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4 lecturas sobre reinas excepcionales

Durante gran parte de la historia, las reinas ejercieron una fascinación particular sobre sus súbditos
  • Por Carmen Dolores Hernández/ Especial Magacín
  • 21 AGO. 2017 - 07:29 AM
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El dominio que representaban podía resultar contradictorio: eran, por una parte, soberanas y, por otra, mujeres que debían estar, por serlo, sujetas a un hombre. (Suministradas)
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Durante gran parte de la historia, las reinas ejercieron una fascinación particular sobre sus súbditos. El dominio que representaban podía resultar contradictorio: eran, por una parte, soberanas y, por otra, mujeres que debían estar, por serlo, sujetas a un hombre. El poder, sin embargo, les confería una excepcionalidad que las apartaba del común de los mortales. Las grandes reinas -Isabel de Castilla e Isabel de Inglaterra, Catalina de Rusia, Cristina de Suecia, María Teresa de Austria- fueron singularmente fuertes e independientes. También ha habido reinas ficticias con una presencia tan real, en la imaginación de los lectores. A pesar del “glamour” que han representado sus vidas no siempre fueron felices. He aquí algunos libros sobre reinas excepcionales.

Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas

Manuel Fernández Álvarez

Madrid: Espasa, 1999

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No era, aparentemente, loca la hija de los Reyes Católicos a quien le debió haber tocado el trono de Castilla tras la muerte de su madre Isabel en 1504 y el de Aragón cuando murió su padre Fernando en 1516. Heredera legítima de ambos reinos al haber muerto sus dos hermanos mayores, Juan e Isabel, y su sobrino, Miguel de la Paz, era una mujer intensa, apasionada hasta el extremo por su marido, Felipe el Hermoso, tanto que tras la muerte de este paseó su féretro por España durante ocho meses antes de enterrarlo. Esta biografía por un conocido historiador describe su temperamento inestable y la victimización de la que fue objeto no solo por parte de su padre sino también por parte de su hijo, Carlos V. El primero la encerró en 1509 en el castillo de Tordesillas, en Valladolid, y al segundo le convino mantenerla allí para gobernar con mano libre. Aislada con una sola de sus seis hijos, Catalina, la menor, también perdió a esta cuando la casaron en 1517 con el rey de Portugal. En el 2005 la escritora nicaragüense Gioconda Belli publicó una novela sobre esta reina desventurada, “El pergamino de la seducción”.

Reinar después de morir

Luis Vélez de GuevaraBarcelona: Editorial Linkgua, 2010

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Esta obra dramática del Siglo de Oro, publicada en 1622, se fundamenta sobre un suceso histórico: el asesinato de Inés de Castro (1325-1355), amante del heredero del trono de Portugal, coronado luego como Pedro I. Prendado este de Inés, que pertenecía a una familia noble de Galicia, no pudo casarse por la oposición de su padre, el rey Alfonso IV, quien -ante la obstinación del hijo - ordenó el asesinato de la mujer frente a los cuatro hijos procreados con el príncipe. Surge entonces la leyenda que Vélez de Guevara recoge en su obra (y que aparece en otras obras literarias, entre ellas alguna de Luis de Camoens, Henri de Montherlant y Ezra Pound). Según tal leyenda, al heredar Pedro el trono, ordenó desenterrar el cadáver de Inés y la sentó a su lado para que todos le rindieran homenaje. La obra es hermosamente poética y constituye una de las pocas de corte trágico en el teatro del Siglo de Oro español.

María Estuardo

Stefan ZweigBarcelona: Acantilado, 2013

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Infortunada como la de Juana la Loca (aunque por causas distintas), la vida de María Estuardo, reina de Escocia (1542-1587) fue trágica. Proclamada reina a los 6 días de nacida, cuando murió su padre, Jacobo V, pasó su niñez en Francia con su madre, María de Guisa, mientras Escocia quedaba en manos de regentes divididos entre sí por diferencias religiosas. Casada con Francisco, heredero del trono francés, fue brevemente reina (1559-1560) antes de enviudar a los 18 años. Regresó a Escocia y en 1565 se casó con Henry Stuart, Lord Darnley, un hombre de lealtades cambiantes, asesinado en 1567. Fue tenida como sospechosa al igual que el conde de Bothwell, con quien se casó después. Un alzamiento de los nobles escoceses la llevó a prisión y tuvo que abdicar en su hijo de un año, Jacobo VI. El mayor error que cometió, sin embargo, fue pedirle ayuda a su prima, Isabel de Inglaterra, y trasladarse allí. Temerosa de los reclamos dinásticos que pudiera tener al trono de Inglaterra, Isabel la encarceló por 18 años y ordenó su decapitación. Esta biografía clásica, publicada en 1934, realza las contradicciones de su personalidad y dramatiza su vida infortunada.

Alice’s Adventures in Wonderland

Lewis Carroll. Ilustrado por Barry MoserOrlando, FL: Harcourt Brace Jovanovich, 1982

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Alicia no fue reina, pero en esta historia -publicada por primera vez en 1865- aparece una soberana ficticia inolvidable: la Reina de los Corazones. “¡Que le corten la cabeza!” era su grito de guerra; su talante habitual era la furia incontrolable. Injusta y tiránica, esta reina de papel -se trataba de una baraja- podría reflejar, como se ha señalado, a la reina Victoria de Inglaterra. Si bien estaba lejos de ser tiránica, tenía particularidades que podían resultar hoy curiosas, como su negativa a considerar que las mujeres podían tener los mismos derechos que los hombres o que pudiera existir el lesbianismo. Longeva como su tataranieta que aún reina en aquel país, ocupó el trono de1837 a1901. Su reinado marcó una era. Como la Reina de los Corazones, además, siempre tuvo a su lado a un marido que era una figura secundaria, pero a quien adoraba (¿por eso la mención de corazones?). Victoria, además, seguramente jugaría -como la reina ficticia - croquet (aunque no usaría un erizo como bola ni unos flamencos indisciplinados como palos).

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