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Ivonne Bernard se mantiene optimista en medio de la crisis

La directora del Banco de Alimentos explica cómo logra saciar el hambre en lugares donde nadie más llega
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Bernard Rivera, quien asegura haber superado duras pruebas personales y familiares, ha lidiado con el fenómeno del hambre en Puerto Rico desde hace cuatro años junto a su equipo. ([email protected])
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Ivonne Bernard Rivera sabe que hay cosas sobre las que no puede hablar con todo el mundo, que hay elementos perceptivos, esas sensaciones interiores que resultan de una impresión material captada a través de lo sentidos o simplemente mediante la fe que algunas personas no pueden entender. Pero a ella esas sutilezas le han servido de guía en muchas ocasiones, como cuando decidió dirigir el Banco de Alimentos de Puerto Rico, o cuando sin imaginar que el país sería azotado por el más feroz huracán en su historia reciente, impulsó allí el proyecto Zona de Impacto Comunitario y adquirió equipamiento como una cisterna. El amor por el servicio lo heredó de sus padres y, particularmente, de una de sus abuelas. Además, se visualizó desde niña liderando proyectos.

Estudió administración de empresas luego de haber intentado hallar su vocación en la pedagogía. Trabajó en empresas privadas antes de que la vida la llevara a Fondos Unidos de Puerto Rico donde laboró por 15 años. Luego, fue a “Make a Wish”, donde el contacto con las familias de niños cuya vida estaba en peligro la marcó de modo tal, que cree fue lo que la hizo volcar su energía a combatir el hambre desde una organización fundada en 1988 por misioneros de distintas religiones.

“Uno de los padres (de niños a los que ‘Make a Wish’ concedió un deseo) en una ocasión se me acerca dejándome saber que más que tal vez concederle el deseo a su hija, él hubiese preferido que le hubiésemos dado comida, porque lo que necesitaban era alimentos. A veces, buscamos conceder cosas grandes, y realmente la necesidad es distinta, así que hice unos esfuerzos para hacerle llegar unas compras… Eso me marcó mucho”, revela.

Bernard Rivera, quien asegura haber superado duras pruebas personales y familiares, ha lidiado con el fenómeno del hambre en Puerto Rico desde hace cuatro años junto a un equipo de 14 empleados, la junta de directores y voluntarios por quienes se expresó muy agradecida. Luego del azote el huracán María a Puerto Rico en septiembre, la institución que encabeza se convirtió en el vehículo a través del cual instituciones y personas ayudan a decenas de miles de damnificados.

Figuras como Daddy Yankee, Jennifer López, Mark Anthony y las numerosas celebridades que se le unieron en el concierto “We Are One Voice: Somos Live!”, ven a Feeding America (organización de la que es parte el Banco de Alimentos) como una entidad confiable en la cual delegar la distribución de ayuda esencial.  El primero del que se supo fue de Yankee, quien prefirió llegar hasta la sede del Banco 10 días después del paso de María para entregar ayuda personalmente, confiado -según expresó a esta periodista- de que ellos cuentan con la experiencia para hacerlo eficientemente. El día de su visita, el Banco contaba con solo dos horas de combustible para mantener encendido el generador que le permite operar y preservar alimentos. Ese día, el artista ayudó a coordinar algo de suplido de diesel ante la inacción de las autoridades. Y es que del Banco de Alimentos se habla muy poco, a pesar de que su labor, afirma Bernard Rivera, es continua. 

“Distribuimos alimento durante todo el año a 130 organizaciones adscritas a nosotros que tienen programas de alimentos en la comunidad, ya sean hogares de niños, de envejecientes, personas discapacitadas, mujeres y niños maltratados, enfermos. Impactamos sobre 125,000 personas anualmente. Esta ayuda la brindamos gracias a las personas que nos apoyan, mayormente la industria de alimentos. El año pasado (2016-17), colectamos sobre 10 millones de libras de alimentos y se distribuyeron 9.8 millones (antes de finalizar el año fiscal)”, indica. Mientras, en los pasados días, tras el paso de María, han distribuido 2,252,746 libras de alimentos con las que han logrado alimentar a 84,229 familias. 

