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La energía motivadora de sor Magna

Una monja salesiana y su equipo de religiosas y maestros llevan a cabo una labor educativa de transformación en el Colegio María Auxiliadora, en Barrio Obrero, una zona humilde y muchas veces olvidada
Entre sus prioridades, sor Magna quiere añadir más recursos para la educación de sus niños. (Foto: André Kang)
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Por casualidad o causalidades de la vida, su nacimiento y hasta el nombre escogido por sus padres se relaciona con la fe cristiana. Para empezar, nació un Sábado de Gloria, en el centro de la isla, en el barrio Sanamuertos de Orocovis. Antes, debido a un accidente y por temor a que el embarazo se malograra, su madre la encomendó a San Gerardo de Mayela, el protector de las mujeres embarazadas.

Así, contra viento y marea, llegó a este mundo sor Magna Mayela Martínez, quien hoy es la directora del Colegio María Auxiliadora, en Barrio Obrero, monja salesiana que lleva a cabo su labor   junto a otras hermanas y un equipo de educadores para que los 400 estudiantes que acoge la institución, la mayoría de esa comunidad, se desarrollen como mujeres y hombres de bien para la sociedad.

La historia de su nombre la cuenta entre risas, para luego explicar que como nació saludable, sus padres creyeron que era algo grande y por eso le pusieron Magna. Mientras que Mayela es en honor y “por esa gracia de intercesión del santo protector de las mujeres embarazadas”. “Así que desde el inicio empezó esa bendición de papá Dios en mi vida, con su mano cuidándome, porque para algo me quería en mi caminar”, afirma sor Magna, quien este año celebra sus 25 años como monja.

Sin embargo, con una pícara sonrisa acepta que al principio era su hermana, un año mayor que ella, la que quería ser monja. “En mi casa hay dos hermanos mayores y cuatro chicas; de esas, la segunda quería ser monjita -soy la tercera- y las demás le hacíamos la vida de cuadritos por eso. Pero en el caminar de la vida invitaron a mi hermana para unos votos perpetuos en otro pueblo y la catequista dijo que yo podía ir. Yo rápido dije que sí, pero era para ir al pueblo”, cuenta entre risas la religiosa. 

Pero dice que esa celebración fue tan hermosa que decidió no seguir molestando a su hermana por su deseo de ser monja.  “Cuando comencé a ver lo que hacían, empecé a sentir algo. A mitad de año, mi hermana se dio cuenta que no era su vocación. En cambio, yo sentía que mi corazón se explotaba de alegría y amor”, rememora emocionada.

Fue así como a los 15 años, decidió que ese era su camino, aunque sus padres se enteraron de casualidad, al igual que un “amiguito” que tenía en ese momento. “Yo le dije a él que lo apreciaba mucho, pero que el amor que sentía por Dios era muy grande. Todo el mundo se sorprendió”, cuenta sor Magna, tras resaltar que para su padre fue una decisión que lo impactó mucho.

“A él no le desagradaba que fuera religiosa, pero quería que terminara de estudiar y que decidiera después. Fue muy difícil ese proceso de aceptación”, recuerda la energética monja, quien terminó sus grados secundarios en el colegio María Auxiliadora y luego  viajó a Santo Domingo para estudiar cuatro años de preparación religiosa. 

Agente de cambio

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Desde que comenzó su andar como religiosa, sor Magna ha tenido muy claro su rol como un agente de cambio en los espacios por los que ha transitado.

Es lo que hace ahora como principal del Colegio María Auxiliadora, en Barrio Obrero, una zona que por años ha sido marginada y donde cientos de niños y jóvenes se pueden educar en un espacio que la religiosa y su equipo busca que tengan retos y oportunidades para desarrollar los talentos que eventualmente los lleven a ser ciudadanos productivos.

“Nosotros siempre estamos inventando, no nos podemos quedar tranquilos; lo que queremos es favorecer que estos niños tengan diversas experiencias. No tenemos muchos recursos, pero eso a nosotros no nos limita”, dice enfática, mientras pone el ejemplo del programa mañanero de noticias en el que participan todos los niños desde primero hasta sexto grado.

Se refiere a Noti-Salesianas y cuenta con distintas secciones que cada estudiante debe desarrollar con la guía de sus maestros. “No tenemos herramientas sofisticadas, pero los niños lucen muy bien. El programa requiere redacción de preguntas, hacer entrevistas, prestar atención a lo que ocurre en Puerto Rico y en el mundo, entre muchos otros tópicos. Sobre todo desarrollan destrezas de liderazgo, autodisciplina, aprenden a valorarse, mejoran su dicción… Es una oportunidad para valorar el talento que tienen”, opina sor Magna y recuerda que continuamente ponen en práctica lo aprendido.

“Por ejemplo, si algún niño va a un lugar, se toma fotos, graba con su teléfono y luego lo incluye en el noticiero. Hace un tiempo, un grupo fue a una heladería nueva y entrevistaron al gerente y luego presentaron la historia en el noticiero. Eso es crear en ellos ese sentido de misión, además de ahí puede salir eventualmente el interés de convertirse en reporteros, en camarógrafos o en una profesión relacionada”, explica la educadora satisfecha. Pero aún si no optan por una carrera que se relacione con las comunicaciones, dice que el ejercicio es una oportunidad para desarrollar destrezas para cualquier otra profesión.

