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Empoderar: ¿De qué hablamos?

La palabra está en boca de todos, sobre todo si se trata del empoderamiento femenino, pero ¿qué historias e ideas hay detrás de este concepto?
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Antes de la segunda oleada del feminismo en los 70, empoderamiento no era un concepto tan familiar. (Shutterstock)
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El lenguaje es creativo. Es elástico. Es maleable. Construye y deconstruye. Responde a su cultura y a las tendencias y expresiones que ésta manifiesta. Por eso, cuando hace unas décadas -y con mucho mayor énfasis en los últimos años- comenzó a utilizarse la palabra empoderamiento para referirse -entre otros casos- al lugar de la mujer en todos los renglones de la sociedad, de lo político a lo profesional, de las esferas de poder al universo doméstico, podríamos decir que se trató de una respuesta más, desde el lenguaje, a los movimientos sociales y sus frutos.

Antes de la segunda oleada del feminismo en los 70, empoderamiento no era un concepto tan familiar, ni mucho menos era un término con fuerte presencia en el mundo de la publicidad, del mercadeo, del periodismo, del entretenimiento, del espectáculo y del empresarismo, entre otros, como sucede hoy día.

En español el término utilizado hasta el momento era apoderar, aunque se trata de una palabra que no tiene el significado exacto que se busca con el uso de empoderar.

El inglés, una lengua veloz en el habla y en la fluidez de sus oraciones, encontró en la frase to empower, una ruta directa al significado preciso que el español no tardó en acoger y transformar en un calco semántico -por sus hablantes- como empoderar. A principios de la década del 2000 esta palabra no figura en los principales diccionarios, pero al día de hoy sería extraño que no lo hiciera, pues su uso es constante y sonante. A diario escuchamos testimonios de mujeres que se han empoderado, vemos cursos y talleres de empoderamiento, hay un discurso público sobre el valor de empoderarse y vale la pena detenernos a pensar en esta palabra y lo que representa.

“En los corpus del español, la palabra empoderar, con el nuevo sentido calcado de empower, empieza a aparecer en la segunda mitad de los 1990s, y adquiere particular fuerza al comienzo de los 2000”, anota la lingüista Maia Sherwood.

En inglés, el concepto to empower, se emplea en textos de sociología política procurando el sentido de “conceder poder a un colectivo desfavorecido socioeconómicamente para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida”, lee el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005).

También se usa como pronombre, al decir frases como: "tenemos que empoderarnos para conseguir nuestros derechos". Como sustantivo surge la palabra empoderamiento, aunque es justo decir que como verbo, el término empoderar ya existía en el español como una variante en desuso de apoderar.

“Su resucitación con este nuevo sentido tiene la ventaja, sobre apoderar, de usarse hoy únicamente con este significado específico”, explica el referido diccionario.

Una raíz social

La ruta de esta palabra hasta su integración total al español, es también una metáfora muy útil sobre lo que el concepto significa y representa, esa idea de que el poder está en ti y empoderarte, se trata realmente de reconocerlo, identificarlo y apropiarte de esa fuerza y poder interior para cualquier emprendimiento en la vida. Ya sea en lo personal, en el plano social, económico, profesional y un largo y necesario etcétera.

“Es una palabra que viene de lo político social, especialmente de los movimientos en defensa de los derechos humanos de finales de los sesenta y setenta... La palabra se populariza y se utiliza en la Convención de Derechos Humanos de entonces. El movimiento de mujeres en pleno, la empezó a utilizar con respecto al empoderamiento de las mujeres para reafirmar a la mujer en la sociedad, su lugar de poder”, explica la profesora, periodista, historiadora y reconocida feminista Norma Valle, pionera en el campo de los cursos de periodismo, comunicación y género en la Universidad de Puerto Rico.

“Históricamente, en el mundo patriarcal, el hombre tiene el poder público y la mujer en el interior del hogar... La palabra, que también es una palabra hispana, es posible que se reforzara en la época con el empowerment del inglés”, abunda la autora de numerosos libros sobre feminismo, entre los que destaca su coautoría de “El Abc de un periodismo no sexista” (Editorial fempress, Chile), y su obra “Luisa Capetillo, historia de una mujer proscrita” (Editorial Cultural). A su juicio, el feminismo puertorriqueño ha estado a dos alas entre el feminismo latinoamericano y el estadounidense, aunque con mayor integración al de nuestra región.

“Es una palabra que denota para las mujeres el que hemos tenido un poder que no hemos utilizado porque no nos han dejado utilizarlo. Ahora advenimos a ese poder que tenemos y lo utilizamos”, anota Valle toda vez que vincula este concepto con otros movimientos de grupos marginados como los afroamericanos y los inmigrantes, entre otros.

“Se trata de empoderar a las mujeres para que puedan defenderse y sobrevivir, que puedan entrar a todos los espacios profesionaless y sobrevivir en todas las áreas de los derechos humanos”, explica y también celebra el hecho de que se trata de una palabra “que refleja una realidad de las últimas cuatro décadas, donde hemos visto el empoderamiento de las mujeres en las fases de la sociedad, refleja una actitud, una realidad, una actividad de las mujeres”.

Conflictos y contradicciones

Como toda palabra que, de alguna manera, podríamos decir que se ha puesto de moda, es importante explorar sus usos, tergiversaciones y ramificaciones. Sobre todo cuando una palabra de alta fuerza social, puede terminar siendo utilizada para perpetuar los mismos patrones de desigualdad que se propone erradicar. Un ejemplo es visible en las campañas de empoderamiento de la mujer y su cuerpo. Por un lado, es una respuesta de apropiación y empoderamiento al discurso en torno a los ideales de belleza, pero por el otro, hay quienes lo critican como una manera de sucumbir a los patrones de reducción de la mujer al cuerpo que la noción de empoderamiento quiere erradicar. ¿Se puede ser una mujer empoderada desde una pasarela? Unas gritas que sí, otras lo cuestionan con ferocidad.

 “El sentido de la palabra, tanto en español como en inglés, se ha diluido en tiempos recientes - tal vez los últimos cinco años-, por la repetición continua y superficial del término y por su explotación para propósitos de mercadeo y ventas. Como resultado, para algunos grupos la palabra ya no comunica eficazmente lo una vez pretendió comunicar. Esto no implica que el significado que se quiso comunicar con la palabra empoderar deje de ser importante, ni que la palabra no se siga usando por grupos o individuos en procesos genuinos e importantes de empoderamiento”, observa Sherwood.

Por su parte, Valle argumenta que “se trata de que si una mujer quiere dedicarse a ser ama de casa lo pueda hacer con libertad, si una mujer que decide ser modelo y lo hace porque lo quiere hacer, por conocimiento, sin que se explote su cuerpo, lo puede hacer siempre que esté en control de su propia vida. Principalmente es tener el poder sobre sí misma y sobre su cuerpo”, argumenta Valle.

La complejidad del tema es proporcional a la complejidad de las desigualdades sociales que han generado el nacimiento de una conciencia sobre el empoderamiento. Sin falta de poder, no habría que empoderarse. La trampa es que el poder no te lo da nadie, está en ti. Descubrirlo, es empoderarte.

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