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La bailarina Zulma Berrios revive la noche de su última función

La exprimera Prima Ballerina de Ballets San Juan comparte con Así lo Viví las emociones que marcaron el cierre de sus 30 años de carrera
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Zulma Berríos en su presentación final -'Adieu'- junto al primer bailarín ruso Leonid Flegmatov. (Foto por J. J. Hernández para uso exclusivo de BSJ y Magacín).
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Luego de 30 años como bailarina clásica profesional decidí que era mi momento para retirarme.  Fueron muchos años durante los que día tras día mi prioridad era el ballet.  Todo bailarín espera continuamente por ese único momento de estar en el escenario.
Fui la primera bailarina de la compañía de Ballets de San Juan por mucho tiempo. Puedo decir que soy la única bailarina en Puerto Rico que llegó a estar 30 años en la misma compañía y la última entrenada de la mano de Ana García, fundadora de Ballets de San Juan en 1954.  

BSJ es donde he crecido, donde maduré, donde me realicé como una bailarina y como profesional.  BSJ no solo ha sido mi lugar de trabajo por 30 años, es mi casa y mis compañeros, mi familia. Ahí tuve la oportunidad de bailar piezas de coreógrafos de todo el mundo, con parejas de nivel internacional. 

Tuve el privilegio de vivir una época de la cultura de la danza que con el pasar de los años ha mermado en la isla. El retiro luego de todos estos años había de ser la celebración de una carrera que me ha permitido vivir apasionadamente, entregada a una de las artes más bellas del mundo.

Ese momento llegó el pasado domingo, 28 de enero. Sabía que iba a ser un día especial, y aunque un poco ansiosa por bailar, no me encontraba nerviosa. Al contrario, estaba muy calmada. En el teatro, mientras me preparaba antes de la función, me sorprendí de tanta tranquilidad. Quizás era porque ya había tenido dos muy buenas funciones ese fin de semana, lo que me daba la seguridad que necesitaba en ese momento. 

Justo antes de entrar al escenario se asomaron un poco los nervios, algo completamente normal y que puede ser bueno porque da ese “shock” de adrenalina que uno necesita antes de bailar. Pero una vez hice mi entrada al escenario la audiencia me recibió con un aplauso y regresó la calma asegurándome que todo iba a estar bien. 

Desde el escenario es muy difícil identificar al público debido a las luces, se puede ver una que otra imagen, pero no con claridad. Sin embargo, el hecho de no verlos no quiere decir que una no los sienta, al contrario, durante esos últimos días sentí la energía de la audiencia y definitivamente una buena vibra por parte de todos ellos.
Una vez comencé a bailar pocas cosas pasaron por mi mente, simplemente me disfrutaba cada momento y me enfocaba en regalarle al público una buena última función, un grato recuerdo de toda mi carrera resumida en ese momento. 

Al terminar el cariño de la gente fue palpable, los aplausos me emocionaron mucho. Varios de los partenaires con quienes he bailado a través de los años subieron al escenario a llevarme flores, lo cual fue muy emotivo. Para culminar el saludo final, me obsequiaron una lluvia de pétalos de rosas blancas, una tradición europea para retirar a sus étoiles que no recuerdo haber visto antes en nuestra isla, un momento que quedará grabado en mi memoria por siempre.  

En ese momento sentí que el público estaba tan emocionado como yo, la sala estaba de pie y la felicidad que sentí es indescriptible. Vi a mis compañeros de la compañía backstage, la gran mayoría llorando y aplaudiendo. Entonces solo puede obsequiarles besos y mis aplausos desde el escenario. Bajé la cabeza y junté las manos sobre mi pecho en agradecimiento por tanto amor recibido. Sentí que mi corazón latía con fuerza. Fue como si todos los aplausos recibidos en estos 30 años sonaran al unísono.  

De repente, ya no estaba cansada, había recuperado el aliento y sentía que podía hacer la función de principio a fin de nuevo. Al bajar el telón fue inevitable dejar salir algunas lágrimas mientras mis compañeros me felicitaban entre abrazos y también en lágrimas. 

No pude dejar de pensar en aquellos que me brindaron su amor y apoyo como Ana García y Ramón Molina, entre otros tantos.

De vuelta a mi camerino luego de la función, sentí que de alguna forma mi cuerpo estaba más liviano, como cuando sueltas algo y lo dejas ir.  Apenas comienzo a darme cuenta de que mi rutina de vida ha cambiado y anticipo la nostalgia de tantos momentos inolvidables, aunque confieso que hoy más que nunca me embarga la certeza de que no dejaré de ser aquello para lo que nací: artista de la danza.

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