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Rosana Miranda, una vida entre vinos, copas y toneles

Después de vivir y estudiar enología en Burdeos regresó a la Isla para fundar CAFA Puerto Rico, la primera y única escuela francesa de ‘sommelier’ en América
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Hace más de quince años que Rosana decidió brincar del intrincado mundo de los números y las inversiones por el no menos complejo universo del vino. (Jorge Ramírez Portela/ jorge.ramirez@gfrmedia.com)
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La memoria de la sumiller Rosana Miranda es un poderoso archivo de olores y sabores que se asoman cada vez que llega a sus manos una copa de vino. Aromas y gustos que compone y descompone para recorrer a través de ellos un sinfín de terrenos. Con cada sorbo de vino, descubre la tierra, la uva, las manos que la trabajaron, la madera en la que se añejó, la lluvia, la nieve y el sol que cobijó la vid, cada uno de los detalles que hacen que lo que llega a nuestra mesa sea mucho más que una simple botella; es una historia, un viaje.

Hace más de quince años que Rosana decidió brincar del intrincado mundo de los números y las inversiones por el no menos complejo universo del vino.

“Estudié Finanzas en la Universidad de Puerto Rico y trabajé por muchos años en inversiones. Siempre estaba buscando algo nuevo que hacer y así fui cambiando de trabajo hasta llegar a la conclusión de que lo que había estudiado no era lo que quería hacer el resto de mi vida”.

En paralelo, comenzó a tomar clases de apreciación del vino con Paco Villón y el doctor Pellín Borrás. La inquietud se la sembró su exesposo que era un fanático del tema. “Es por él que comienzo a interesarme y a estudiar. Me percaté rápidamente que las personas que ofrecían estas clases conocían sobre vinos porque habían viajado y habían probado muchos de ellos, pero no tenían una educación formal y académica”.

Una nueva carrera

Lo que hasta el momento había sido un pasatiempo pasó a convertirse en una nueva vertiente profesional. Demarcó su espacio para conseguir su objetivo. Uno de los empujones que recibió fue a través de un artículo que leyó, en el mismo, el famoso bodeguero Alejandro Fernández comentaba que había decidido enviar a su hija a Burdeos para que aprendiera el oficio al detalle en la ciudad francesa.

“Cuando leo esto me puse a buscar y encontré que ofrecían un curso de verano. Me matriculé y llegué a Burdeos con entusiasmo, pero sin muchas expectativas. El seminario no era lo que buscaba, resultó ser algo más para turistas, pero lo que sí fue una sorpresa fue Burdeos.

Me enamoré de su arquitectura, la gastronomía y los vinos”. El flechazo por la capital del vino fue tal que volvió a Puerto Rico a recoger a Paco y Puruca, sus perros y compañeros de aventuras, y regresó enseguida para estudiar francés y eventualmente matricularse en CAFA, École International en Vins et Spiritueux.

“En el 2002 comienzo a estudiar en CAFA. Al principio fue un reto porque no dominaba el idioma. Me sentaba al lado de una muchacha que hablaba perfectamente bien francés, aunque tomaba las notas en inglés. Esto me ayudó a ir familiarizándome cada vez más con los términos y el vocabulario. Finalmente, en el 2003 me presento al examen de ‘sommelier’ y apruebo”.

Una vida en Burdeos

Después de este logro, Rosana decide quedarse en Francia y acepta otro desafío: trabajar en una tonelería. “Esto es otro mundo y es bien complicado. En él cuentan las diferentes maderas, los tipos de secado, en fin, mil detalles que son bien importante para lograr un producto de calidad. Estos bodegueros dedican un año para hacer su vino y naturalmente no lo van a añejar en cualquier barril”.

Durante cinco años recorrió el sur de Francia para vender toneles fabricados con roble francés, europeo y americano. “Esto significó una complicación. Era mujer, en un mundo de hombres, extranjera y entre los productos que vendía había uno americano. No fue fácil. La mayoría de los dueños de viñedos son hombres y tienden a favorecer a los hombres”.

Fuerte, determinada, enfocada y muy lista, Rosana no es mujer de dejarse intimidar. Su profesionalismo y carisma le fueron abriendo las puertas y se ganó el respeto y la consideración del gremio. Esto le permitió conocer y conversar con los enólogos que visitaba y, a la vez, le reafirmó su amor por aquella nueva vida. Es esa pasión la que la devuelve al salón de clases, esta vez para diplomarse en el 2010 como enóloga de Universidad de Enología de Burdeos.

“Continúo en Burdeos enseñando en CAFA hasta que llegó el día en que extrañaba demasiado a mi madre y a mi familia. Había conseguido hacer una vida allá. Tengo muy buenos amigos, los franceses una vez logras entablar amistad con ellos son tus amigos para toda la vida. Hay veces que pienso que tengo más amigos en Burdeos que aquí”.

Buscando una manera de congeniar las dos cosas le propone a CAFA ser su representante en Puerto Rico. “Ellos aceptan la idea. Comienzo a buscar dónde ofrecer clases y V. Suárez es la primera distribuidora en responder así que organizo todo y regreso a Puerto Rico. Llevo cinco años y hemos diplomado 35 ‘sommeliers’. Las únicas dos certificaciones que hay de CAFA fuera de Burdeos son en China y aquí. Somos la única escuela francesa de ‘sommelier’ en América”.

Un buen sumiller

Para Rosana, una de las maravillas de la empresa vinícola es la complejidad de la materia. “Es interesante porque es muy difícil conocerla a cabalidad y eso te reta constantemente. Estudio y practico a diario. Viajo a Burdeos varios meses al año no solo porque enseño allá sino también porque tomo cursos para continuar mi educación. Además, soy parte de la unión UDSF (Union de la Sommellerie Française)”.

Aunque el conocimiento teórico es importante para llegar a ser un buen sumiller es vital estar en sintonía con tus sentidos. “Lo primero es pasar los exámenes. Son muy difíciles, no solo por la parte de conocimiento sino también por la parte organolética”. Todos los que han visto el documental Somm, en Netflix se pueden hacer una idea de a lo que se refiere. “Normalmente constan de varias partes: teórica, servicio y cata a ciegas. La más compleja es quizás la cata porque, además de estudio, requiere de unas destrezas y talento particulares. Otra cosa que distingue a un buen sumiller es la humildad. He visto en los más grandes esta candidez y sinceridad de quien no lo sabe todo porque son conscientes de que es muy difícil conocer todo”.

El vino y Puerto Rico

Puerto Rico es un destino gastronómico importante. Sin embargo, Rosana nos señala que lamentablemente hay muchos restaurantes en los que su personal no está adiestrado para manejar un vino de la manera adecuada. “Una de las ventajas de Puerto Rico es que llegan vinos de todas partes del mundo. Normalmente cada país productor consume lo que produce, por eso el mercado aquí es tan interesante porque encuentras de todo. El detalle es que en los negocios no tienen gente que sepa de vinos. No conocen qué copa es la apropiada, si se debe decantar, la temperatura a la que debe estar, tantas cosas que son importante para una degustación correcta. Muchos propietarios piensan que contratar a un sumiller es costoso, pero lo que no ven es que es una inversión porque si tienes un conocedor manejando el tema te va a vender y mover los vinos. En el último tiempo he visto que hay interés por estudiar y educarse. Un diploma de ‘sommelier’ te abre muchas puertas. Puedes trabajar en un restaurante, enseñar, vender, distribuir. Se abre un mundo maravilloso de aventuras y posibilidades”.

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