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Más que hermanas, amigas: María Angélica y Angélica María

Una conexión “mágica” guía a las gemelas, quienes emprenden un proyecto de educación especial
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Tras haber trabajado en la corriente regular, la vida conspiró para que laboren como maestras de educación especial, en el DE. (Teresa Canino)
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Nota de las editoras: Esta historia es parte de una serie sobre hermanas inspirada en el Día de la Amistad que se celebra el 14 de febrero. 

La relación entre María Angélica y Angélica María es tan fuerte que hasta pueden comunicarse sin intercambiar una palabra. Son un ejemplo de gemelas idénticas en las que, si una siente algún tipo de dolor, la otra también lo percibe. Así es la historia que nos revelan en donde esa conexión que describen como “mágica”, ha sido clave en el desarrollo de sus vidas. 

Desde que eran pequeñas ha existido esa unión especial. Cuentan que siempre han sido mejores amigas, cómplices, compañeras de aventuras y confidentes. Tampoco se han peleado ni han sentido celos una de la otra.

Nacieron el 22 de diciembre en Bayamón y actualmente tienen 41 años. “Nos criamos en el barrio Maricao, en Vega Alta, en el seno de una familia pobre. Nuestra casa era de madera y zinc. Allí vivía mi papá Félix, nuestra madre María Luisa, nuestros abuelos, y nosotras”, precisa María. 

Su padre era cocinero y su madre enfermera. Mientras ellos trabajaban, los abuelos cuidaban de ellas. “Nos criaron con valores muy altos. Nos recalcaban que teníamos que respetar a nuestros abuelos, vecinos y familia mientras ellos estaban fuera, buscando el sustento de nuestro hogar”, afirma Angélica.

Entre ellas hay comunicación especial. “Puedo transmitirle mentalmente lo que pienso y ella a mí. Estando separadas, hemos comprado ropa igual y hasta la misma comida”, asegura María. “Y si María está triste o contenta, lo percibo.  Mi mamá dice que somos una”, agrega Angélica. 

Es tanta la conexión que, una vez, María se torció una pierna y la llevaron al quiropráctico. Angélica la acompañó. “Mientras le daban masajes a María, a mí me salían ronchas rojas en la piel y sentía el dolor”, subraya Angélica.

Aunque confiesan que no se han peleado, sí han hecho travesuras. A la edad de cinco años María se fracturó la mano y le pusieron un yeso. Sin embargo, la recuperación se prolongó por más tiempo de lo que el médico estimaba. La razón es para reírse.

“Yo también sentía el dolor en mi mano. A los días, María descubrió cómo quitarse el yeso y prestármelo. Yo me lo ponía y luego se lo devolvía. El ortopeda no entendía por qué no mejoraba la mano; hasta que nos descubrieron”, reconoce Angélica. 

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Desde pequeñas han estudiado en la misma escuela, han tomado los mismos cursos y han obtenido los más altos honores. “Es que tenemos los mismos gustos en todo, menos en la pareja. Ahí sí es individual”, aclara Angélica. 

Se graduaron de cuarto año de la Escuela Ladislao Martínez Otero en Vega Alta con dos diplomas: General y Comercio. De la Universidad Interamericana tienen dos bachilleratos, uno en Tecnología Médica y otro en Español de Secundaria. En Caribbean University de Bayamón, hicieron un bachillerato en Artes en Educación (4-6); Maestría en Artes en Educación en Currículo (4-6) y están terminando el doctorado en Filosofía y Diseño Curricular y Enseñanza (4-6).  “Nuestra meta es ser catedráticas y pertenecer al Departamento de Educación (DE) a nivel administrativo, para servir de apoyo a los maestros de educación especial”, plantea María.

Sueño por enseñar 

Tras haber trabajado en la corriente regular, la vida conspiró para que laboren como maestras de educación especial, en el DE. María trabaja en la Escuela Rafael Colón Salgado, con niños autistas y Angélica en la Ludovico Costoso, con niños de discapacidades variadas.  “Al no haber cupo en el nivel k-6, nos nombraron maestras de educación especial y nos encantó la población. Así que, decidimos hacer un bachillerato en esa rama”, sostiene Angélica.

Al llegar a Educación Especial, notan que apenas hay recursos para esta población y empiezan a escribir libros de inclusión, sin saber dónde publicarlos. “Conocimos en internet el colectivo ‘A puro cuento’, compuesto por educadores y escritores del proyecto S.O.M.O.S. (Servicios Organizados al Manejo y Orientación de los Sentimientos). Es un proyecto de inclusión a través de los libros”, expresa María.

Bajo ese proyecto y la Editorial Raíces, se han publicado 12 libros, cuatro de ellos: “Dímelo en señas”, cuaderno de lenguaje de señas, para que la población general pueda comunicarse con la sorda; “El niño autista alto”, sobre un niño autista; “Nati, la niña de los ojos diferentes”, basado en la historia real de Nati, una niña de síndrome de Down, quien se integra a la sociedad como ayudante de maestra de niños de educación especial y “La rutina diaria en mi salón de clases”, cuaderno para desarrollar actividades en la población de educación especial. “Lo que queremos es que el DE integre nuestros libros como recurso educativo en las salas de clases de Puerto Rico”, recalca Angélica. 

Las hermanas también son las payasitas Mary Kuchy y Kuchy Mary y pertenecen a varias asociaciones de payasos.  “Estudiamos el arte de hacer reír y para entrar a los hospitales, tomamos un curso de capellanía”, sostienen. 

Por su gran desempeño y entusiasmo, las gemelas han recibido infinidad de reconocimientos, entre estos, maestras del año, payasas profesionales, embajadoras de la paz y más. “Dios es el centro de nuestras vidas. Nos ha dado diferentes talentos, dones y sabiduría y, como hermanas, es nuestro deber utilizarlos por el bien de los demás”, puntualizan.

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