Loader

Hazel Thais Rivera es un prodigio de la ciencia y la música

Desde pequeña, la joven de 18 años sorprende con su capacidad de aprender y de crear
  • Compartir esta nota:

Antes de cumplir los 18 años, ya Hazel Thais Rivera Rosario figuraba como coautora de un documento de referencia en la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA). La guía le podría ahorrar a la agencia años en horas trabajadas por su personal, que hasta ahora había usado cálculos, estimaciones o métodos de prueba y error ('trial and error') para determinar el torque o esfuerzo de torsión en materiales para equipos no esenciales.

Y pensar que fue solo un proyecto de verano...

Ese trabajo lo realizó el año pasado, cuando con 16 años de edad hizo un internado en el NASA Glenn Research Center en Cleveland, Ohio. Este verano pasado, sus “vacaciones” fueron en la Universidad de Florida, donde analizó técnicas de purificación de agua utilizando solenoides ('actuators') de plasma, cuarto estado de la materia. Y en mayo próximo, cuando la mayoría de las chicas de su edad se preparen para celebrar el 'senior prom', Hazel Thais celebrará haber terminado un bachillerato en ingeniería mecánica en el recinto de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Entonces, enfilará cañones hacia alguna institución fuera del país donde proseguir estudios en ingeniería aeroespacial. Todavía no está segura de a dónde irá, lo que está claro es que la acompañará su violonchelo. El celo que muestra hacia el instrumento es tal, que resulta evidente su fuerte apego.

Muchas historias se han escrito durante años sobre esta niña prodigio de la música que aprendió a tocar el chelo a los 2 años, interpretó con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico también a muy temprana edad, así como con diversos exponentes de música clásica y popular. Fue noticia cuando adaptó piezas de música popular puertorriqueña para chelo y grabó su primer disco a los 10 años, titulado “Se siente en el corazón”, como la primera pieza completa que compuso. También se le conoce por inspirar la creación de la Asociación de Padres de Niños Dotados de Puerto Rico y el Instituto de Investigación y Desarrollo para Estudiantes Dotados, instituciones cofundadas por sus padres, Héctor Rivera y Myriam Rosario. La pareja impulsó, además, leyes como la 158 y 159, de 2012, que ordenan proteger los derechos y fomentar el desarrollo de niñas y niños dotados con alternativas educativas a tono con sus necesidades como, por ejemplo, la aceleración de grado.

Pero con todo y lo sorprendente que resulta su historia como superdotada y promesa musical que a los 14 años comenzó a estudiar un bachillerato en chelo en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, el nombre de Hazel Thais no había quedado impreso en un documento como el reporte técnico de más de 300 páginas que contiene 640 tablas de torque para materiales y tornillos empleados en equipos de NASA.

El documento titulado “Installation Torque Tables for Noncritical Applications” y publicado por la agencia en abril de este año, fue dirigido por Joseph S. Powell, del NASA Glenn Research Center en Cleveland, Ohio.

¿Cómo ve esto la joven?

“Pueeees, me siento contenta, porque un trabajo que hice hace una diferencia y puede ayudar a muchas personas. Es como que ¡Wow! ¡Hice esto! Me sorprendo yo misma”, reconoce, pero sin mostrar euforia.

Es que para ella este fue solo un buen proyecto. Hay tantas otras cosas que quiere hacer. Su mente corre a gran velocidad y no ha terminado un trabajo cuando ya quiere emprender varios más. Por eso, siempre está adelantada a su tiempo. Con solo tres meses de vida se sentaba, a los seis caminaba en su cuna, a los dos años leía rótulos cuando iba de paseo con mamá, a los tres completó el kínder y a los cinco, sin escuela que pudiera llevar su ritmo, completó el segundo grado estudiando en casa. A partir de entonces, Hazel Thais se convirtió en 'homeschooler'.

Aun así, la joven asegura que tuvo una infancia normal en la que se sintió plena. Así lo reflejan las memorias que logra recomponer mientras conversa con Magacín.

“Me acuerdo corriendo bicicleta en la urbanización, tocando chelo en grupo, siempre me ha gustado leer, 'so', eso siempre está ahí… Recuerdo mucho las reuniones de la Asociación (de Padres de Niños Dotados), era poder compartir con amigos. Y el Conservatorio, cogiendo las clases, también tenía amigos allí. La gente usualmente piensa que 'homeschoolers' son aparte siempre, pero no. Íbamos al cine, cosas así. (Recuerdo) Chicago también. Tomaba talleres de música allá en los veranos y en invierno, conocía gente y tenía amigos allá también. ¡Era divertido!”, enumera y ríe, algo muy frecuente en ella mientras cuenta su historia acompañada de papá y mamá.

La pequeña entre los grandes

En la escena musical local, fue imposible que no la notaran entonces. Sobre todo, por el contraste de sus dimensiones. “Me acuerdo de las sillas, todas así (muestra la altura con su brazo) y yo así (bajita). En las fotos, se veían todas grandes y al final '¡fup!', yo'”, detalla. “Y cuando cargaba la silla por el Conservatorio... Como todas las sillas me quedaban grande, tenía que llevar mi silla”, ilustra y ¿cómo no reír?

