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Pionera de Zumba en Puerto Rico comparte sus lecciones

Lieschen Montaner Cordero habla sobre las enseñanzas que le ha dado la vida en lo personal, como empresaria y filántropa
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Su energía ha contagiado a decenas de miles de personas en Puerto Rico, donde es la especialista en educación de Zumba y certifica a todos los entrenadores de esta popular disciplina. En tarima durante eventos masivos o al frente de cada clase en su estudio, Lieschen Montaner Cordero proyecta pura vitalidad, total seguridad, determinación, fortaleza, y si bien es cierto que posee todo eso, cuando se conversa con ella es más bien tierna, pausada, tímida.

A los 46 años de edad su figura y sus movimientos lucen perfectos cuando ejecuta Zumba o Pilates, pero asegura que todo es cuestión de actitud y disciplina pues hasta ella enfrenta retos inimaginables cada día.

Como especialista en acondicionamiento personal, empresaria y mujer para quien la familia lo es todo, Montaner Cordero lamenta no haber podido establecer un núcleo familiar propio. Si bien no pierde las esperanzas, prefiere enfocarse en la libertad que le ha dado el no ser madre y se luce en su rol de tía.

"Soy de las personas que más visita a los médicos. Son cosas que la gente no sabe porque yo no estoy publicando eso", confiesa.

Hace años problemas endocrinos le causaron más de un susto, le impidieron tener hijos y a ello atribuye el fracaso de su matrimonio. "Al principio, el no poder tener hijos me dio uno o dos años de depresión", indica. "Habíamos hecho todos los trámites para (recibir óvulos de) donantes en Estados Unidos, pero no sé qué me pasó. Todo ese bombardeo de hormonas que te ponen, no te dejan... No sé… Ya estaba a dos semanas de irnos a Estados Unidos a hacerme el implante de óvulos (y decidí no ir)… De ahí fue que vino el divorcio. No son cosas de las que esté orgullosa, pero, no sé…", comparte la mujer que, siendo amante del movimiento, se negó a parar.

"Uno tiene que aceptarlo. Tengo mis dos sobrinos que son como si fueran mis hijos. La nena es de 7 y el nene es de 10. Pienso que quizá si hubiera tenido a mi familia no habría tenido las oportunidades de viajar. A veces le tengo envidia al núcleo de familia que es lo que siempre pensaba tener… Y digo: '¡No puedo seguir así! No tengo nada que me ate y quizá no hubiera podido viajar o trabajar para Zumba si tuviera hijos'", reconoce.

Montaner Cordero, descendiente de reconocidas figuras del País como la pionera del ballet puertorriqueño Lotti Tischer, la estrella del cine mexicano Mapy Cortés (ambas sus tías abuelas), el recordado productor Paquito Cordero (primo de su mamá), también enfrenta cotidianamente los retos que impone la crisis económica de Puerto Rico. Primero enfrentó la pérdida de clientela en su gimnasio Momentun Fitness, que abrió en 1999. Le iba muy bien en el local propiedad de su padre en Isla Verde, hasta que grandes cadenas extranjeras de gimnasios comenzaron a proliferar. Y hace unos años su familia, que por décadas ha gestado capital propio y llegó a tener múltiples propiedades en y fuera del archipiélago, sufrió el impacto de las pérdidas en inversiones hechas con UBS a nivel local.

"Teníamos todo y de repente todo se perdió. Ahí me di cuenta de que tú nunca sabes lo que puede pasar. Empecé a vivir más en el presente que pensando en el futuro", afirma.

Por cosas de la vida este golpe ocurrió poco después de que la familia iniciara un proyecto filantrópico que se ha ido convirtiendo en tradición: el Zumbathon Feel the Beat… Share the Love.

"Para 2012 empecé con los zumbatones, un evento de Zumba para beneficiar alguna entidad. El primero fue para Fundación Puertorriqueña Síndrome Down, después lo hice para el Hogar de Niñas de Cupey y en 2014 hice el primero para la Fundación de Esclerosis Múltiple de Puerto Rico. Ese tenía más valor sentimental porque a mi mejor amiga le diagnosticaron la condición. Ya llevo cuatro años con ellos. El dinero es para proveerle mayor calidad de vida a los pacientes y tienen un programa de bienestar en el que le ofrecen yoga, terapia acuática, equinoterapia y ahí entró el programa de Pilates. Me certifiqué en Pilates para personas con condiciones musculoesqueletales como Parkinson, 'stroke', derrames y esclerosis múltiple", relata.

El éxito del evento ha sido constante, de 250 personas que asistieron el primer año llegó a convocar a 865 el año pasado. La edición 2017 sufrió una merma en asistencia que ella atribuye a que coincidió con otros eventos masivos como la celebración de la Noche de San Juan, la recaudación anual para Ser de Puerto Rico y la parada gay. Aun así, asegura que superó su propia marca en términos de producción, y mientras pueda así seguirá siendo "porque cada año la gente espera más". "La gente salió con muy buena vibra. Cada año voy mejorando la parte de producción. Ahí sí te digo. Es un espectáculo", sostiene.

