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Tapiz de reflexiones

El cómo te lances a festejarlas no va reñido con el hecho de que, por más decoraciones que cuelgues, esta Navidad invita a diálogos diferentes porque todos en el fondo sabemos que ella no brilla ni huele como otras.
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Comienzo por confesarles que esta última columna del 2017 es la que más trabajo me ha costado escribir. ¿El motivo? En ella quiero decir tanto que no encuentro el camino por el que dirigirme. Mi mente está tan saturada y cargada como los días que han llegado con este almanaque que ya se encuentra en su más raquítico momento. 

Cada año trae su libreto y el del 2017 parece haber llegado de la pluma de un surrealista como André Breton. Igual otros pensarán que parece más obra de Dante Alighieri o de Eugène Ionesco. En cualquiera de los casos las palabras de los tres provocaban y describían confusión y caos. Muchos concurrirán en que este ha sido un tiempo de intrincados desafíos a nivel global. Líderes absurdos, políticas incongruentes, economías frágiles y una naturaleza rebelde y molesta que nos ha recordado que ella es poderosa. Nosotros como un puntito en ese intrincado andamiaje hemos tenido nuestros pesares, y difícilmente podamos toparnos con alguien que de una u otra manera no haya sentido o vivido un embate de relevancia.

Estos doce meses, que para no dejar de ser surrealistas han transcurrido en acelerada parsimonia, están por llegar a su fin. Son fechas estresantes. Todo se siente más. Las distancias se hacen más largas, las incomodidades más evidentes y los excesos se convierten en actores de primera fila.

Celebrar las fiestas ha sido herramienta de liberación para algunos. Sin embargo, para otros el profundo desgaste emocional los ha llevado a optar por la absoluta discreción o por refugiarse en espacios más nobles. El cómo te lances a festejarlas no va reñido con el hecho de que, por más decoraciones que cuelgues, esta Navidad invita a diálogos diferentes porque todos en el fondo sabemos que ella no brilla ni huele como otras. 

Esta es la undécima vez que abro este espacio de intercambio. Y es esta línea que acaban de leer la que me ha hecho pensar en ustedes hoy más que en otras ocasiones. Me daba pesar despedir estos meses de plática con más oscuridad de la que ya lamentablemente nos arropa.

Su confianza y su tiempo ha sido uno de los regalos más hermosos que he recibido en el último tiempo. Junto a ustedes he logrado tejer un tapiz de reflexiones de lo que nos afecta. Todas ellas narraciones cotidianas, reales y tan cercanas como todos los otros conflictos que nos impactan. Valoro, leo y comparto sus comentarios porque ellos son confirmación de que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan.

Son lazos que nos acercan y en ellos he encontrado nuevos hilos con que bordar futuras historias.

Con “Te cuento que…” ha llegado a mi vida gente nueva, he reconectado con otros de los que hacía mucho no escuchaba y he conocido los sentimientos de algunos que están muy cerca.

Y entonces… ¿Cómo retribuir el desprendimiento y credulidad con el que me ha leído? ¿Cómo reconocer que se hayan hecho eco de lo que he dicho? Solo me queda ofrendarles los que nos unió, la búsqueda de lo real.

Por eso de mi parte, envuelto en agradecimiento y respeto, les envío como presente una mirada pura y clara que les permita ver con lucidez:

  • la lección en lo vivido
  • que lo que tuvimos no necesariamente lo tendremos hoy o mañana
  • cómo alcanzar la felicidad
  • dónde encontrar los abrazos
  • el espacio para las oportunidades
  • el derecho a aspirar a algo mejor
  • la manera de llegar a los sueños y las aventuras
  • quiénes son los amigos
  • qué encierra la verdadera sabiduría
  • las respuestas que buscas
  • cuando no queda más que dejarse llevar
  • lo que ayude a sanar
  • la verdad, la fuerza y el potencial que hay en ti.

Un abrazo

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