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“Esto” así sin nombre

“Somos mucho más que un envase joven, firme y hermoso. Esto no nos define. Somos fuerza, astucia, inteligencia, bondad, solidaridad y corazón”.
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Le hemos entregado nuestra vida al consumismo y a la comercialización. Sin darnos cuenta nos vemos involucrados en un pulseo constante en el que casi siempre ellos triunfan. Todo tiene que tener un nombre y un apellido. Todo tiene que traer una literatura que explique qué es y cómo se usa. Todo tiene que tener un objetivo claro. Todo es presa de una conceptualización que poco tiene que ver con la realidad.

El poder que ejerce en nosotros es significativo y nos empuja a etiquetar a las personas y también las cosas más íntimas de nuestra vida. Nuestra posición en el núcleo familiar, en el trabajo, en el ocio y en las relaciones humanas y amorosas. 

“Es mi novio”, “mi compañero”, “mi marido”, “mi amante”, “mi mejor amigo”. Es tal la necesidad de encajonar los afectos que hasta hemos creado una sección para colocar lo que no es tan sencillo definir, por ejemplo, los “amigo con privilegios”. 

Conozco relaciones que en determinado momento toman un giro que nadie entiende o que no engancha con las categorías predeterminadas de clasificación. A veces cuando alguien, con incredulidad, pregunta por el epíteto que la acompaña los involucrados tartamudean tratando de explicar lo que no tiene o no debe tener explicación. Es tan poderoso este afán que en algunas instancias logran sembrar la duda en los protagonistas y en silencio se preguntan ¿qué es esto?, ¿esto estará bien? La seguridad regresa cuando se reafirman en que el motor de “esto” es el amor.

A esa tabulación le añadimos esa expectativa de lo que nos han hecho creer que debe ser una relación. No creo que haya nadie que esté leyendo estas palabras que no sepa que esto se le escapa a la realidad. Sin embargo, tropezamos y volvemos a caer en la tentación de repetir el patrón que ya sabemos está destinado a fracasar. Peor aún invertimos una energía valiosísima en tratar de enderezar algo que es imposible arreglar. No porque esté mal, es sencillamente que la naturaleza de las personas es como es y no como queremos que sea.

Ese ideal de perfección se manifiesta en una estética y pasión que en algunos casos nos obsesiona. Luchamos contra la vida misma por mantener lo que sin duda el paso del tiempo arrebatará. Quien te quiere con honestidad y verdad te va a querer no importa qué. Incluso, si ese no fuera el caso y de su boca saliera consecuentemente comentarios que socavaran tu valía, huye, aunque duela. Ese ser no merece ni un minuto más de tu tiempo. Somos mucho más que un envase joven, firme y hermoso. Esto no nos define. Somos fuerza, astucia, inteligencia, bondad, solidaridad y corazón. 

Esas son las relaciones que triunfan, esas en las que la esencia es lo que los unió y fortaleció. Esas que se crecieron en la adversidad y en los momentos más oscuros. Esas en las que lo único que las marca y cuya única inscripción es amor.  
 

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