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El embajador epicúreo de Glenmorangie

“Soy epicúreo. Me encanta el placer a través de botellas de alto nivel”, dice Nathan Benfrech.
  • Por Rosa María González Lamas
  • 12 MAY. 2017
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Algunos de los whiskies extra madurados de Glenmorangie.
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Podría estar haciendo las cosas mucho más lúdicas que hacen jóvenes de su edad, pero es un apasionado de la historia y la cultura, un binomio cautivante que le arrastró como atracción fatal al mundo del vino y le convirtió a sus pocos años en embajador de marca de Moët Hennessy, aunando a estas dos pasiones la de los viajes, para convertir a esta trilogía de placeres en su modus vivendi. No embajador de cualquier marca, sino de los champanes y espirituosos más encumbrados del conglomerado francés del lujo, que de su Francia natal le trajo a la cadenciosa y sabrosa Martinica, un destino base que le encanta por su equilibrada conjunción entre lo caribeño y lo francés.

Esa esencia le viene bien para construir un mensaje dirigido a consumidores del Caribe, región que recorre predicando el evangelio de lujo y placer del universo Moët Hennessy, y en la que reluce nuestra Isla, a donde regresó para contar a los clientes historias y delicias del whisky escocés Glenmorangie.

Nacido cerca de París y criado entre Toulouse y Cognac, Nathan Benfrech se  estrenó  en Puerto Rico como embajador de esta prestigiosa casa de scotch, fundada en 1843 y caracterizada por ser una destilería de whisky pionera. Fue la primera en introducir un alambique de cuello más alargado para resaltar aromas más florales y finos, y la primera en utilizar barricas de Oporto y Sauternes para condimentar las muy largas maduraciones crianza de sus whiskies single malts.

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“La mujer puertorriqueña es muy importante en el mundo del whisky pero aún nos queda mucho por desarrollar, educar y crecer”, dice Nathan Benfrech.

“Comparto con Glenmorangie esa vocación de ser osada e innovar con los whiskies extra madurados, así como los valores de una herencia vinculada a la historia y el savoir faire”,  apuntó  Benfrech, quien subrayó que una de las tendencias más importantes del mundo del whisky es precisamente la maestría en el manejo de los whiskies con extra maduración. Algo que Glenmorangie domina de sobra pues luego de envejecer sus whiskies por una década en barricas de roble americano, luego añade crianzas en barricas que atesoraron distintos estilos de vinos dulces o fortificados, lo que aporta una amplia paleta de matices aromáticos y en el paladar.

“Usamos barricas que antes contuvieron vinos de Sauternes para perfeccionar la maduración de Glenmorangie Nectar d’Or y de vinos de Oporto para el Quinta Ruban”, explica el embajador.

Precisamente éstas son dos de las etiquetas extra envejecidas que se degustaron en unas exclusivas catas privadas de Glenmorangie que Benfrech encabezó en Puerto Rico y que se iniciaron con Glenmorangie Original, la base de la destilería, seguido del Nectar d’Or y el Quinta Ruban, para terminar con Lasanta y con su célebre 18 años, dos whiskies con toque de barrica de Jerez oloroso.

En su afán de innovar, Glenmorangie está lanzando unos nuevos whiskies de añada y edición limitada para coleccionistas, Bond House No. 1 Collection, que se estrenan con Glenmorangie Grand Vintage Malt 1990, un whisky que se maduró por un cuarto de siglo en barricas de Bourbon, con una pequeña partida madurada en barricas que se usaron para vinos de Jerez. Además Glenmorangie Pride 1974, un whisky muy viejo del que apenas hay unas 500 botellas con un precio que excede los nueve mil dólares cada una. Whiskies que, si bien de momento no estará disponible en el Puerto Rico, Benfrech no descarta que sí lo esté en el futuro. “Tenemos aliados de calidad que nos ayudan mucho en cada país y en Puerto Rico Ballester Hermanos hace un trabajo de alto nivel”, afirma.

A Benfrech le gusta catar Glenmorangie con hielo porque considera remarca la percepción de la maduración del whisky en roble, y sugiere la línea del equilibrio en las armonías de whisky con comida, un ejercicio para el que los single malts son muy propicios por ser muy expresivos de sus orígenes.

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A Benfrech le gusta catar Glenmorangie con hielo porque considera remarca la percepción de la maduración del whisky en roble.

“Un Lasanta va bien con chocolate negro, el Original podría ir perfectamente con dumplings de cebollín y cangrejo. Lo importante es que la comida no sea demasiado especiada para que no opaque los suaves sabores de Glenmorangie”, apunta, añadiendo que en Puerto Rico la categoría de whisky está en pleno crecimiento y que en ella los single malts son los que más han aumentado sus ventas, ayudados por el impulso de la coctelería.

Además de estas catas, Benfrech condujo otras de otros sacramentos de lujo de Moët Hennessy, como los coñacs de Hennessy y los champanes de Dom Pérignon y Moët & Chandon, del cual se estrenó su nueva cuvée de prestige. Él va cambiando su sombrero de marca a marca, de categoría a categoría, siempre en una embajada que valora el lujo y el placer, porque los consumidores a quienes va dirigidos estos productos premium persiguen ampliar su conocimiento sobre ellos con historia y detalles que el embajador de marca es responsable de aportar.

Nada difícil sincronizarse con sus interlocutores. “Soy epicúreo. Me encanta el placer a través de botellas de alto nivel”, concluye.

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