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Mujeres reflexionan sobre cómo aportar a un mejor campo laboral

Líderes del Capítulo Mujer Industrial de la Asociación de Industriales hablan acerca de cuánto falta para alcanzar mayor equidad laboral
  • Por Ana Teresa Toro
  • 27 MAY. 2018 - 08:00 AM
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Desde la izquierda Elizabeth Plaza, Zulma N. Suárez y Verónica Cruz. Sentadas, Bettina Mercado y Rosa María Hernández. (Foto: Vanessa Serra / GFR Media)
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A ellos se les conoce y se les nombra por el título o por el apellido, a ellas por el nombre. Nunca será la doctora Cruz como sus colegas, para ellos será Verónica, sin más. Parece un detalle menor si no fuera por lo que carga en materia simbólica. El título, la educación, lo racional antecede al hombre. La mujer, queda sólo como sujeto, su género antecede su preparación. Es decir, aún faltan muchos escalones por subir en la búsqueda de equidad laboral para la mujer. Sin embargo, la conciencia de esta realidad, no impide el reconocimiento de los logros alcanzados.

Antes eran 100 hombres y tres mujeres gerenciales en una convención profesional, hoy esos números poco a poco se van balanceando. Cada día hay más mujeres líderes en la política, en el mundo intelectual y en los máximos puestos directivos en todas las industrias. No se ha alcanzado la meta, pero la balanza ya se va inclinando.

¿Cómo llegamos hasta aquí? A veces con culpa por no ser madre y esposa al cien por ciento. A veces, con pequeñas victorias personales como las denuncias consistentes de acoso sexual, acoso laboral o distinción por género. Aprendiendo a manejar el odioso “mansplaining” -la tendencia de algunos hombres de explicarles todo a las mujeres asumiendo que desconocen temas de los que por lo general son expertas- o poco a poco transformando culturas de trabajo donde hombres renuncian porque se niegan a reportarse a una mujer. También, con dolorosos divorcios a cuestas o matrimonios felices con parejas que no se intimidan por vivir junto a una mujer con poder. Viajando cada viernes a ver a la familia para luego regresar el lunes a los Estados Unidos a liderar cientos de empleados. Escribiendo cartas semanales a los hijos, mientras se toman decisiones que afectan la vida de miles de personas. Haciendo todo lo posible por no perderse un Día de Juegos, a veces con éxito y otras no. También con aliados masculinos, jefes que les ayudaron a abrirse paso y desarrollar su potencial.

Pero sobre todo con la certeza de que no existen balances perfectos, mas sí mujeres inteligentes, comprometidas con su aportación a la sociedad que han estado dispuestas a navegar las aguas profundas de abrirse camino en industrias dominadas por hombres. Lo han hecho sin dejar de ser quienes son, con el apoyo de sus familias, de la comunidad y con la admiración de sus hijos que aprendieron a celebrar los éxitos de sus madres en lugar de resentir necesarias ausencias. Ése es el balance, dar lo máximo en todo y estar en paz con ello.

Esta reflexión se desprende de un diálogo con cinco mujeres líderes en distintos campos en Puerto Rico, en el marco de la celebración de una serie de conferencias convocadas por el Capítulo Mujer Industrial de la Asociación de Industriales de Puerto Rico, que celebra esta semana su convención. Se trata de una institución que, a tono con los tiempos, ha comenzado a reflexionar sobre su propia gestión y ha entendido la necesidad de integrar más mujeres tanto a su Junta de Directores como a todos sus proyectos para potenciar el crecimiento económico del país. Por ejemplo, en 90 años que cumple la Asociación, únicamente han tenido dos presidentas. Conscientes de ello, desde el 2016 se abrió este capítulo que ya cuenta con 170 afiliadas y aspiran a convocar muchas más.

Esta conversación sobre el crecimiento de la mujer en el mundo laboral y sobre los derechos de la mujer en general, es global. Sin embargo, ¿cómo se traduce esto a la realidad puertorriqueña?

