Loader

Gracias: la palabra mágica

“Uno aprende de todos los que se nos acercan, aunque sea para distinguir lo falso de lo verdadero”
Photo
  • Compartir esta nota:

Cada día trae su propio afán. Cuando despertamos, poca idea tenemos de si este nos traerá en sus horas luz o sombra. Es así de inevitable, por eso es imperativo aprovechar al máximo cada momento, cada paso y cada encuentro. El trajín, el estrés, el día a día y las obligaciones casi nos ha convertido en autómatas y sin querer somos agendas andantes. Todo está programado, hasta los ratos de ocio tienen su espacio predeterminado. Poco espacio hay para la espontaneidad porque siempre hay algo urgente que resolver. Hasta que un día nos percatamos de que el tiempo se nos hizo nada. 

Disfrutar lo que nos llega es una de las maneras más nobles de reconocer la grandeza del universo, haber abierto los ojos esta mañana, estar vivos. Amanecer con la palabra gracias en los labios es un susurro que sale del corazón, una de las herramientas más poderosas que tenemos, es un rayo de luz que rebota en la inmensidad del universo y regresa a ti. Y aunque este acto es completamente espiritual hay maneras más terrenales y cercanas de ponerlo en práctica.  

Si lo dudas, piensa en la satisfacción que te produce que alguien se te acerque y te diga “gracias a ti y a tu apoyo conseguí esto”, “aprendí aquello”, “entendí lo otro”. Estas palabras tienen la capacidad de, en ese preciso instante, darle un giro completo a lo que estás viviendo. Me conmueve grandemente cuando me encuentro con alguien y con naturalidad me dice frases como estas.

Lucho por no olvidar a todos aquellos que de una u otra manera me dieron la mano para llegar a donde estoy hoy. Cada vez que puedo o cuando sorpresivamente llegan a mi mente no dudo en dejarles saber lo importantes que han sido para mí.

Por otro lado, existen relaciones que se desgastan y se enturbian por razones que a veces uno no comprende. Incluso en ellas rebusco en los archivos de la memoria para encontrar ese momento, ese gesto por el que debo estar agradecida. Con mayor o menor esfuerzo, pero siempre se encuentra ese detalle, porque uno aprende de todos los que se nos acercan, aunque sea para distinguir lo falso de lo verdadero.

No permitas que, por estar enterrado en el celular, arropado por el agobio, por costumbre o por despiste seas incapaz de reconocer los detalles de otras personas hacia ti. Sé amable con quien te sostiene una puerta, con quien te sirve un café, con quien te cede el paso, con quien te escucha cuando le hablas o con quien te atiende con cortesía. Te sorprenderá la reacción positiva que llega con esa sonrisa y esa palabra mágica, gracias.

Y aunque se ha programado oficialmente un día para dar gracias, el agradecimiento que llega con nobleza, de modo cotidiano, el que surge con naturalidad y profunda sinceridad sin duda alguna tiene mucho más valor, porque la gratitud no debe tener ni día, ni hora, es de todos y es para todos.

[email protected]

  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba