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María Belón: “Y hoy para qué”

Comparte sus lecciones de vida y resiliencia a raíz del evento catastrófico que le enseñó la posibilidad de sentirse mortal cada día
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El tsunami del 26 de diciembre de 2004 arrastró a los miembros de la familia de María Belón, separándolos. (Foto: Suministrada)
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Cuando cuenta la historia vivida por ella y su familia aquel 26 de diciembre de 2004, en Khao Lak, Tailandia, María Belón lo hace como si la hubiera vivido recientemente y, aunque no lo verbaliza, parece asegurarse de que sus interlocutores puedan entender el significado de sus palabras. Al escucharla, es obvio que no pronuncia palabras livianas, pues, aun a través de la vía telefónica por la que se realizó la entrevista, revuelcan los sentimientos y provocan escudriñar en nuestros adentros cuál es el propósito de nuestra vida. Sin ver su cara o sus gestos es fácil percibir el amor con el que quiere transmitir su experiencia y transformar otras vidas.

Una experiencia inesperada

La doctora y abogada española cuenta que se encontraban en los últimos dos días de los doce que duraría su recorrido por Tailandia y aunque en el plan original iniciarían la ruta en Khao Lak, la logística se complicó y cambió sus planes. “Eran los últimos dos días para descansar de los diez días que habíamos estado haciendo mucho turismo con los chicos”, narra.

En ese entonces vivían en Japón y este viaje sería la vacación familiar perfecta, hasta que se materializó lo que por mucho tiempo había literalmente soñado: una ola gigante se tragaba a sus hijos. Un terremoto de magnitud 9.1 en el Océano Índico y con epicentro en la isla de Sumatra originó el tsunami que arrasaría con el hotel donde se hospedaban y devastó a varios países asiáticos, dejando un saldo de más de 230,000 vidas perdidas.

La realidad supera la ficción

“La claridad de los sueños que tuve, fue realmente de susto”, rememora Belón, al añadir que en sus sueños recurrentes vio el hospital y hasta las carreras que dieron con ella para salvarle la vida. Aunque mucho antes de esta experiencia su marido Enrique Álvarez (Quique) le aseguraba que eran solo sueños, ella estaba convencida de que en algún momento se encontraría entre la vida y la muerte. Y así fue. El tsunami del 26 de diciembre de 2004 arrastró a los miembros de su familia, separándolos. Y ella, que había sufrido múltiples traumas y había estado sumergida debajo del agua por más de tres minutos, sentía desesperanza y que moría poco a poco. “Yo soñaba con esto, pero nunca creí que fuera a ser realidad”, enfatiza Belón.

El relato es más increíble y maravilloso porque todos los miembros de su familia -su esposo y sus hijos Lucas, Simón y Tomás- sobrevivieron lo improbable y se reencontraron luego de dos días y medio. Su historia fue inmortalizada en una película del director Juan Antonio Bayona en el año 2012, ‘Lo imposible’ (The Imposible), en la que se muestra solo una fracción de lo sucedido.

“Fueron dos días y medio, donde mi familia estuvo muerta”, dice María, quien menciona que tomó parte en el desarrollo del guión y que por cuatro años y medio trabajó en la realización de la película para asegurarse de que todo se presentara tal como ocurrió. “Ahí realmente aprendí que la realidad supera la ficción”. Añade que la película refleja exactamente lo sucedido con una salvedad, “que se suavizó mucho la situación por respeto a las víctimas”.

Buscando explicaciones

Es claro que sobrevivir el tsunami que devastó a varios países asiáticos, dejando un saldo de más de 240,000 vidas perdidas fue una experiencia sin parangón. Y, por años, Belón acepta que trató de buscar explicaciones lógicas a cómo lograron sobrevivir. Buscó respuestas en el estudio de los sueños mediante la psicología junguiana, habló con un físico cuántico sobre la relación del tiempo y el espacio, y analizó la posibilidad de que el inconsciente colectivo le hubiera permitido introducirse en un mundo más profundo y que sobrepasa el entendimiento del ser humano.

“Yo creo que puedo vivir siete vidas y no entenderé el porqué de esa suerte para nosotros y por qué tanto dolor y tanta desgracia para otra gente”, analiza, al mencionar que “finalmente, esa pregunta me la cambió mi hijo chiquito y me dijo: ‘mamá, cambiémosla para por ‘para qué’… para qué estamos vivos y para qué seguir viviendo”, explica Belón, al recordar el momento en el que reconoció la posibilidad de transformar una experiencia de dolor en la certeza de que lo que lo único que le toca es saber para qué quiere vivir cada día. Desde entonces, “cada mañana me pregunto ‘y hoy para qué’”, dice convencida de que ese es, precisamente, su llamado de vida.

Vivir es decidir

¿Cambió María Belón por la experiencia vivida? “No te podría decir si yo cambié o si lo que hice fue reafirmar los valores que me habían regalado mis papás y hacer que fueran prácticos en mi vida; que fueran el foco y la luz de mis decisiones”, destaca. “La vida misma te hace la pregunta de cómo te vas a quedar: como víctima o como aprendiz, y nosotros decidimos que tomábamos el camino de aprender de la vida”, dice. En este proceso, el humor también jugó un papel esencial, tanto en su recuperación como en su renovado propósito.

Asiente que uno de sus mayores aprendizajes es vivir cada día “con la certeza de que todo lo que tengo, soy”.

Enfocar el dolor

Vivir una experiencia como la que vivieron María Belón y su familia es difícil y dolorosa, pero fue un proceso, mediante el cual la vida todo el tiempo te dice que te toca aprender algo más. “Esa es la manera de enfocar el dolor y las dificultades que, inevitablemente, van a llegar”, expresa Belón. Los retos de la vida “nos regalan la opción de aprender y de hacernos más fuertes y más sabios”, relata.

Dice que uno de los regalos de esta experiencia ha sido, indudablemente, la posibilidad de sentirse mortal cada día, en el mejor sentido de la palabra.

“Creo que, muchas veces, el ser humano tiende a vivir como si la inmortalidad fuera una de sus esencias y siempre posterga las cosas difíciles, lo incómodo, los compromisos, las decisiones fuertes, el ‘ya lo haré mañana’; y, de repente, de un azote, la vida te quita el mañana y te lo pone como lo que es, como una mera ilusión”, razona. Sin embargo, “lo único que todos tenemos en la vida es el aquí y el ahora. Asegura que ese pensamiento debe calar en cada una de nuestras células.

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