“Era muy solitario”

“Soy madre de tres varones y hace 40 años soy ejecutiva y fue un inmenso reto, al punto de que mi esposo tuvo que sacrificar parte de su carrera para yo poder desarrollarme en la mía, porque teníamos que tener una presencia familiar”, comparte la licenciada Rosa María Hernández, R. Ph., presidenta y CEO de MC-21 Corporation con una extensa carrera en el sector. “Iba a convenciones en Estados Unidos y podíamos ser dos o tres mujeres y más de 100 hombres. Eso ha cambiado pero no es suficiente aún”, observa y pone como ejemplo la necesidad de espacios de cuido en los centros de trabajo para potenciar el desarrollo de las mujeres, sobre quienes recae la mayor carga no sólo del cuido de niños, sino del cuido de ancianos. “En mi época las abuelas cuidaban niños, pero esta abuela todavía trabaja más de 12 horas al día”.

La doctora Verónica Cruz es la vicepresidenta de Global Quality, en Romark Global Pharma, y cuenta con una trayectoria de 35 años, asumiendo liderato del más alto nivel en firmas globales. En el 2016, fue seleccionada como la Mujer Industrial del Año por la Asociación de Industriales de Puerto Rico. “Esa también ha sido mi experiencia. Al principio, era muy solitario, en mi primer trabajo, yo era una y eran cinco varones. Todos eran doctor tal y yo era Verónica, y así me quedé. Hay unas jerarquías y reglas no escritas, y llegó un punto en que yo me dije: ‘tú no te ganas el título, tú lo demuestras’”.

Y así lo hizo, pudo despuntar como profesional, y en cada nivel que alcanzaba siempre era la única mujer o apenas quizás una de dos mujeres en toda una planta. “Ahora mismo, mi equipo son todas mujeres y un varón. Ya hay un ambiente donde es más natural que una mujer pueda trabajar. Ahora, algunas a veces no trabajan por elección, no necesariamente por falta de oportunidades, antes había mucha falta de oportunidad. Veo matrimonios más empáticos y otros modelos, abuelas que trabajan y así estamos creando otro modelo en la familia”, expone quien en dos ocasiones tuvo que afrontar la renuncia de dos empleados que se negaron a reportarse a una mujer.

Una cultura laboral

La experiencia de la ejecutiva Zulma N. Suárez tampoco es tan distante. Actualmente, es la directora de Finanzas de la firma Boston Scientific, y cuenta también con una carrera de 35 años en posiciones de alta gerencia en el sector financiero de la industria de la manufactura. Comenzó apenas con 22 años en posiciones gerenciales y por años fue la única mujer en el equipo. Sus colegas podían ser sus padres o abuelos y si bien algunos la apoyaron, otros simplemente se negaron a tratarla como una profesional al mismo nivel.

“Somos tres directoras féminas de un grupo de ocho y trabajamos con quienes vienen detrás de nosotros. Actualmente, hay un 52% de mujeres en la compañía, muchas ‘millenials’ ingenieras, químicas, una presencia masiva y muy retante. Trabajamos para que no se sientan culpables por dejar a los hijos en un cuido, que puedan viajar, hay un psicólogo para asistir en cualquier situación personal. Uno de los valores de la empresa es ‘caring’, y eso lo vimos reflejado como nunca durante el huracán. Se apoyó no sólo al empleado sino a toda su familia. Estaba en Aguadilla y la prioridad fue asegurarnos de que estuviésemos bien, antes de pensar en regresar a la oficina. En la compañía, también tenemos el Women’s Network donde buscamos empoderar a las más jóvenes. Recientemente, tuvimos una charla de la doctora Antonia Coello de Novello, y la idea es que sepas que no tienes que escoger, que es posible lograr un balance”, explica Suárez.

Este ejemplo ilustra la importancia de la cultura laboral en el éxito profesional de la mujer. “Podemos graduar más mujeres, pero si las culturas de las compañías no abren el espacio para apoyar a la mujer trabajadora, no importa que estemos disponibles, que tengamos centros de cuido, todo tiene que ir de la mano con una cultura laboral porque en los ambientes multinacionales de fábricas de manufacturas, tienes que estar ahí, no puedes trabajar desde tu casa. La cultura de la compañía para apoyar a la mujer trabajadora es bien importante y la cultura de Boston Scientific es una de las mejores aquí en Puerto Rico”, observa, por su parte, la licenciada Elizabeth Plaza, fundadora y presidenta de Pharma-Bio Serv y presidenta del Capítulo de Mujeres Industriales de la Asociación de Industriales de Puerto Rico y miembro de su Junta de Directores.

“La Asociación busca la competitividad del sector industrial en Puerto Rico, y el Capítulo busca empoderar a la mujer industrial para ese mismo fin. Si la mujer no se hace disponible, Puerto Rico no va a tener el desarrollo económico que necesita y si no se le facilita, no va a funcionar”, argumenta Plaza, quien al igual que sus colegas ha experimentado la doble vara por ser mujer, ya sea en la otorgación de un contrato de servicio o en las expectativas y presiones que recaen de ser no sólo exitosa en el aspecto profesional, sino el de realizar una doble e intensa jornada como administradora del hogar, cuidadora de hijos y de ancianos. La clave está, a su juicio, en fortalecer las redes de apoyo entre mujeres.

Asumir el poder

Bettina Mercado, presidenta de Bettina Cosmetics, Inc., si bien ha tenido experiencias similares, han ocurrido fuera de la compañía que dirige desde el 2001. “A nivel de empresa, me he ocupado, sobre todo, de equiparar los salarios de estos puestos a nivel internacional y no pensarnos como una compañía pequeña. En ese sentido, la cultura de la empresa es distinta. Pero sí, a nivel de colegas pares, he vivido experiencias incómodas. Asumen que no he logrado nada porque heredé la compañía familiar, cuando en realidad heredé una habichuelita de la que ha crecido una planta inmensa. O en una mesa de negocios, con empresarios y abogados, de pronto me digan: ‘y tú, pues, naciste para ser linda’, restando méritos al esfuerzo. O al hablar de maquinaria de manufactura, asumen que desconozco los pormenores de mis equipos”, explica Mercado haciendo alusión a una experiencia que todas comparten, el “mansplaining” tan común en la conversación actual.

Entre las experiencias que comparten las entrevistadas está el estímulo que recibieron de sus padres. Provenientes de familias de recursos limitados, todas escucharon las mismas palabras “tienes que estudiar, lo más importante es la educación para que no dependas de nadie”. Igualmente, han tenido que lidiar con la percepción social de una mujer con poder. Mientras un hombre asertivo es líder y emprendedor, una mujer con las mismas cualidades no es percibida igual. También, en algunos casos, las relaciones de pareja sufren porque —aún con todo lo que se ha alcanzado— no todos los hombres tienen la madurez de sobrellevar el que su pareja tenga una posición profesional de mayor salario y prominencia. A esto se añade la presión social de ser profesionales y además amas de casa modelo. Una presión que no experimentan los hombres, sobre todo porque aún no se valora el trabajo de administración del hogar como lo que es, un trabajo en toda su complejidad. “Una mujer que deja su carrera para ser ama de casa y después quiere volver a trabajar, pasa mucho trabajo. No las consideran, cuando bien pueden administrar cualquier negocio”, destaca Plaza.

Ninguna habla de machismos ni de feminismos, pues identifican la carga polarizante de estos términos en la actualidad y prefieren concentrarse en poco a poco ir creando culturas laborales más equitativas. Desde muy jóvenes entendieron que deben siempre estar tres o cuatro veces más preparadas que sus colegas para defender sus argumentos y que, aunque es agotador, siempre valdrá la pena regalarse la oportunidad de aportar a la sociedad, todos sus talentos, como mujeres, en algunos casos, como madres, profesionales y ciudadanas. En cada una de ellas habita una multitud de mujeres y todas tienen derecho a existir.

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