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El tiempo de las cosas

Hay gente más elástica que otra y que a fuerza de tropiezos han aprendido a caerse, gritar, llorar, levantarse y buscar la próxima ventana para abrir en busca de algo nuevo en que crecer
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“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena”, Jorge Drexler

Sigilosamente diste pasos para colocarte en la puerta de esa oportunidad. Lo ensayaste en tu mente una y otra vez. De una idea difusa fuiste moviendo fichas para acá y para allá para llegar hasta ella. La trabajaste con ahínco, la amasaste hasta darle forma en tu imaginación. Te viste ahí en ese momento, lo visualizaste, lo respiraste, pero ahora solo es aire.

Con incredulidad ves cómo se esfuma, cómo se te resbala de las manos, cómo se convierte en nada. Exasperante, en este punto, te resulta que el destino se inmiscuya en tu conversación mental para dejarte saber que no es tiempo para ella.

Te la mereces, piensas, vocalizas y le increpas a ese intruso. Probablemente sí, todos nos merecemos que de vez en cuando la vida nos obsequie con caminos de nubes para recorrer y disfrutar. Senderos que nos dirijan a lo que soñamos. Sin embargo, a pesar de la validez de estas cavilaciones, tu coraje no cambia la realidad, tu sueño en este momento no es tuyo, le pertenece a un todo que por alguna peculiar razón aún no alcanzas y puede que no llegues a él nunca.

En ese momento tan frustrante queda muy lejano el consuelo de frases como “algo mejor vendrá” o “no era para ti”. Luego de la rabia no queda otra que despertar y moverse. El tiempo de la reconciliación con la verdad lo determinará la madurez y la magnitud de lo no alcanzado.

Contribuye también la capacidad de rebote que se tenga. Hay gente más elástica que otra y que a fuerza de tropiezos han aprendido a caerse, gritar, llorar, levantarse y buscar la próxima ventana para abrir en busca de algo nuevo en que crecer. Aunque la experiencia ayuda a ver pronto esa otra persiana por la cual asomarse, es humano que sientas una gran frustración y que te carcoma la duda de lo que pudo haber sido.

Dicen que el que persevera alcanza, pero aun la perseverancia tiene su fecha de caducidad. Quedarse ahí intentando abrir esa puerta que no se abre no es saludable. Permanecer inmóvil y abrumado en el afán de lo que no es te enfermará, te cegará y no verás cuando algo distinto que merezca la pena te pase por el lado.

Tomar distancia y dejar ir ese trabajo que no cuajó, esa amistad que se esfumó o ese amor que resultó pasajero te colocará en una posición de ventaja para apreciar lo que vendrá. Hazlo y verás cómo se asoma ese otro amor que sí te hace sonreír, cómo llega ese trabajo que te ayuda a crecer, cómo aparece esa oportunidad que te hace brillar o cómo encuentras el momento y la fuerza para decir aquello que ayer, por nervios, callaste.

cu[email protected]

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