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Llegar a la mayoría de edad

Cuatro jóvenes comparten sus metas y los retos de crecer en estos tiempos
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Sabrina Rodríguez, Xiomarys Nicol O’Neill, Mairaly Rodríguez y Valeria Pomales Rosado. (Foto: [email protected])
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Se dice que cada edad tiene sus placeres, su razón y sus costumbres. Pero parece que cumplir 21 años es como pasar una frontera entre la adolescencia y una adultez joven con un futuro lleno de esperanzas, ilusiones y toda la energía del mundo para lograr cualquier objetivo. 

En estos días, Magacín también llega a la mayoría de edad con todo el entusiasmo y ganas de aportar a la sociedad como lo ha hecho desde su primer cumpleaños. Pero hoy, a modo de homenaje a todos los jóvenes de Puerto Rico, les presentamos cuatro ejemplos de mujeres que también celebran ese natalicio con una esperanzadora madurez, con proyectos y muchos deseos de aportar a la sociedad, de lograr cambios y de ser ejemplos para sus pares.

Son parte de la generación denominada como “pos millennials”,  nacidos entre 1980 y  2000, que valoran el acceso a las redes sociales y al mundo digital y que, en términos generales,  son muy  diferentes a generaciones pasadas. Son jóvenes como Sabrina Rodríguez, Xiomarys Nicol O’Neill, Valeria Pomales y Mairaly Rodríguez, quienes cuentan un poco de sus vidas, sus deseos de cumplir con sus sueños.

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Valeria Pomales Rosado

Es estudiante de actuación en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras y tiene un trabajo a medio tiempo en una tienda de ropa para jóvenes. Además, modela y tiene una línea de camisas con diseños gráficos que ella misma crea, gracias a sus estudios en la Liga de Arte de San Juan y en la Escuela de Bellas Artes de Carolina.
La razón por la que comenzó a hacer las camisetas, según cuenta, es porque ha pasado por muchas experiencias de acoso sexual tanto en la calle como en algunos trabajos que ha tenido. Pero una experiencia que pasó el año pasado la traumatizó. 

“Trabajaba en un restaurante y un día salí de noche, pero como estaba estacionada cerca pensé que no era necesario pedirle a algún compañero que me acompañara. Cuando caminaba por la acera, un hombre empezó a gritarme que fuera a su carro. Crucé la calle y me monté en mi carro y como era de una sola vía, pensé que iba a seguir, pero se estacionó al frente y tuve que sacar el carro en reversa. El empezó a hacer lo mismo y yo comencé a tocar bocina, estaba muy asustada, pero en el momento tuve que contenerme porque tenía que reaccionar y ver cómo iba a salir, pero luego empecé a temblar y a llorar.  Siento que me traumó mucho”, relata.

Precisamente, esa experiencia es la que la ha motivado a querer hacer un cortometraje o algún tipo de campaña visual donde pueda mostrar en la posición en que está la mujer que es acosada en la calle.  “A veces cuando verbalizo lo que me pasa, mucha gente dice que tengo que ignorarlo, que los hombres son así y que eso siempre ha pasado. Yo pienso que no, que no tengo por qué despertarme por las mañanas y tener que pensar en qué vestido me voy a poner para que no me acosen”, enfatiza Valeria, quien recuerda que a partir de esa y otras experiencias que ha tenido, se sentía  incómoda en su cuerpo.

“Sentía que era mí culpa. Pero ahora sé que esa no es la forma de pensar, aunque estoy segura de que muchas muchachas deben sentir lo mismo. Es sentir que tu cuerpo es una figura sexual y que tienes que taparte para no atraer”.

Por ejemplo, dice que hizo una camisa con un logo que dice “Quiero vivir en un mundo en donde mis tetas no ofendan a nadie” y un dibujo de los senos.  “La idea es quitarle la sexualidad que se le ha dado a los senos; mi cuerpo  no es un objeto sexual y no tengo porqué taparme para evitar que eso suceda”. Por eso, quiere concienciar sobre el acoso callejero “y que las mujeres podamos caminar libremente y no tener miedo de que me puedan gritar o decir cosas que me molestan y que además me dan miedo”.

De la misma forma,  quiere enfatizar en la importancia de la educación. “En mi caso, pienso que soy una mejor persona desde que entre a la universidad y empecé a tomar conciencia de la realidad en la que vivo. En Puerto Rico hay demasiada ignorancia y la sociedad tiene unos ideales que son un poco hipócritas y hay que romper con eso. Se critica mucho a la pareja gay, a la muchacha que no se pone el ‘brassier’ o el que fuma marihuana. Pero hay violencia infantil y contra la mujer, algo que se ve todos los días en las noticias, pero muchas veces no se le da la importancia que merece”.  

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Mairaly Rodríguez

Llegó a Puerto Rico desde el Bronx, Nueva York, en busca de oportunidades de estudios universitarios debido a que su padre le dijo que aquí era más económico. Vino sola, sin tener familia y sin conocer bien el idioma.

“Mi padre quería que yo estudiara leyes,  aunque  yo siempre pensaba más en algo relacionado con las artes. Me aceptaron en la Universidad Interamericana, recinto metro, pero después de un semestre me salí”, rememora la joven, quien luego optó por un certificado como técnica de veterinaria. 

Fue cuando también abrió su canal “Harmonicurls” en Youtube e Instagram, debido a que le  hacían muchas preguntas sobre cómo cuidaba sus rizos, algo que se ha convertido en su sello de identidad. También empezó a postear fotos  y “de repente mis redes sociales explotaron”.  De hecho, actualmente tiene 94,400 seguidores en Instagram y 165,000 en Youtube.

“Me empezaron a contactar agencias de modelaje y compañías grandes de productos”, explica Mairaly, quien también tenía trabajo en un “Call Center” para cubrir sus gastos. Sin embargo, como le pasó a muchos, después del huracán María, lo perdió.

“Una amiga puso en mis redes sociales que necesitaba ayuda para salir de Puerto Rico y mis seguidores recaudaron cerca de $2,000. No podía creer  que la gente se preocupara tanto por mí. Luego, cuando todo se normalizó, regresé y ahí me di cuenta que mis redes sociales podían ser fuente de trabajo. Necesité ese empuje de perder el trabajo para disciplinarme y ponerme crear”, explica la modelo, mientras resalta que vivimos en una era en que las redes sociales pueden ser una fuente para las compañías llegar a los clientes. 

“Si saben que hay mucha gente  que está pendiente a lo que posteo, se acercan para que  mencione o use sus productos y pagan por eso”, explica Mairaly, mientras resalta que ella solo acepta productos que cree que son buenos.

“Yo comencé a crear algo por diversión, pero un día te despiertas y te das cuenta que has hecho la diferencia en las vidas de muchas personas. Lo sé porque me escriben y me dicen que fui su inspiración para dejarse sus rizos y eso me encanta”, asegura la joven, aunque acepta que ella era bastante insegura.

Cuenta que se burlaban de ella; le decían que era anoréxica, que era un palito “y no te sientes la persona más bella del mundo”.  Con el tiempo, sin embargo, fue  “descubriendo que hay ciertas ropas que complementan tu cuerpo y que te ayudan a que te veas bien, al igual que buscas formas de lucir tus rizos”. 

Por  ahora, la preocupación más grande que tiene es  buscar maneras de usar estas plataformas para seguir diversificándose. “Lo otro es que te tomen en serio porque a veces te ven muy  joven y devalúan tu trabajo  o  tratan de pagar menos de lo que tú sabes que vales”, agrega Mairaly, quien cree que su generación es muy independiente y si no le dan las oportunidades que busca, se las crea.

“Somos una generación con una mente muy abierta y con muchos deseos de echar hacia adelante”, asegura la joven, aunque admite que hay un estereotipo de que los “millenials” no quieren tener muchas responsabilidades.

“Puede que haya un grupo -como pasa en otras generaciones- que ven el producto del trabajo duro de otras personas y quieren llegar ahí sin hacer pasar por lo mismo.  Pero sigue siendo un estereotipo”, enfatiza. En ese sentido, su mensaje a los jóvenes es que si quieren algo, se eduquen, lean y se orienten bien sobre lo que quieren hacer.
 “Si te quedas sentado esperando a que alguien te dé la oportunidad, eso no va a pasar; tienes que crear un plan de cómo llegar del punto A al punto B y poco a poco vas a ver cómo las puertas se van abriendo. Toma tiempo, no todo es de un día para otro, pero es posible”. 

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Sabrina Rodríguez

A sus 21 años, Sabrina Rodríguez dice que el reto mayor que ha enfrentado es encajar en la sociedad. Acepta que vivía en una especie de burbuja y mientras concursaba en el certamen de Miss Universe Puerto Rico 2018 -donde representó al pueblo de Naranjito-, se dio cuenta que para ella no era fácil adaptarse los cánones de la sociedad en que vive.

“No tengo el look particular que tienen muchas mujeres y a veces eso es un poco chocante para la gente y es frustrante ver cómo te critican o te dicen cosas negativas solo por un recorte. Me parece que vivimos en una sociedad un poco insensible”, afirma la joven, estudiante de química en la Universidad Interamericana.

Sabrina, quien se define como una persona alegre, que le gusta ayudar a las personas, cuenta que unos años antes de concursar, decidió raparse la cabeza como un homenaje a una tía que falleció de cáncer, además de que su padre también es sobreviviente de la enfermedad.  “Ahora ya es como mi marca; es un granito de arena que quiero aportar para expresar mi solidaridad con los pacientes de cáncer o con los que sufren de alopecia, es como decirles que estoy con ellos”, agrega. 

De hecho, cuenta la pérdida de su tía y el diagnóstico de cáncer de su papá son dos de los principales problemas que ha tenido que enfrentar en su corta vida. “En esos momentos sentí que el mundo se me venía abajo, pero aquí estamos. Eso me sirve de ejemplo cuando me siento decaída y digo, sabes qué, algo tan grande como el cáncer lo pudimos afrontar juntos como familia y ante eso, cualquier otra cosa se hace pequeña”.
En términos de la desaprobación o críticas que ha tenido por su recorte, afirma que eso no va a impedir que siga adelante con su propósito de mantenerse fiel a sus creencias y de promocionar cambios sociales que cree son importantes. Uno de ellos, darle más énfasis a la educación.

“Sin una juventud educada no hay futuro y si no hacemos algo por los niños que van creciendo, no vamos a tener el país que queremos. Por eso se le debe dar más importancia a la educación  y a las escuelas. Se debe promover más que todos los niños tengan la mejor educación”, exhorta.

La joven también opina que la generación que representa tiene muchos retos  sociales y económicos al frente, pero aun así, cree que “somos muy luchadores”. “Soy estudiante y conozco a muchos de mi edad que estudian y tienen hasta tres trabajos y eso un gran reto. Pero sé que vamos a salir airosos”, afirma, mientras resalta que le encanta estudiar química y sobre todo, le gusta mucho trabajar en el laboratorio. “Los planes son irme por el área de farmacia”.

A sus pares les diría que la vida no es fácil, “pero es muy hermosa y hay que vivirla día a día”. “Creo que no debemos estresarnos o preocuparnos por el mañana, sino vivir el día a día. Pero también debemos ser más sensibles, más solidarios. Creo que eso es una parte importante para crecer y ser una mejor persona. Hay que luchar por lo que uno quiere y, si realmente lo deseamos, todos nuestros sueños se van a hacer realidad”, afirma Sabrina, quien cree que la belleza de la mujer puertorriqueña es especial. 

“Somos una raza de mujeres luchadoras y emprendedoras, siempre he pensado que para las puertorriqueñas no hay nada imposible. Mi madre me enseñó que podemos hacer de todo, sin importar las adversidades con las que nos enfrentemos a lo largo de la vida. Creo que somos una raza hermosa y me siento sumamente orgullosa de ser parte de ella”.

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Xiomarys Nicol O’Neill

Desde los dos años, Xiomarys Nicol O’Neill Navarro vivió en el residencial Las Margaritas, en San Juan, y a los seis llegó al Boys & Girls Club de Puerto Rico, ubicado en el mismo residencial. Allí,  según dice, fue que se pudo  desarrollar como líder, destacarse en los deportes y finalmente, convertirse en Joven del Año en 2014, el evento más importante de esta institución sin fines de lucro, en el que se resalta el liderazgo de los jóvenes.  Además, con el programa Diplomas to Degrees, la ayudaron a conseguir un trabajo y entrar a la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez “que para mí es el logro más importante en la vida”. 

Por eso el reto más importante ahora mismo para Xiomarys es terminar sus estudios universitarios, seguir maestría y   luego conseguir un trabajo en el área que estudia, química. “Me quiero especializar en química forense, un área que desde pequeña me ha gustado”, afirma entusiasmada la joven, a quien le preocupan los problemas de drogas, pobreza y criminalidad que se vive hoy día en la isla.

“Yo viví en un residencial público, donde uno ve problemas literalmente todos los días, especialmente la pobreza. Por ejemplo, en el Club (Boys & Girls Club), de cada 10 jóvenes que se atienden, nueve viven bajo el nivel pobreza, incluyéndome. El crimen y las drogas, son dos de los problemas más grandes que enfrentan los jóvenes allí. Otro es la falta de valores, tanto de los padres como de los mismos jóvenes que no tienen un apoyo. Por eso el Club fue tan importante en mi vida, porque ellos nos daban ese apoyo tan necesario que, a veces, en la casa o en la escuela no lo podíamos encontrar”, explica Xiomarys , aunque cree que son problemas que afectan a toda la isla.

“Pienso que se le debe dar más apoyo a instituciones como Boys & Girls Club, ya que ellos hacen el trabajo que el gobierno no tiene la facilidad de hacer. Creo que si el gobierno promoviera más a estas instituciones sin fines de lucro, que se encargan de educar y dar valores a los jóvenes, habría mucho menos criminalidad y problemas”, enfatiza la joven, quien desde muy joven tuvo que ocuparse de dos hermanos menores a raíz de que su madre se enfermó de cáncer y se fue a Estados Unidos en busca de tratamiento.

“Pero mis padres siempre han estado ahí alentándome para que no me rindiera y siguiera estudiando para tener un mejor futuro”, agrega Xiomarys, quien dice que la adaptación en Mayagüez fue muy difícil.

De hecho cuenta que estuvo un semestre completo sin poder ver a sus padres ni a sus hermanos.  “Ahora mi ilusión es poder entrar a hacer la maestría; tengo pensado irme a España o México para especializarme  en química forense. También tengo planes de construir mi propia casa y, claramente, estar económicamente estable para ayudar a mi familia”,  agrega, mientras asegura que la forma más fácil de aportar a la sociedad  es dando el ejemplo, apoyando a los que lo necesitan y que “los más jóvenes vean un modelo en ti, tanto en valores como profesionalmente”.

Además, le parece que en vez de estar constantemente hablando de concienciar a los jóvenes sobre la importancia de los valores, también se debe enfatizar en que los mayores se encarguen de hacerlo con sus hijos desde temprana edad. “Es la mejor forma de que cuando esos jóvenes tengan sus propios hijos, también lo puedan hacer y no sea el gobierno u otras entidades los que se encarguen de esa labor que debe venir desde el hogar”.
 
 

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