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En menos de un año renunció a su trabajo, se mudó a Londres y comenzó una familia

Odette Maher cuenta su historia en Así lo viví
  • Por Odette Maher/ Especial para Magacín
  • 20 AGO. 2017 - 07:20 AM
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Maher trabaja junto a su esposo para fundar el Anglo Puerto Rican Society en busca de reunir a todos los puertorriqueños que viven en Reino Unido. (Suministrada)
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Hace poco más de un año, mi vida era otra cosa. Vivía en uno de los barrios “up and coming” de Boston, tenía un excelente trabajo en el que hacía lo que me gustaba y además tenía la oportunidad de trabajar mano a mano y aprender de ejecutivos muy experimentados en la industria en que me muevo. En el trabajo todo iba en ascenso y en mi vida personal era absolutamente independiente. Hacía y viajaba a donde quería, vestía a mi gusto, comía en donde me apetecía… sin darle demasiado pensamiento. Ahora que lo he escrito en unas cuantas frases, suena sencillo, pero naturalmente fueron años de esfuerzo y mucho trabajo llegar a ese estado de confort. De repente, todo cambió.

Mi pareja -un británico y el único rubio que me había gustado en la vida- y yo nos embarazamos. En este punto teníamos una relación “long-distance” (él en Inglaterra y yo en Estados Unidos), pero sabíamos que nos queríamos y que queríamos estar juntos. Llevábamos menos de un año como pareja, pero todo se sentía correcto. Si bien el embarazo nos tomó por sorpresa, ambos sentíamos que habría sido cuestión de tiempo.

En ese momento evaluamos nuestras dos opciones: empezar una familia en Estados Unidos o empezar una familia en Inglaterra. Optamos por la segunda. Era la primera vez en años que había puesto mi vida personal por encima de mi carrera y, la verdad, sentía que me tocaba. Por supuesto que nada podía haberme preparado para las vivencias del año que seguiría a esta decisión.

Envié a Inglaterra mi ropa, zapatos, carteras y objetos de valor emocional. Todo lo demás lo regalé. Los objetos, objetos son. Solo tienen real valor para mí aquellos que pertenecieron a mi abuela. Tres meses más tarde renuncié a mi trabajo y me monté en un vuelo “one-way” con destino a Londres.  Una de mis amigas más cercanas me tildó de loca. Ni ella ni nadie jamás pensaron que sería capaz de abandonar el mundo que había construido para crear uno nuevo. “Cheers to a new chapter…” dice mi post en Facebook de justo antes que saliera mi vuelo. “And what a chapter!”

Recapitulemos por un segundo antes de continuar. En un periodo de un año nos comprometimos, renuncié a mi trabajo en Boston, me mudé a Inglaterra, nos casamos, cambié mi apellido (no hay que alarmarse, es la costumbre en este país y me parecía bien que toda mi nueva familia tuviera el mismo apellido), nació nuestra hija, nos mudamos de casa y empecé un nuevo trabajo en un banco de inversiones en Londres.  Sí, es solo el resumen pues naturalmente estoy omitiendo los detalles. Mis disculpas si los agoté con una sola oración. Yo leyéndolo me agotaría también.

Según pasa el tiempo y me voy conociendo, veo que es un patrón en mi vida tomar una decisión trascendental y luego reflexionar al respecto. Debería ser al revés, ¿no? Bueno, a lo hecho pecho, como dicen en Puerto Rico. También he validado que las cosas a medias no me gustan y que si me lanzo voy de cabeza. Si no, ¿cuál es el punto?

Demás está decir que ha sido un año lleno de aprendizajes y retos, de lanzarme a lo desconocido y de volver a conocerme. Mi red personal y profesional se quedó al otro lado del Atlántico, me dio un “baby brain” terrible así que lo olvidaba todo, todo el tiempo y quedarme en casa por nueve meses ha sido de lo más duro que he hecho en mi vida. No estaba acostumbrada a estarme quieta. Para mí la vida se vive haciendo, pensando, construyendo siempre. Y la vida misma me obligó a una pausa. Aún así no me arrepiento.

He retado toda concepción sobre mí misma, mis ambiciones y mi capacidad de adaptación. Me siento diferente y disfruto cosas que nunca me di la oportunidad de experimentar antes. Desde correr bicicleta por el campo inglés bajo la lluvia y en el frío hasta disfrutar el “commute” diario en el tren a la oficina. Puedo disfrutar un té inglés con leche a media tarde y no salgo de casa sin un abrigo impermeable.

Por supuesto que no se trata de ser otra persona sino de apreciar lo que este espacio me brinda e incorporarlo a mi experiencia de vida sin cancelar lo previo. Es un continuo acumulo de experiencias y nuevas perspectivas.

No sé si sea una buena historia, pero es la mía y así lo viví. Hoy soy más abierta, más flexible y sé que la felicidad viene en muchas formas y colores. En San Juan, en Boston, en Londres o en donde sea.

Mi vida poco a poco vuelve a la normalidad y la rutina se asoma. Si bien jamás me imaginé como madre, cada vez que veo a mi hija mi corazón se derrite un millón de veces, he hecho nuevos amigos, el trabajo marcha bien, soy una nueva integrante del American Women’s Club of London, mi esposo y yo estamos fundando el Anglo Puerto Rican Society para juntar a los boricuas de UK, en fin… hay que seguir.

Estoy bien. Estamos bien.

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