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El tiempo de las mujeres

Artistas y manifestantes de todo perfil continúan uniéndose a movimientos como #MeToo, #TimesUp y Women's March
  • Por Ana Teresa Toro
  • 04 MAR. 2018 - 07:00 AM
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Si se mira el mapa y se identifican puntos como la violencia de género, el acoso sexual laboral, la cultura de violación y todos los brazos que tiene el machismo institucionalizado, es muy fácil identificar la conexión. “Tenemos más de 87 mil violaciones en este país cada año, pero cada una es presentada como un suceso aislado. Los puntos de conexión están tan cerca que construyen una mancha, pero prácticamente nadie los conecta o identifica la línea”, argumenta la escritora feminista estadounidense Rebecca Solnit en su libro “Men Explain Things To Me”, en el que profundiza en torno al ensayo del mismo título que se viralizó en el 2012 y que tuvo como resultado la aparición del término mansplaining (que define el modo en que hombres acostumbran explicarle a las mujeres de manera condescendiente todo tipo de cosas, sin que éstas pregunten o muestren desconocimiento al respecto) en el debate político y social norteamericano.

Su planteamiento es fácilmente aplicable a prácticamente cualquier país del mundo. Hablamos de violación, hablamos de disparidad salarial, de acoso sexual, de feminicidios, de machismo en la publicidad, pero la narrativa muy pocas veces conecta estos puntos como el resultado de una cultura afincada en valores patriarcales que han tenido como resultado una inequidad de género incuestionable. También es cierto que como dice la doctora e investigadora inglesa Amanda Foreman en su serie documental “The Ascent of Woman”, “no existe un mejor momento que este en la historia para haber nacido mujer. Hay más mujeres dirigiendo gobiernos, organizaciones y liderando negocios que en cualquier otro momento en la historia. Sin embargo, en demasiadas partes del mundo hay demasiadas mujeres que no gozan de los mismos derechos legales que los hombres y están relegadas a la inequilidad, sin acceso a la educación, al empleo y para muchas el derecho de vivir libres de violencia física y sexual es aún un sueño".

Los logros alcanzados en el siglo XX —derecho al voto, a la propiedad, al control reproductivo e identidad legal y ciudadana independiente, entre otros— aún son objeto de cuestionamiento y debate público alrededor del mundo. La batalla por la equidad no está gana y a ese largo proceso histórico Hollywood le ha añadido en tiempo reciente un nuevo capítulo. Con el advenimiento del movimiento Me Too, seguido de Time's Up, así como otros de corte político como el Women's March, iniciados el pasado año en respuesta no sólo a escándalos de violencia sexual, sino como reacción a las políticas de la presidencia de Donald Trump —quien ha sido señalado en múltiples ocasiones por acoso sexual—, es posible identificar un punto de inflexión en el feminismo global, teniendo en cuenta el hecho innegable de la influencia estadounidense en el establecimiento de tendencias culturales mundiales.

Mirar al futuro

Hoy se esperan manifestaciones y expresiones por parte de la clase artística en la entrega de los Premios Óscar, igualmente, este próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, millones de personas —de forma independiente y local o conectadas con la tendencia americana— saldrán a la calle a manifestarse a favor de la equidad. Entonces, vendrá el proceso más difícil, quedarán las preguntas por contestar y los diálogos íntimos entre amigos, colegas y familiares que son los más importantes. Después de la denuncia, después de las marchas, y aquí en Puerto Rico, ¿qué esperar?

“Este contexto es distinto por varias razones. Por un lado la presencia en la esfera pública de Trump y también por las redes sociales... La trascendencia dependerá mucho más de lo que traiga Time's Up, porque hay un elemento sanador y verdaderamente terapéutico que no está en la denuncia únicamente, sino en que se pueda hacer pagar al agresor, que la persona hostigada y abusada vea que hay consecuencias”, observa el psicoanalista Alfredo Carrasquillo para quien esta coyuntura a su vez, “tiene mucho del puritanismo americano que provocó esa reacción en cierta medida torpe de las francesas en la que reclamaban no renunciar a un juego sexual del cual disfrutan”.

Carrasquillo se refiere a la carta abierta en la que mujeres prominentes francesas acusaron al movimiento de ser un ataque al deseo y a la galantería, por lo que fueron duramente criticadas. “Esto nos obliga a repensar lo cotidiano. En la cultura latina, por ejemplo, el piropo y hasta dónde llega y en qué momento comienza el hostigamiento, ése es un tema complicado culturalmente porque no se trata de legitimar comportamientos inadecuados. Ahí hay muchas preguntas y amerita mucha conversación”, analiza.

La editora y empresaria Arianna Huffington argumentó al respecto y señaló que cada vez menos hombres quieren servir como mentores de mujeres jóvenes, como respuesta al movimiento. “Esto es un paso enorme en la dirección incorrecta”, tuiteó, recibiendo halagos como críticas.

La escritora y activista feminista Yolanda Arroyo Pizarro, considera por otra parte, que esa sensación de duda e incomodidad que se está observando en ambientes laborales y entre hombres que se muestran confundidos respecto a qué es aceptable y qué no lo es, al realizar un avance de corte sexual o romántico a una mujer, es un mal necesario.

“En estos momentos ese antagonismo es necesario, duele pero las grandes transformaciones requieren ese dolor. El consentimiento va a ser la base. Nos estamos sanando porque todavía tenemos la idea errónea de que el romance se da sin pedir permiso”, expone.

Crisis de la masculinidad

Si en los años sesenta y setenta se profundizó hasta la saciedad en el tema de lo femenino, el tiempo presente nos obliga a replantearnos la masculinidad.

“Lo que hace distinto este momento es que lo que está en crisis es lo masculino. En los 60 la pregunta era, ¿qué es ser mujer? La revolución sexual es un replanteamiento de lo femenino, pero hoy tenemos crisis de identidad los hombres, qué define lo masculino, cuál es la puesta en escena de lo masculino y no creo que encontremos respuesta construyendo al hombre como el sospechoso, el enemigo, el agresor, donde todo hombre es culpable hasta que demuestre lo contrario y ahí hay una conversación, pero es una conversación a la que los hombres entran un poco de manos atadas”, explica Carrasquillo y recuerda una frase de la filósofa francesa Elisabeth Badinter, quien dijo que “detrás de la máscara de un hombre que golpea, hay un niño que tiembla”.

A juicio de la escritora y fundadora de la revista Étnica, Gloriann Sacha Antonetty Lebrón, quien colabora activamente con el grupo puertorriqueño Colectiva Feminista en Construcción, “el tema de las masculinidades es delicado pero es parte del proceso. Nuestros hombres nacen y se crían en ambientes machistas y están reproduciendo violencias y agresiones que no reconocen. Parte de la lucha es proyectar qué es lo que hace a un hombre, hombre. Sabemos que muchos están ausentes de las vidas de sus familias, que son producto de la pobreza, que vienen de comunidades donde la violencia es la respuesta y el símbolo de masculinidad... Tenemos que tener esas conversaciones incómodas”, dice Antonetty Lebrón.

“He tenido estudiantes que me han dicho, por fin puedo llorar. Por fin vemos a los papás cambiándole el pañal a un bebé sin temor a que nadie manche lo que debería ser su masculinidad y dignidad de ser humano”, abona Arroyo Pizarro dejando sobre la mesa la gran herida abierta que también toca sanar.

Espectáculo y visibilidad

La dimensión masiva que ha traído el hecho de que Hollywood, haya sido epicentro de estos movimientos en tiempo reciente, es vista con optimismo por los entrevistados. Ya que, si bien es cierto que estas luchas son centenarias y la labor comunitaria tiene mayor trascendencia, también lo es que “vivimos en la sociedad del espectáculo y el capital de acceso que tienen las mujeres en esta industria es mucho mayor”, opina Carrasquillo.

”Creo que definitivamente ha habido una conexión del movimiento feminista aquí en Puerto Rico, integrándonos a todos estos esfuerzos internacionales”, observa Antonetty Lebrón para quien además, “como mujer negra y afrodescendiente es importante que se vean otros espacios de marginación como raza, pobreza, violencia de género, porque hay una conexión”.

En la Isla no se han dado aún manifestaciones masivas como se ha visto en capitales mundiales, sin embargo, el activismo es latente y la conexión internacional se mantiene vigente a través de diálogos y viajes a congresos sobre el tema fuera del país. En el mundo del espectáculo tampoco se han visto denuncias masivas, más sí podríamos identificar una apertura a la denuncia en el espectro de la política nacional. “Quizás porque a veces en Puerto Rico el entretenimiento se cruza con la política”, observa Arroyo Pizarro.

Son tiempos de preguntas incómodas y de respuestas difíciles de procesar, pero no por nada ese refrán advierte que la vida comienza cuando nos salimos de nuestra zona de confort. Es tiempo de moverse. La historia no espera por nadie.

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