Algunas de las personas a las que alimentan llegan debido a un evento imprevisto. Para ello, según explica, cuentan con el programa “Compra de emergencia”, que funciona con 25 de esas organizaciones aliadas. Tras el paso del huracán María, el programa cobró un alcance insospechado gracias a la estructura creada a través de otro programa llamado “Zona de impacto comunitario”.

“A partir de estos cuatro años que llevo dirigiendo el Banco, hemos ido desarrollando estas organizaciones para que estén fortalecidas. ‘Zona de Impacto Comunitario’ es asistir a todas esas comunidades que por alguna razón no son atendidas con compras de emergencia, con alimento. Mucha gente desconocía que había esa necesidad, de que a pesar del PAN (Programa de Asistencia Nutricional) realmente todavía hay gente en la montaña que no recibe nada de eso. Empezamos identificándolas a través de las organizaciones adscritas al Banco de Alimentos, le decíamos: ‘De tu comunidad, estás atendiendo a todas estas, pero ¿cuáles entiendes que no has podido alcanzar?’. Las identificaban y juntos hemos manejado lo inalcanzable hasta ese momento”, reconoce.

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Previo a las entregas, Bernard Rivera elabora un censo con ayuda de los municipios para constatar el grado de necesidad e identificar lugares seguros donde reunir a las cerca de 300 familias a las que intentan llegar en cada visita. Antes de María, había tocado unas 60,000 familias adicionales en comunidades como Castañer, en Lares. Pero eso no fue todo lo que hizo la directora del Banco de Alimentos para procurar estar preparada ante lo que nadie imaginó. Similar a Noé, el que construyó un arca para proteger a una pareja de cada especie sobre la Tierra antes del diluvio, ella insistía en que había que prepararse para enfrentar grandes emergencias y más de uno la consideró exagerada.

“Ya yo venía viendo que la situación en Puerto Rico estaba bien complicada y me ha tocado, nos ha tocado como familia, también. Esa situación, incluso familiar, de la necesidad, nos lleva a reinventarnos y a buscar lo mejor de nosotros. Desde antes de (los huracanes) Irma y María ya yo iba hablando con la gente, que me decía ‘tú estás como que medio tostá’. Les decía ‘hay que hacer un almacén más grande, tenemos que hacer unas provisiones mucho mayores. Si Puerto Rico sufre de alguna situación, al estar en una isla, se nos va a dificultar poder entrar todo’. Aquí no había cisterna, el año pasado se puso una. Sentía que me iba a tocar en un momento dado trabajar algo en el Banco de Alimentos, así que traté de prepararnos”, relata.

Un elemento que define el carácter de esta mujer es su espiritualidad. “Dios es mi norte”, asegura. “Siempre me llama, me da unos 'cantacitos' para que yo reaccione, y siempre digo que uno tiene que saber lo que pide porque es bien creativo (ríe). A veces nos tocan cosas para las que no estamos preparados, pero nos ayudan a prepararnos para otro momento. Es parte de tener la capacidad de reconocerlo y tener esa comunicación con Él”, revela.

Una de las formas en que esta esposa y madre de dos siente que Dios se comunica con ella es a través de las canciones. Destaca “Calma” y “Dios no falla”, de Ricardo Rodríguez; “El privilegio de amar”, de Ednita Nazario, y “Abriendo puertas”, de Gloria Estefan. Además, ha creado un espacio de oración en su hogar. “Se llama Betania, porque Betania era el lugar de encuentro al que Jesús iba con María, Marta y Lázaro, era el lugar de encuentro con sus amigos. Es mi lugar de encuentro con Él, ahí es donde yo le cuento mis situaciones particulares, mis necesidades”, indica.

Pero su conexión espiritual no depende del lugar, cuenta. Resulta que su color favorito, anaranjado, es el color insignia de la concienciación sobre el hambre. “No sabía eso, así que creo que atraje también el trabajo (ríe). Cosas de la vida que solo a uno le hablan. No con todo el mundo  uno puede compartir unas experiencias que ha tenido. Otras personas, tal vez, porque no han desarrollado esa parte espiritual no pueden entenderlas”, sostiene.

Lo que sí le parece que debe estar claro para todos es que la pobreza en Puerto Rico existe, aunque con su característico optimismo asegura que se puede superar. “Aquí hablan de que yo soy súper, mega optimista y positiva, y que me tengo que bajar porque a todo le digo que sí. Tengo que aprender a decir más que ‘no’, por eso mismo, porque veo la necesidad y no veo imposibles. Siempre hay una manera”, insiste.

¿Es posible salir de la pobreza?

“Entiendo que sí. Pobreza (el concepto) lo atamos siempre con dinero y no es dinero, es que sepas aprovechar las oportunidades que se te presentan o buscar oportunidades para desarrollarte. No es dinero, es tener una oportunidad y decir ‘puedo aprender a hacer esto’. Hay mucha gente analfabeta, pero son excelentes carpinteros, artistas... (Lo importante) Es que eso que te mueve internamente lo desarrolles”, propone.

Está la pobreza y está la dependencia, ¿cómo ve la realidad de la dependencia en Puerto Rico? 

“Esa dependencia la hemos creado nosotros mismos, el sistema la ha creado. Al ser humano hay que darle las herramientas y las destrezas para que vaya desarrollándose y valorar lo que realiza, eso mucha gente lo ha dicho y es más de lo mismo, pero algo que ha sucedido en los últimos años es que esta clase pobre (a la) que por mucho tiempo le hemos dado casi todo en las manos, todavía no ha reaccionado ante la situación de que a ellos les toca participar para salir de donde están. Creo que María es una gran lección y una gran oportunidad para todos de hacer algo que salga de nosotros mismos”, analiza.

¿Cuál es su llamado a los individuos y a las instituciones para romper el ciclo o no permitir que vuelva a crearse el ciclo de la dependencia luego de María?

“Es un llamado más a la iniciativa de cada ser humano, porque sale del individuo el querer romper patrones, el querer romper con una cultura que no es favorable”, afirma.

Aun así, Bernard Rivera espera que el Banco de Alimentos amplíe su alcance a tono con la necesidad. Mientras sigue soñando con visitar París y fotografiarse frente a la Torre Eiffel, sobrevolar el Cañón del Colorado en helicóptero y jubilarse en su propia casa de playa, la ejecutiva anhela conseguir una sede más eficiente para su institución, que distinto a sedes en Estados Unidos no cuenta ni con acondicionadores de aire en el almacén. 

“Sabemos que ahora no, pero eventualmente nos gustaría ver un Banco que se acople más al diario vivir nuestro. Facilidades para los furgones, entrada y salida, algo más cómodo para que pueda llegar mucha más mercancía, para poderla manejar más rápido, y continuar desarrollando organizaciones líderes en programas de alimentación en sus municipios o en sus comunidades”, declara.

¿Cómo unirse?

Aquella persona o institución que desee convertirse en aliada del Banco de Alimentos tiene que constituirse en una organización sin fines de lucro registrada en el Departamento de Estado y el Departamento de Hacienda de Puerto Rico, contar con la exención contributiva estatal y la exención contributiva federal (501-C3).

Ivonne en tres palabras 

Dios
No es ‘hobby’, es parte de mi vida. Me ha dado lecciones hermosas que son las que me han ayudado a mantenerme y a levantarme.

Familia
No necesitamos a mucha gente para hacer un ‘party’. Todo lo celebramos, las alegrías y las tristezas, nos apoyamos. Mi reto mayor son mis hijos, dejarle 
un buen legado, ser un buen ejemplo.

Prójimo
El ser humano tiene la capacidad de cambiar, tiene que descubrir ese talento que puede poner a la disposición de los demás, inmaterialmente de si te están pagando o no. En la medida en que hagamos eso, Puerto Rico puede seguir creciendo.

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