Loader

Carla's Sweet, un legado en gestación

Su fundadora mira al futuro a través de su motor creador.
Photo
Carla Haeussler Badillo y Carlos Alfredo Pérez Haeussler, madre e hijo, comparten ahora las riendas del negocio familiar. (Jorge Ramírez Portela)
  • Compartir esta nota:

Ella adora el mar mientras él prefiere internarse en los bosques. Es decir, que tienen en común su apego a la madre Naturaleza que los ayuda a recargar energías. Pero, además, esa que da vida a todo unió a Carla Haeussler Badillo y a Carlos Alfredo Pérez Haeussler como madre e hijo y ahora como socios en los negocios. Poco después de que la fundadora de Carla's Sweet viera la luz en los ojos de su primogénito, un antojo posparto de comer merengues se convirtió en el inicio de la empresa a la que hace unos meses se sumó a laborar el primer motor de su inspiración.

Cuando Por Dentro conversó con ellos hace unos días en la planta de producción de Carla's Sweet, localizada en Bayamón, no tenían un plan estructurado para la celebración de este Día de las Madres, sin embargo, su deseo de emprender juntos quedó más que claro. 

Ambos se disfrutaban por igual el mostrar las instalaciones de tipo industrial de la empresa, mientras contaban la historia de su evolución. Carla reveló que su máquina favorita es la que corta en perfectos cuadrados las panacotas que antes cortaban a mano con reglas. Su hijo, quiso enseñar los enormes hornos de unos seis pies de altura en los que se completa el proceso de elaboración de los ya tradicionales antojitos. Carlos “Sweet”, como le comenzaron a llamar sus amistades en la adolescencia, explicó que ya ha ideado estrategias para mejorar, no solo el éxito del negocio de su madre, también la industria completa de “retail” en Puerto Rico.

“Me faltan áreas por aprender, pero como en un mes y medio pude aprender bastante bien la parte de las ventas, los lugares que tengo que ir a visitar y cómo es la dinámica. Hay cosas que uno viéndolas desde acá, desde un punto de vista administrativo, uno dice ‘eso hay que hablarlo con el Gobierno’ o ‘hay leyes que pudiesen hacerse’”, expresa el joven emprendedor.

Haeussler Badillo fue enfática en que respeta mucho la individualidad de cada uno de sus hijos -Carlos (de 23 años), Gabriel (21) y Jean Alberto (18)- por lo que nunca contempló imponerle a ninguno tomar las riendas del negocio. Aun así, reconoce que se sintió “¡bien contenta!” cuando el mayor expresó su deseo de ser parte del equipo de trabajo de Carla’s Sweet. 

“(Que trabajaran en la empresa conmigo) es algo que me encantaría y lo estoy disfrutando ahora en este proceso (con Carlos), pero yo respeto mucho lo que ellos quieren hacer con sus vidas. He visto muchos negocios de familia que se han ido al piso porque los papás han tratado de imponerle a los hijos (el administrarlos) como una obligación. A veces lo hacen porque están presionados o sienten que es una obligación, pero realmente no lo quieren hacer, y en los negocios si no tienes pasión por el negocio no va a funcionar”, plantea Haeussler Badillo.

Pero la realidad es que Carlos mostró interés por los negocios desde edades muy tempranas. Concretamente, estaba en escuela intermedia cuando comenzó a dar los primeros pasos. “Con mi mejor amigo de juventud cogimos una caja llena de unos tamagotchis (juguetes japoneses a modo de una mascota virtual), empezamos a venderlos e hicimos mucho dinero. Esa fue mi primera experiencia como empresario entre comillas”, recuerda. 

Más adelante desarrollaron una línea de camisas que llamaron Maga. “Si hubiese una flor nacional de Puerto Rico esa es la flor de maga. Hicimos dos o tres estilos. Es bien difícil porque necesitas mucho dinero, no puedes empezar ‘from scratch’ y no es costoefectivo hacer poca cantidad de camisas”, comparte sobre esa segunda experiencia.

También trabajó como mesero y obtuvo tres certificaciones como entrenador de CrossFit para adultos y niños. El pasado año quiso explorar un nuevo tipo de industria y estableció un ‘foodtruck’ llamado El Batü que sirve papas y batatas rellenas, así como burritos. “El batü es un juego indígena que se jugaba en el batey. (La idea del negocio) surgió con mi mejor amigo y un tercer socio que es bien amigo de él. Yo empecé todo y los integré. Ahora decidí venderles”, detalla.

Todo eso lo hizo antes de que su madre le propusiera ser parte del equipo de Carla’s Sweet, algo que no había buscado porque quiere trazar su propia ruta.

