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Hoteles con memoria de lujo

Seguimos esa tendencia que apuesta por el gran lujo como motor de recuperación de un patrimonio hotelero histórico urbano venido a menos a través de propiedades que han sido objeto de restauraciones integrales que las han transformado en establecimientos modernos, con comodidades del siglo XXI, pero sin perder su herencia de majestuosidad.
  • Por Rosa María González Lamas
  • 29 JUL. 2018 - 07:30 AM
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Hotel Infante Sagres, Sala D. Filipa
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Por fuera es más bien discreto y solo un letrero que marca cinco estrellas anticipa lo que va a encontrarse al traspasar la puerta de cristal. Como el Condado Vanderbilt en San Juan, el Infante Sagres en Oporto es uno de los más jóvenes paradigmas de esa tendencia que apuesta por el gran lujo como motor de recuperación de un patrimonio hotelero histórico urbano venido a menos.
 
Reinagurado a mediados de abril, el Infante Sagres abrió por primera vez sus puertas en 1951 como primer hotel pentaestrellado de Portugal y todo un referente de lujo y de la ciudad de Oporto, de cuya historia y enérgica revitalización también es testigo. Antes de éste lo hizo el Gran Hotel Inglés de Madrid, el más antiguo hotel de la capital española, presentado en sociedad en 1886 y también un lugar de glamorosa referencia en la ciudad, que tras cinco años cerrado reabrió sus facilidades en diciembre de 2017 convertido en un lujoso hotel boutique en el Barrio de Las Letras. 

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Vestíbulo del Infante Sagres, todo un referente de lujo en Oporto.

Todo vuelve para ponerse al día y ambas propiedades han sido objeto de restauraciones integrales que las han transformado en establecimientos modernos, con comodidades del siglo XXI, pero sin perder su herencia de majestuosidad. La apuesta hotelera surge de la vocación de renovarse de las grandes urbes, del boom immobiliario, de la gran demanda por el lujo, y de una clientela que busca autenticidad y cultura, y halla en la historia un relato de experiencias singulares y en la grandiosidad de otras eras un lujo seductor.
 
Fundado por un multimillonario que forjara su fortuna controlando el suministro eléctrico, el Infante Sagres es ejemplo pionero del modernismo en una Oporto de rabiosa actualidad. La alfombra roja de la entrada da paso a su vestíbulo, dominado por impresionantes techos de madera, losas antiguas, pisos de parquet y una exquisita decoración. A un costado, el añejo ascensor puesto al día y, junto a él, otra puerta que abre a un ascensor adaptado para sillas de ruedas. De frente, una terraza interior y, a su lado, un gran comedor que casi mira de frente a un salón blanco y azul con magníficos techos de madera dorada, recubiertos com láminas de oro. 
 
Pero lo que más llama la atención es la impresionante chimenea de madera tallada, símbolo de una era exótica y ostentosa que pervive gracias a una pulcra restauración, que con meticulosidad insufló de nueva vida a techos, molduras y lámparas casi de orfebrería sobre los que un ejército de profesionales en diversas disciplinas trabajó con rigor e intensidad para desvendar su originalidad.
 
La chimenea y el colorido vitral de una escalera de elegancia atemporal son emblemas de acogida que cautivan en este hotel que durante los ochenta y noventa cambió su decoración para aproximarla a los sones musicales nocturnos, con tonalidades oscuras y ordinarias. Colores nada fashion en el siglo XXI, que la restauración contrarrestó apostando por tonos claros para aportar luz, frescura y ligereza, devolviendo su brillo a este hotel que en 2017 cerró por cinco meses para una restauración tan cuidada que incluso recurrió a un discípulo del arquitecto original para devolverle el lujo y sofisticación que siempre le caracterizaron.
 

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Entrada del Infante Sagres con su decoración con molduras y lámparas exquisitas.

Algo diversa fue la puesta al día del Gran Hotel Inglés madrileño que prescindió de ese viaje de ida y vuelta por su decoración original para pasar directamente a los patrones de lujo y confort con un diseño más contemporáneo. 
 
La comodidad de las habitaciones ha sido objetivo común de ambas hospederías, aunque si el hotel de Madrid redujo de 72 a 48 su número para hacerlas más espaciosas, el Infante Sagres portuense lo que hizo fue añadir 15 estancias hasta alcanzar las 85, adicionando un piso a un costado del establecimiento y rehaciendo también la terraza, con piscina, la única en un hotel en el centro de Oporto, cuyo centro histórico puede divisarse mientras uno se asolea entre azulejos.
 
Siendo el silencio un ingrediente del lujo, uno de los principales cambios en el renovado Infante Sagres fue la insonorización de las ventanas, que inunda de un silencio sepulcral las habitaciones a pesar del bullicio de las calles que rodean este céntrico hotel, que cuenta con una suite real, que ganó espacio incorporando áreas que antes utilizaban los sirvientes de los huéspedes. La suite cuenta con un moderno baño de mármol, así como con conexiones eléctricas adaptadas con USB para cargar teléfonos y otros equipos. Es una novedad en todas las estancias, de camas enormes y cómodos baños, que apuestan por afeites de marcas de calidad portuguesas, así como textiles y otros elementos decorativos hechos artesanalmente en Portugal, para aportar autenticidad y palabras a una historia valiosa por los detalles.
 

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La suite del Infante Sagres cuenta con un moderno baño de mármol.

Al haberse vendido mucho de su mobiliario original, el hotel recurrió a subastas para conseguir muebles de época que pudieran restaurarse, permitiendo preservar su estilo original de manera fidedigna y casi reproduciendo el estatus de museo que tuvo en su era dorada, con elementos como el vitral de 1945 que acompaña la escalera a través de varios pisos, y que se salvó casi intacto, desmontándose cientos de piezas para su restauración. Cosas tan únicas y valiosas que hoy sería económicamente inviable construir desde sus cimientos un hotel así. 

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El majestuoso vitral de la escalera del Infante Sagres.

Otra restauración a la que se presta atención es a la oferta gastronómica de primer nivel, que en el Gran Hotel Inglés protagonizan el restaurante Lobo 8 y el modernísimo bar LobByto y en el Infante Sagres tienen al chef Gil Raposo y al Vogue Café como sus principales e innovadores atractivos. Este local, con entrada propia desde la calle y abierto al público en general, funde lo sofisticado con lo cosmopolita con toques de innovación y estilo, posicionando a Oporto entre los grandes destinos internacionales en que esta marca tiene presencia. 
 

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El Gran Hotel Inglés se conoce por su oferta gastronómica.

Su terraza interior ubica contigua al hermoso comedor del hotel, donde se sirven desayunos en un ambiente ultra luminoso, dominado por el dorado, coloridos tapices, cristales y candelabros sorprendentes, que también se restauraron para este espacio, ahora también mucho más claro, que proyecta un espíritu vintage, pero está concebido con la modernidad operacional del siglo XXI, con una cocina que comparte com el Vogue Café.
 

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El cosmopolita Café Vogue.

Las inversiones multimillonarias en la restauración de hoteles con memoria en localizaciones urbanas privilegiadas recuperan un pasado para ganar el futuro que apela a una clientela que busca lujo, en edificios singulares que repercuten en su entorno y tienen una historia que contar. El Imperial de Viena, el Excelsior Hotel Gallia de Milán, el Ritz de París o el Ritz madrileño cerrado por doce meses para dar aún más lustre a su esplendor son ejemplos de otros hoteles históricos que en el último lustro han sido objeto de abarcadoras renovaciones para llevar el lujo a un mucho más alto nivel, como joyas que desafían el paso del tiempo y ambicionan la eternidad.

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