puerta de la casa a una mascota se debe estar claro que se está asumiendo una gran responsabilidad. Son criaturas que dependerá de ti por los próximos 10 a 20 años y que pasará a ser parte del núcleo familiar. Hay que alimentarla, sacarla a pasear, llevarla al veterinario, atenderla, educarla, entrenarla, esterilizarla y, sobre todo, darle mucho amor.

Un perro no se tiene para tenerlo abandonado o amarrado en un patio. Ni tampoco es desechable. Merece todo tu amor desde el primer día hasta el último de su vida.

PD: Aquí hablo mayormente de los caninos porque el maravilloso y sigiloso terreno felino es un tema para otra columna.

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