Sin embargo, asegura que nunca se sintió rechazada o menospreciada por los niños mayores con los que interactuó. En general, se entendía mejor con ellos que con los de su edad. “Hablaba con ellos, me pasaba con ellos. Era normal. Con los pequeños… es que usualmente terminaba compartiendo con los que fueran mayores que yo, pero no es como que discriminaba o fueran inmaduros o algo así, compartía con cualquier persona. 'I guess' (supongo) que los intereses eran similares (a los de niños y niñas mayores) o estábamos en la misma clase y compartíamos ideas o '¡tenemos examen, vamos a estudiar juntos!'. Pero creo que sí, serían más los intereses”, explica.

Lo mismo le ocurre ahora en Mayagüez, donde se hospeda para asistir a la universidad. “No me molesta si me dicen que soy más pequeña, incluso en la universidad, si me dicen 'la bebé del grupo' a mí no me molesta. Siempre es relajando que lo dicen”, comenta.

Hazel Thais reconoce que no todos los estudiantes dotados han tenido el mismo tipo de acogida. “He conocido de todo. Sé de muchos que han tenido mucho discrimen por la edad o por su forma de ser, o que sean bien activos y les gusta hablar mucho. También conozco de los que son bien, bien, bien tímidos y como que se quedan alejados. He conocido de todo. Es favorable tener la oportunidad de compartir con personas al mismo nivel (intelectual) porque si uno está obligado a compartir solamente con personas de la misma edad, va a estar limitado. Compartir con diferentes tipos de personas, personalidades, edades, de todo, ayuda”, expone.

En ese aspecto fueron cruciales sus padres, quienes aun cuando algunos adultos y profesores temieron que ella iba demasiado rápido, sus padres buscaban diversas opiniones y le daban todo el espacio posible para volar.

En una ocasión, con solo cinco años, se empeñó en aprender a tocar piezas del compositor Johann Sebastian Bach (todavía uno de sus favoritos) como el también niño prodigio Yo-Yo Ma, destacadísimo a nivel internacional, pero a quien le lleva ventaja pues él aprendió a tocar el chelo a los cuatro años. Profesores en Puerto Rico les advirtieron a sus padres que intentar llegar al nivel interpretativo de su ídolo a tan temprana edad podía ser contraproducente. Fue una de las profesoras que conoció durante sus escuelas de verano en Chicago quien recomendó no limitarla. “Me dijo: 'Si ella está motivada, que lo haga. Deja que le ponga su propio estilo a esas piezas'”, recuerda Rosario.

Difícil ponerle límites al genio de Hazel Thais, quien luego de descubrir a los 12 años que podía pasar el College Board y entrar a la universidad, se dijo a sí misma: “¿Por qué no cogerlo? Es un examen. ¿Se puede coger? ¡Pues!”.

“Ya para ese entonces, empecé el curso de Humanidades en la UPR de Cayey y me di cuenta de que me estaba gustando. Ahí fue que cogí el College y ya era como que '¡esto puede ser una oportunidad!'. Déjame ver cómo es. Me puse a buscar por internet qué podía hacer, qué cosas conlleva y dije: 'Sí, vamos pa' la universidad'”, cuenta.

Recuerda entre risas que cuando llegaron los resultados indicando que podía estudiar cualquier programa universitarios que quisiera, su madre lloró. Ella insistía diciendo “mamá, eso es lo que yo quiero”, y su progenitora le explicaba lo complicado que podía ser para una niña de 13 años. Pensaba que quizá no estaba preparada.

“Nosotros éramos los que no estábamos preparados”, reconoce ahora Rivera, y todos ríen a carcajadas.

Llegó como prepa a la UPR de Bayamón y a los 16 años se transfirió al RUM. Tener que hospedarse la llevó a desarrollar su talento culinario. “He hecho de todo. Es como que: 'Vamos a ver qué hay en la nevera'. Abro la nevera y puedo mezclar o busco recetas… En verdad me gusta”, asegura. Y así ha hecho hasta pizza artesanal.

Para Hazel Thais lo de no ponerse límites es una forma de vida. La joven practica gimnasia artística como 'hobbie' y además del chelo toca piano, guitarra y cuatro. Cuando piensa en su futuro no descarta ir a estudiar o trabajar a Europa, pero no vislumbra novios, esposo o hijos en el horizonte cercano. “Me gustaría desarrollarme yo primero y después habrá tiempo para esas cosas. Estando en internado me he dado cuenta de que no me gusta trabajar en una oficina como tal, 'so', quiero trabajar como que en un laboratorio o en el campo viendo cosas experimentales… Me gustaría trabajar en NASA, en SpaceX también, en ingeniería, investigación, haciendo cosas, innovar el mundo 'I guess'”.

  • Compartir esta nota:
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba