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Anna di Marco: “Mi gran logro es cambiarle la cara a la quimioterapia”

La hematóloga-oncóloga, fundadora del Centro de Cáncer de la Mujer en Ponce, comparte su trayectoria y misión de vida
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Cuando se es hematóloga-oncóloga, buscando un espacio apacible para establecer la práctica privada en Ponce -su pueblo natal- y aparece una casona neoclásica de 1909 en una esquina achaflanada, con balcón todo en derredor, losa criolla original, en el casco histórico, en una calle que para colmo se llama Salud, cualquier barrunto de duda se disiparía en cuestión de segundos.

Imposible vacilar. Aunque después de comprar hubiera que restaurar siguiendo protocolos estrictos de conservación. Si cerraba los ojos y allí veía la recepción con flores, los muebles con el espaldar abullonado y muy mullidos. Pasos adelante, abriría el gran salón con techos de doble altura, soles truncos sobre los marcos de las puertas, candelabros y ventanas de celosías, además de butacas dispuestas en semicírculo para los servicios de quimioterapia e inmunoterapia: solamente para mujeres. Como el centro de Moffit en Atlanta que tanto influyó en su carrera.

La sala de espera mantendría la lámpara de 12 brazos de bronce y cristal, pantalla gigante además de revistas de moda, viajes, belleza y paredes repletas de arte. Todo lo que provocase un homenaje a lo bello, la estética y lo sublime. Después de todo, nunca permitiría que una de las suyas fuera alcanzada por los tentáculos del miedo o la negatividad. No sabía de otra, era lo que siempre había hecho. Pues desde niña, era ella -Anna- quien sobaba con linimentos de hierbas y envolvía apretadito, con vendajes, a todo el que sufriera un percance.

Anna Di Marco, tras estudiar medicina en Roma, Estados Unidos, Santo Domingo y Puerto Rico, desde aquel día caluroso en que se asomó por el balcón de la casa del #1378, nunca supo con certeza si fue ella quien encontró la casa, o si fue la casa quien la encontró a ella.

Del voluntariado a la vocación

Pregunto si siempre quiso ser doctora. “Cuando tenía 18 años y ser médico era solo un sueño casi inalcanzable, trabajé como voluntaria en Roma en una clínica de oncología. Allí los pacientes recibían su quimioterapia y yo dedicaba mis horas libres a sentarme a su lado”, recuerda. “Dialogábamos de cualquier cosa, para que su tiempo de tratamiento fuera lo más ameno posible. Y aunque en ese momento me parecía que lo que yo hacía no era nada, aprendí que la cura del cáncer no dependía solo de medicamentos, sino que más importante todavía era el apoyo, el cariño y la actitud positiva con la cual se enfrentaban los momentos difíciles. Ese era el denominador común en todos los casos de éxito. Allí entendí claramente que atender pacientes de cáncer sería mi camino”.

Por eso el empeño cuando regresó a establecerse en Ponce -de paso, como única oncóloga, hasta el momento, en el área sur- de conseguir un lugar que irradiara paz. “Había visto muchos locales antes de escoger la casa de 115 años de historia. Yo quería que en este Centro las pacientes se sintieran a gusto y me hace sentir muy bien cada vez que comentan que tomar la quimioterapia aquí es como estar en una sala de té”, asegura Di Marco. “Lograr que algo tan temido como la quimioterapia sea como ir a compartir entre amigas me satisface muchísimo. No porque minimice la situación que mis pacientes viven, que bien sé lo que un diagnóstico de cáncer significa. Pero por eso mismo, soy de la escuela de que el ambiente donde recibes el tratamiento influye mucho en cómo te afecta”, insiste. “Un lugar donde hay buen gusto y sensibilidad, es un sitio que siempre visitaremos con placer”.

Y Di Marco tiene la agenda llena. “La incidencia de cáncer es muy fuerte en el área metropolitana y en el sureste, especialmente en Ponce. Aumenta según avanza la edad, con mayor impacto después de los 50 años. De hecho, el cáncer más común en las mujeres es el de seno”. Estadísticas que le martillaron la cabeza y de tanto golpecito ininterrumpido, Di Marco pasó a una nueva fase de lo que llama, sin más, su misión de vida: informar sobre cómo prevenir y detectar a tiempo el cáncer.

“Aquí hay un problema serio de concienciación del cáncer. Las personas le tienen miedo y prefieren ignorar el tema”. Como si por no mentarlo el cáncer se espantara y se fuera. Entonces, “a través de la fundación Susan G. Komen me dí cuenta de que tenía la oportunidad de llegar a más personas en mi tarea de orientar sobre el cáncer de seno”, explica la doctora “petite” que también estudió historia del arte en Roma. “Por eso escribo, hablo en la radio, en la televisión. Soy fiel creyente de que por cada persona que me escucha existe la posibilidad de salvar una vida. Para darte un panorama realista, las aseguradoras cada vez se ponen más estrictas en cuanto a coberturas de estudio y tratamiento. Los recaudos de la fundación Susan G. Komen están en parte destinados a costear mamografías, biopsias y quimioterapias, para ayudar a la mujer a cubrir en parte o en su totalidad, lo necesario para un diagnóstico o tratamiento de cáncer de seno. En esas gestiones representé a Puerto Rico y a Susan G. Komen en el Senado de los Estados Unidos para reunirme con legisladores y congresistas con el propósito de abogar por las puertorriqueñas. Aproveché la ocasión para pedirle un compromiso al gobierno norteamericano en cuanto a leyes para la prevención de cáncer, la designación de fondos para la investigación y medicamentos para pacientes”. Asimismo, en su lista de “to-do's”, está desarrollar dos actividades para recaudar fondos para el cáncer en localidades internacionales y la publicación de un folleto gratuito sobre cáncer de seno escrito por médicos como el Dr. Miguel Echenique, la Dra. Eva Cruz, la Dra. Zuleika Díaz y el Dr. Erick Cruz. “También cuento con el apoyo de Daddy Yankee, que está muy envuelto en la lucha y con Susan G Komen.

Que no se confundan por las plataformas bicolor Gucci sobre las cuales Anna Di Marco posee dominio total, aún en las aceras del casco ponceño. Que para hacer lo que hace, hay que pisar muy fuerte.

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