El día de la visita de El Nuevo Día, el equipo de noticias presentó la historia de la realización del primer trasplante alogénico de médula ósea en un paciente adulto en Puerto Rico, un procedimiento liderado por el doctor Alexis Cruz Chacón, en el Hospital Auxilio Mutuo y que según dijeron, estudió en el Colegio María Auxiliadora.

Dana Cabrera Jiménez, de 5 años, fue una de las reporteras del equipo, quien dice que se prepara “estudiando mucho” el libreto que se prepara el día antes. “Junto con mi mamá veo las noticias para saber lo que está pasando”, agrega la niña. Mientras que Ángel Payano, de 11 años, afirma que participar en el noticiero “le ha ido quitando los nervios”. De la misma forma se expresa Keyshla Sánchez Cruz, quien asegura que es “una experiencia única que me ha ayudado a hablar con más fluidez y estar más concentrada”, agrega la joven de 12 años. 

Soñar con más

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Pero sor Magna quiere añadir más recursos para la educación de sus niños. Por ejemplo, tener un buen laboratorio donde los niños aprendan otras destrezas. Pero sobre todo, le gustaría que todos los salones de clases se conviertan en “laboratorios de aprendizaje”. Un objetivo que quienes la conocen, saben que va a lograr. Recuerda, por ejemplo, la experiencia que tuvo hace unos años cuando estuvo en la “querida barriada Morales” en Caguas, donde formó un grupo de voleibol y logró el Primer Congreso de Preadolescentes a nivel internacional.

“Además surgió la idea de traer niños que estuvieran en situaciones de riesgo y se me ocurrió decir que les pagaríamos el pasaje. No teníamos dinero, pero sabía que lo íbamos a lograr”, relata sor Magna, tras recordar que los primeros $100 se los dio su madre para que abriera la cuenta en el banco. “Eso se multiplicó a través de múltiples actividades y donaciones. Vinieron 540 niños desde Canadá hasta la Patagonia”, agrega satisfecha. 

También rememora cuando jóvenes de la barriada soñaban con ir a Roma a conocer al papa. “Yo les dije, si quieren ir, vamos, pero hay que trabajar. Y hasta la noche antes estuvimos haciendo bingo para obtener más fondos”.

Son solo algunos de los retos que ha logrado superar la “monjita”, como ella misma se describe. Una monjita que le encanta bailar, jugar voleibol y baloncesto, así como hacer coreografías de bailes para sus “niños”.

Ahora se recuperan de los estragos del huracán y dice que la comunidad ha sufrido mucho. Familias que lo han perdido todo y niños que todavía presentan síntomas de estrés postraumático.

Fue cuando dice que pidieron algunas ayudas y la Universidad Carlos Albizu y el Centro Buen Pastor llegaron para ofrecer sus servicios psicológicos, así como la Editorial SM para que, a través de los cuentos, los niños expresaran lo que estaban sintiendo.

Sor Magna se emociona al recordar este evento, al punto de que se le quiebra la voz cuando habla de lo que vivieron ellas, así como la comunidad de Barrio Obrero, un sector en el que muchas de las casas fueron arrasadas.

“No nos llegaron grandes camiones (con ayuda), pero la gente que sabe el trabajo que hacemos, llegó con compritas y con eso preparábamos comidas para los niños”, rememora la monja.  De hecho, dice que todavía quedan muchas familias que no han podido rehacer sus vidas, que viven en casa de familiares y vecinos o que no tienen los medios para reconstruir sus hogares “porque las esperanzas que tenían en FEMA tampoco llegaron”.

Vida de crecimiento

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Celebra 25 años de haberse consagrado como hermana salesiana, pero sor Magna se apresura a aclarar que son 30 porque desde que sintió el llamado, a los 15, ya estaba con las religiosas. Dice que lo ve como un “camino en el que voy creciendo y aprendiendo con ellas”.

Conversar con sor Magna, es una oportunidad de contagiarse con su entusiasmo. De complexión “petite” y aun con una pierna enyesada, producto de su interés por seguir jugando e interactuando con sus estudiantes, la religiosa exuda optimismo y, sobre todo, mucha fe en la “providencia”, en que su Dios nunca la abandona. Habla a borbotones y nunca pierde el hilo de la conversación, aun en ocasiones en que es interrumpida por los niños que vienen en busca de un abrazo. Un simple acto de cariño que a ella la enternece y la llena de fuerzas e inspiración para seguir adelante.

“Sobre todo, quiero cumplir el plan de Dios. Lo que hacemos es porque Dios obra en nosotros y nos usa como instrumento. Estoy en esta comunidad, en la que yo me siento muy feliz. Hubo unas hermanas que llegaron en 1961 e iniciaron este trabajo, ahora me toca a mí y más adelante le tocará a otras. Lo importante es que la obra de Dios no termine”, afirma sor Magna, quien cree que desde los inicios de la religión, la mujer ha tenido un rol muy importante.

“Hay unos tecnicismos y, por tradición, unos retos. Pero, ciertamente, la mujer ha aportado mucho a la religión, el que sea reconocido es otra cosa. Yo como mujer, como religiosa y como profesional siento que aporto a la Iglesia, a la filosofía y misión, así como en el desarrollo diario”, menciona la religiosa, mientras recuerda que el papa Francisco "no tiene pelos en la lengua" y ha invitado a los sacerdotes y a sus obispos a que se le dé más participación a las mujeres.

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