“Siempre he querido hacer algo mío, ese ego de ‘no, tú no vas a coger Carla’s Sweet y ya’. Siempre lo he dicho. Si vemos lo que he hecho a través de los años, nunca me he quedado en algo estático, siempre me muevo de aquí pa’llá y allá pa’cá. Siempre aprendo cosas nuevas. Nunca me he quedado haciendo lo mismo muchos años, eso es algo que he visto que me caracteriza y es bueno, aprendo de muchas cosas no de una sola casa, tengo una mente más abierta”, señala.

Por ejemplo, su pasión por las actividades de aventura en la naturaleza desembocó en una nueva afición, la de cultivar, y no descarta convertirla también en un negocio. “Poco a poco ya tengo unos cuantos frutales aquí afuera en la fábrica; tengo parcha, guayaba, aguacate, pitahaya, papaya. En casa estoy empezando a hacer un huertito. Tengo amistades que viven en el campo, en Orocovis, y me la paso en el fin de semana en el campo, cada vez aprendo más sobre todo esto, me gusta mucho. Me gustaría no verlo como un trabajo, verlo como que esto es lo que me gusta hacer”, explica.

El mejor ejemplo de que puede llegar a lograrlo lo tiene en casa. Su madre asegura que ha disfrutado cabalmente lo que hace con Carla’s Sweet y, más recientemente, con Carla’s Rosaries, otro proyecto empresarial surgido de una experiencia personal y en la que aplica sus talentos artísticos, heredados igual que su olfato para los negocios. Tal y como relata Haeussler Badillo, tiene influencia empresarial y artística tanto de su familia materna como paterna. “Tuve los dos lados de la moneda (mentalidad tradicional y más rebelde), y en ambos lados había mucha creatividad”, dice. 

Del lado materno, su abuelo cofundó la firma de publicidad Badillo Nazca Saatchi & Saatchi, su madre estudió diseño de modas y estableció Basket Originals, y su tía es arquitecta. Mientras, del lado paterno la empresa de la familia fue Ferreterías Merino, su abuelo trajo a Puerto Rico la primera distribución de los autos Mercedes Benz, su abuela era pintora y fue una de las fundadoras de la Liga de Arte de Puerto Rico, y una tía es ceramista.

Además, de su madre heredó el espíritu de continua búsqueda. “Mi mamá falleció, ahora van a ser cinco años, así que esta fecha es fuerte (se emociona), pero mami siempre estaba inventando algo, o sea que eso lo tengo muy a flor de piel, eso de siempre estar buscando algo que hacer o inventar”, comparte.

Entonces, tanto Carla como Carlos tuvieron a quién salir. Con sus infinitos deseos de hacer, ahora buscan cómo llevar a Carla’s Sweet más allá. “Me gustaría exportar los productos”, establece claramente él. “Hay muchos puertorriqueños que están cogiendo vuelo hacia algunas ciudades de Estados Unidos y me gustaría ver la posibilidad de la exportación, de llevar nuestros productos a donde están viviendo, quizá hasta desarrollar un equipo allá afuera. Eso es un paso que va a necesitar hacer Carla’s Sweet si quiere quedarse aquí 20 años más”, proyecta. Haeussler Badillo dice sentirse tranquila principalmente por un importante valor que reconoce en su hijo. “En mi hijo veo integridad, que para mí es sumamente importante porque es algo que llevo en mi vida tanto personal como profesional. Ver esa cualidad en él me da a mí la certeza y la seguridad de que ese legado que he construido a través de estos 23 años se va a continuar”, declara.

Le recomienda “que no tenga miedo, que sea arriesgado, que sueñe”. “Del cobarde no se ha escrito nada. Que toque puertas, las puertas se abren, pero en caso de que no se abran, tocas otra puerta ¡o la abres tú!”, recalca volviendo a mirar la luz en sus ojos.

Mientras, la mujer, empresaria y madre, que en los pasados meses ha tenido que reducir la jornada laboral y los ingresos de su equipo de trabajo por no ser inmune a las dificultades económicas, le lanzó un reto al País para que sea capaz de seguir dando oportunidades a los jóvenes de hoy y de mañana.

“Me gustaría enfatizar la importancia en este momento histórico de Puerto Rico de auspiciar los productos que se hacen en Puerto Rico. Es vital porque sin una clase empresarial que pueda producir negocios y por ende empleos, ¿dónde estaríamos? Siempre se ha hablado de apoyo a lo nuestro, pero más que nunca en la historia ahora es vital hacerlo para poder echar a Puerto Rico pa'lante. Esta generación viene con sus ideas frescas, de innovación y a hacer cosas nuevas, ellos también crearán su clase empresarial y empleos, pero si nosotros los consumidores no apoyamos lo que se hace aquí, se nos cae”, sostiene la jefa de 48 trabajadores y trabajadoras que con su dedicación logran endulzarle la vida a Puerto Rico.

  • Compartir esta nota:
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba