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Gabriela Alvarado rompe el molde

La abogada encontró en la empresa de su familia una oportunidad para echar hacia adelante el país.
Gabriela Alvarado comparte el camino que la llevó a tomar la decisión de crecer como profesional de la mano de su familia. (Wanda Liz Vega / GFR Media)
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Un intenso  tramo de  la carretera #10 en dirección de Arecibo a Utuado es hace varias décadas territorio de la industria agropecuaria.  Por este camino rodeado de verdor, Gabriela Alvarado ha transitado constantemente, durante  toda su vida. Primero,  de la mano de sus padres - Juan Alvarado y Evelyn Sanz - cuando ambos decidieron mudarse de Ponce a Arecibo para evolucionar del negocio de la crianza de ganado al procesamiento y distribución de carne del país. Hoy, con 31 años,  Gabriela  recorre el mismo camino a diario, pero convertida en  una joven profesional dedicada a contribuir al crecimiento de la empresa familiar desde su puesto como gerente de mercadeo.

“Yo nací en Ponce, pero nos mudamos acá cuando tenía dos o tres años. Desde entonces la vida de nosotros, además de ser  muy familiar, es de mucho  trabajo”, afirma la joven. “Mis tardes eran aquí en la oficina, en la finca y en la vaquería que teníamos en aquel entonces”, detalló la hija del medio del matrimonio Alvarado.

Gabriela siempre estuvo consciente del sacrificio de su familia por echar hacia adelante el negocio, pero nunca sintió la presión de tener que dedicarse al mismo porque sus padres siempre le dieron opciones. Así, atraída por el mundo del mercadeo, luego de graduarse del  Colegio San Felipe, se trasladó a  Mayagüez para estudiar en la Universidad de Puerto Rico un bachillerato en esa área.

Durante esos años, Gabriela se convenció de la importancia que tiene para toda empresa la gestión de conocer a los consumidores y, a partir de esa información,   elaborar planes de trabajo que permitan mantenerlos satisfechos. Esta es una labor constante y cambiante que no se puede dejar a la suerte. Desde su punto de vista, descuidarla puede  llevar al fracaso de  muchas  buenas iniciativas. En el área de la venta de carne, que enfrenta la competencia gigante de los productos traídos del exterior, considera que un buen mercadeo es aún más importante. Y es algo que empezó a notar desde sus años de universitaria, cuando cada uno de sus proyectos estaba dedicado a explorar posibilidades para la empresa familiar. 

“A los maestros le encantaba”, contó. Y es fácil adivinar por qué. Su entusiasmo es evidente cada vez que habla acerca  de la evolución del negocio.
Cuando terminó el bachillerato, la arecibeña se fue a Ponce para conseguir su diploma en la Pontificia  Universidad Católica. Durante el estudio del Derecho, se interesó particularmente por el área laboral. Incluso, pensó dedicarse a ese campo en lugar de seguir los pasos de su hermano, Juan, quien ya se había se integrado al negocio  como la mano derecha de su padre.

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El destino, sin embargo, le trajo al matrimonio  Alvarado-  el duro golpe de perder al mayor de sus hijos en un accidente de tránsito, ocurrido precisamente a la entrada de la planta.  Ese momento, igualmente doloroso para Gabriela, fue determinante en muchos aspectos de su vida, incluyendo el profesional. Quedarse al lado de sus padres ya no era una de varias alternativas para su futuro laboral sino una responsabilidad que quiso asumir.  

“Obviamente, a nivel de  la pérdida, esto es algo  que uno nunca supera completamente. En la empresa él estaba corriendo todo, así es que yo decido  ayudar a mi papá. Revalidé y quise quedarme trabajando aquí. No te digo que de todos modos  no hubiera acabado en la empresa, pero quizá más tarde”, reflexionó.

Cuando llega el lunes 

Gabriela no se arrepiente del camino que eligió. Mientras hay quienes lamentan la llegada del lunes, porque ahí empieza su semana laboral, ella se prepara con entusiasmo para la jornada. Usualmente, sus días comienzan muy temprano, llevando a la escuela a su hijo de 8 años. Luego va directo a la oficina, donde se reúne con sus padres y un primo que también trabaja en la empresa. Juntos desayunan mientras planifican los asuntos del día.   

“Hago un plan con ellos y  hablamos de actividades de mercadeo que se harán en la semana. Después siempre me gusta dar la vuelta por la planta para ver la producción,  almorzamos y seguimos con las  cosas del día. Aquí siempre hay mil cosas para hacer; nadie se aburre. En la tarde vamos a veces  a la otra finca que compramos hace como dos años, sino tengo que ir a San Juan, porque estoy en la junta de Productos Hechos en Puerto Rico", detalló.

Gabriela se unió a  dicha organización el año pasado, tras recibir la invitación del actual presidente, Ramón Pérez Blanco. La experiencia fue “tan maravillosa” que decidió revalidar este año. Considera que este trabajo es importante porque ayuda a mantener a flote a las empresas locales frente a la difícil situación económica que enfrenta el país. 

Desde su rol,  Gabriela colabora con los esfuerzos para promocionar el logo “Hecho en Puerto Rico” y crear conciencia entre los consumidores de las ventajas de consumir productos hechos en la  Isla.  Tanto en la junta como en su trabajo en Ganaderos Alvarado, una de las motivaciones más grandes de la abogada es saber que trabaja para “echar hacia adelante  al país”.  

Confiesa que a veces esta responsabilidad  puede ser intimidante. Aunque sabe que muchos piensan que su vida está resuelta por ser parte de una familia con mucho éxito en los negocios, ella  asegura que en su hogar  los privilegios siempre fueron otorgados a base de mérito.  

“Tener un negocio familiar es bien gratificante, pero también es bien difícil. Esta es una industria bien regulada y hay mucho que hacer. Yo soy parte de esto,  pero lo que tengo es porque lo trabajo.  Mis papás, desde pequeña, me enseñaron a ganarme las cosas. Tenía que tener buenas notas, tenía que trabajar”, contó. 

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El mayor reto profesional que se ha impuesto la gerente es   seguir ideando formas de dar a conocer la marca utilizando las herramientas que ofrece la tecnología y  continuar colaborando en la creación e imagen de nuevos productos. Hasta el momento, siente que su labor está dando resultados porque cada vez más personas reconocen y buscan las carnes de Ganaderos Alvarado.

En el plano personal, la prioridad de Gabriela es su familia. Está muy pendiente de la formación de su  hijo, porque nota  el contraste entre el ambiente de crianza que ella tuvo y las distracciones que existen actualmente.  

“Quiero que se involucre en el negocio y papi también”, confesó quien se considera una mamá más estricta que flexible.

¿Y qué es lo que más le importa que él aprenda?, le preguntamos. 

“Ser  humilde. Esa es una de las características más lindas que puede tener una persona. Tratar a las personas con afecto y respeto, porque todos somos iguales”, aseguró Gabriela. 

Para cumplir con todas sus responsabilidades, se inspira en  el ejemplo que obtiene día tras día de sus padres. 

“Veo en ellos que no puedo rendirme, que tengo que seguir trabajando y, poco a poco, eso es lo que estoy haciendo”, dijo quien siente una gran admiración por sus progenitores. 

“Mis padres trabajan, todavía, 24/7. Yo los llamo y están aquí...En mi casa se desayuna, se almuerza y se cena Ganaderos Alvarado”, abundó quien no piensa romper la tradición.

Gabriela en tres palabras

Estilo
“Toda mi vida he usado botas. Me ponía de vaquera. Y todavía voy 
a los sitios con ellas. Me las pongo  casi todos los días”. 

Compromiso
“Desde que entro aquí (a la empresa) siento tranquilidad. 
Una serenidad bien grande”.

Familia
“Me gusta mucho salir a comer, no soy fiestera. También  correr 
y hacer videos de ejercicio en mi casa. Antes lo hacía bien temprano, pero ahora es por las tardes, cuando mi hijo no tenga alguna práctica de deportes”.

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