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Una joven guerrera

Lola Montilla utiliza la escritura para llevar su mensaje de empoderamiento a niñas, jóvenes y adultas
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Lola Montilla acaba de presentar su segundo libro “Todos los héroes son diferentes”. (Foto: Vanessa Serra)
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A sus 17 años, Lola Montilla tiene mucho que contar y quiere hacerlo. Por eso, acaba de presentar su segundo libro “Todos los héroes son diferentes”, dirigido a niños, pero con un mensaje que llama a la aceptación que puede cambiar la visión de personas de cualquier edad.

La cardiopatía congénita que padece la ha llevado a estar al borde de la muerte y mientras se encarga de vivir al máximo, también busca inspirar con su historia y llevar un mensaje de aceptación a otros seres humanos.

Lola -como prefiere ser llamada, aunque su nombre de pila es Paola- llegó al mundo el 9 de enero de 2001, dos semanas y media después que un sonograma de rutina realizado a su madre, Maricarmen Montilla, reflejara una anomalía en su corazón.

“Notaron que el corazón estaba demasiado grande y las válvulas no estaban bien posicionadas. Me hacen un segundo sonograma para verificar bien las partes del corazón y ahí fue que me dijeron que ella venía con la anomalía de Ebstein, que afecta a uno de 200,000 bebés. No hay historial familiar”, señala la madre.

Durante los primeros años de vida de la joven estudiante de cuarto año, los padres hicieron todo lo que estaba a su alcance y Lola no faltó a una sola cita con su cardiólogo y su pediatra, además de otros cuidados. Pero a los 12, cuando comenzaron los cambios de la pubertad, se presentaron los síntomas de un fallo cardiaco.

“Empezó a aumentar de peso dramáticamente porque estaba reteniendo líquidos, no podía caminar 10 pasos sin fatigarse, en la escuela no podía ir de un salón a otro, no podía estar sin una máquina de oxígeno las 24 horas porque el corazón estaba tan distendido. Queríamos limitarla, quedarnos calladitos y que nadie se enterara para que no viniera el famoso ‘hay, yo conozco a alguien que tuvo eso y ay bendito, lo que le pasó’. Pero ella quería que la gente conociera que existía esa condición”, recuerda Maricarmen.

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Por su parte, Lola recuerda la razón por la que quiso gritarle al mundo lo que tenía y era precisamente evitar que las personas llegaran a sus conclusiones y juzgaran a una niña que necesitaba un tanque de oxígeno en todo momento. Ella necesitaba que tanto sus compañeros de escuela -cursaba el séptimo grado- como sus familiares, la apoyaran.

“Para mí el apoyo fue una de las razones más grandes por las que comencé a hablar de mi condición. Aunque al momento no lo sabía, era un entretenimiento que la gente me escribiera y me diera sus buenas vibras, más adelante me di cuenta de la importancia de enfocarme en eso y no de que debía llegar a casa a cargar el tanque de oxígeno”, recuerda Lola.

La operación fue todo un éxito y Lola comenzó a vivir a plenitud las experiencias de una joven de su edad, con la diferencia que ella tenía una cicatriz que le recordaba todo lo vivido. Esa marca se convirtió en su herida de guerra, esa que le recordaba una experiencia que la hizo más fuerte y de la que se sentía orgullosa.

Un día, se tomó unas fotos en la escuela y el profesional que tomó las imágenes se tomó la libertad “borrar” la cicatriz, pensando que era un “retoque” que la joven deseaba. Por el contrario, esto molestó mucho a Lola, al punto que llamó al fotógrafo para reclamarle y pedirle la foto original.

“Para mí, esta cicatriz es súper valiosa, es como una medalla, un símbolo de que superé mi momento más difícil. Cómo vamos a crear una sociedad llena de mujeres emprendedoras y mujeres fuertes, si lo que estamos diciéndoles es que al ser distintas no caen bajo lo que la sociedad dice que es la belleza”, asevera.

Ese incidente con la fotografía retocada fue lo que lo que despertó en Lola el deseo de levantar su voz y así nació la idea de hacer un libro, al que llamó “Beautiful scars”. A los 13 años escribió este primer texto con el que buscaba inspirar a otras adolescentes con cicatrices y otras condiciones a que se sintieran hermosas tal y como eran.

El mismo día que presentó su libro, cuando ya había cumplido los 14 años, vivió otro momento importante, la aprobación de la Ley Lola. En noviembre de 2014, el entonces gobernador Alejandro García Padilla firmó el estatuto que establece que los hospitales de Puerto Rico tienen que realizar una prueba de saturación de oxígeno en la sangre, por medio de oximetría de pulso, a todos los recién nacidos antes de ser dados de alta.

“Eso no se hacía en Puerto Rico como requisito. Ahora es obligatorio. Mucha gente me dijo que no me iban a tomar en serio por mi edad, pero seguí luchando junto a mis padres”, afirma.

A la par con la promoción del libro, Lola comenzó a dar charlas en escuelas locales y viajó a Costa Rica y a Estados Unidos para compartir su historia. También participó en una conferencia de la Asociación Americana del Corazón y en una temporada del programa “Vive Tonight”.

“Comencé a escribir para mi página. Ahí me encontró Hip latina, me pidieron que escribiera para ellos sobre mi experiencia en un periodo de 12 semanas. Después me pidieron que me quedara y comenzaron a pagarme. Fue mi primer ‘paycheck’ como escritora”, comenta la joven que actualmente mantiene el blog “Entre ceja y ceja” en magacín.com.

En este pasado mes, Lola ha estado sumamente ocupada cursando su cuarto año de escuela superior y promocionando su segundo libro al que ha llamado “Todos los héroes son diferentes” (“All héroes are different”)

“El segundo libro tiene que ver con el primero. Todo va atado, porque el primero era un autorretrato, para enseñar mis cicatrices, para enseñarle al mundo que, si yo las aceptaba, los demás debían hacerlo. Porque lo que para mí es mi cicatriz, para otro pueden ser sus pecas o su pelo rizo. Así que era importante enseñarles a las personas que es normal tener estas marcas, porque eventualmente nos vamos a cansar de ver a la modelo súper flaca, sin una marca, porque no nos vamos a sentir identificados”, concluye.

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