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La base de su trayectoria

La empresaria atribuye la pasión que siente por el 'fitness' a su herencia. "De chiquita empecé bailando con mi tía que tenía un estudio de baile, Sandra Cordero, y mi tía abuela es Lotti Tischer. Empecé con ballet y jazz. Después empecé a coger clases con Rosita Palmer, de 'Rosita y Mariano', y salía en el Show de las 12 haciendo los aeróbicos con ellos; estaba como en quinto grado. Siempre he sido bien 'freak' del baile y el ejercicio. Hacía aeróbicos de Jane Fonda en la sala", rememora.

A pesar de ello, fue a estudiar producción a Syracuse University, en el norte del estado de Nueva York, donde completó el bachillerato. Luego hizo una maestría en Emerson College, en Boston, antes de regresar a su amada Isla Verde. Pero en todos esos años nunca dejó de bailar.

"Estuve en una compañía de baile en la universidad y ya estaban los aeróbicos de moda y me encantaban. Vine a Puerto Rico y trabajé en agencias de publicidad y relaciones públicas, pero mi corazón estaba más en los ejercicios. Mi 'hobby' era dar clases. Daba clases en la mañana, ya fuera 'spinning', aeróbicos, trabajaba durante el día y por la noche iba a dar clases a otro gimnasio. En esto de producción tú tienes hora de entrada, pero de salida no. Mi corazón estaba más con mis clientes del 'gym', en dar la clase… Ahí fue que decidí abrir un 'gym'", narra.

"El local era de mi papá, pequeñito, no era un gimnasio grande como los de ahora, era lo que llamamos un 'boutique gym'. Había de todo: pesas, área cardiovascular, baños, 'lockers', estaba súper bien equipado. En aquel momento no había las cadenas de gimnasios de ahora y me fue súper bien al principio. Era un ambiente más familiar. En el 2000 empecé con Pilates y en el 2006 fue que entró Zumba a Puerto Rico. En 2007 me convertí en ZES (Zumba Edutacion Specialist). Soy la primera y la única", detalla.

Con el declive del negocio, pasó de tener 16 empleados a solo dos (seguridad y mantenimiento) más sus padres: Lieschen Cordero y Pablo Montaner. Vendió las máquinas de pesas y conservó las de Pilates, sin embargo, cuenta que el carácter familiar y de servicio personalizado de su gimnasio convertido en estudio se fortaleció. "No se abre todo el día, abrimos de día y de noche, que también eso se ha vuelto popular porque hay personas ahora que no quieren los gimnasios grandes, quieren algo más familiar y gracias a Dios nos hemos mantenido allí y es más personalizado, más exclusivo, es más calidad que cantidad, yo me sé los nombres de todo el mundo. ¡Tenemos 'chats' y todo! Es una familia", asegura.

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Su visión de futuro

Montaner Cordero, paciente de perimenopausia, está llena de vida y de sueños a pesar de sus retos de salud. Se confiesa amante del chocolate, la pizza y el champán, pero con control. Le gusta viajar, lo ha hecho principalmente por sus compromisos con Zumba, pero de placer aun sueña con visitar Australia. Y aunque siempre ha vivido en una de las zonas más reconocidas de Puerto Rico, asegura que fuera de allí se siente perdida.

"He vivido en Isla Verde toda mi vida y mi familia, mis abuelas, mis papás, todo (lo tengo allí). Después de Plaza Las Américas me pierdo. Soy una jíbara de Isla Verde. Si vemos los videos de la infancia era en el tenis, en el bote, en la playa y en Río Mar (Río Grande)", indica al recordar sus más preciadas memorias. El bote fue parte de lo que perdieron con la crisis financiera.

Cuando se le pide reflexionar sobre su legado al País, una palabra sale disparada de su boca: "Unión".

"En el ambiente de instructores tiende a haber a veces mucho ego, mucha competencia, pero (ese legado de unidad) lo siento cuando hago mi zumbatón, que invito a instructores a participar conmigo en tarima y ellos apoyan mucho el evento, traen sus clientes, trato de no ser solo yo. Se sienten orgullosos se participar y lo dicen, lo ves en las críticas positivas en Facebook: 'se sintió la unión', 'la vibra positiva entre la gente'", explica.

"En esto hay que mantenerse bien humilde. En los ensayos yo se lo decía, 'este es el momento de compartir, no quiero egos, aquí somos todos iguales, si no conoces es momento de conocer a otras personas en la industria, hablar, compartir, compañerismo'", indica sobre su mayor lección a los 70 discípulos que le acompañaron al más reciente Zumbathon el pasado 25 de junio en el Coliseo Pedrín Zorrilla de San Juan.

La maestra sigue enfocada en evolucionar. Desea producir cápsulas educativas que permitan a personas con dificultad de movilidad hacer ejercicios sencillos en sus casas. También planifica traer nuevas clases de Pilates a su estudio este año.

"Nunca es tarde para hacer ejercicios, porque el ejercicio es un estilo de vida, es bienestar físico, emocional, espiritual. Hay quienes han salido de depresiones. No hay que ser joven, a cualquier edad puedes empezar para tener mejor calidad de vida, para disfrutar más las actividades de la vida diaria".

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