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La familia de Martín Codax

Elabora una gama de vinos que va de lo amigable y fácil de beber a vinos verdaderamente fascinantes y de muy limitada producción.
  • Por Rosa María González Lamas
  • 09 JUN. 2017 - 2:44 PM
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Ballester Hermanos y otros importadores distribuyen la mayoría de los vinos del grupo Martín Codax en Puerto Rico.
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Vista en la colina Burgáns, desde donde se divisa en amplitud un horizonte verdiazul de viña, granito, sol y mar.

Desde lo alto de Pé Redondo se divisa un caudal de cepas de vid y se vislumbra el futuro de los albariños de Martín Códax. Con meticulosa atención, en la viña experimental más grande de España se vela con precisión la evolución de las cepas, calculando con minucia los elementos que harán a la ecuación del vino aún más sobresaliente en el porvenir. 

Sin tanta precisión, pero con igual acierto, cuando a inicios de la década de 1980 la entrada al Mercado Común europeo modificó el agro gallego, la intuición del sector pronosticó un porvenir pintado de color uva, para el que se escogió el de la albariño, la variedad que, por tener algo especial, en el Valle del Salnés cada casa conservaba para consumir en familia. 

Era lo que hacían en la de Joaquín Martínez, técnico de viticultura de Martín Códax, y en la de Luciano Amoedo, quien a mediados de los ochenta se encargó de buscar un sitio para que unos viticultores construyeran una bodega cooperativa donde elaborar el tesoro de albariño que poco a poco empezó a abundar. Lo halló cerca de Cambados, en la colina Burgáns, donde hoy también hay un estadio de fútbol y se divisa en amplitud un horizonte verdiazul de viña, granito, sol y mar. 

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475 hectáreas en total que convierten a Martín Códax en la bodega más grande de Galicia en extensión de viña y facturación.

Para elaborar los vinos influenciados por ese amable clima atlántico y un suelo de piedra que les aportan una personalidad fresca y singular, el enólogo Amoedo concibió en 1986 una estructura de bodega con vocación de largo recorrido. Como ni pazos, ni marquesados ni señoríos tenían para designar al vino, los viticultores, entre los que había curas y profesores, recurrieron a una figura histórica para rotular las botellas, la de Martín Códax, el más célebre trovador gallego del medioevo que cantó al amor y al mar, y compuso las más antiguas cantigas del galaico portugués, conservadas en el Pergamino Vindel. Así sentaron la base para dotar de una historia real al vino de la bodega, enlazando cada copla con las parras de Rías Baixas haciendo surgir nueva música de los racimos de albariño.

Las viñas de los 274 socios de la bodega se concentran en el pueblo costero de Cambados, capital del albariño y capital europea del vino este 2017. Gracias al crecimiento exponencial desde su fundación, hoy Martín Códax también compra uva a otros viticultores que siguen escrupulosamente sus parámetros de control, y posee alguna viña propia, como Pé Redondo, para completar lo necesario para la elaboración. 475 hectáreas en total que convierten a Martín Códax en la bodega más grande de Galicia en extensión de viña y facturación.

Ese territorio de viñas se distribuye en casi dos mil parcelas en Rías Baixas, algunas con parrales que casi se zambullen en el mar, un rompecabezas minifundista que la bodega afronta como un rico abanico de colores que da margen para mucho, aunque su coordinación sea un desafío. Reina el espíritu de antaño en el manejo de la viña, pero con cada vez mayor criterio científico de prueba y medición en aras de profundizar en el conocimiento de la albariño para hacer vinos mejores y más consistentes año tras año. Es el manejo del terroir al detalle y en magnitud para un trabajo de prospección de viña que alcance objetivos comerciales y de calidad, siendo más eficaces, eficientes y sostenibles, y menos intervencionistas en el viñedo.

Van a buen ritmo los racimos de la cosecha 2017 en la viña del “Señor”, a un costado de la bodega. Es la que asumió Juan Vázquez Gancedo cuando determinó convertirse también en viticultor tras llegar a Martín Códax para afinar su pentagrama de compases de historia, cultura, tierra, viña, vino, negocio y familia. Desde su incorporación como Director General en 1995, Martín Códax ha tenido una enorme transformación a nivel empresarial, incrementando dramáticamente sus volúmenes de producción, poniendo un hincapié muy relevante en el área de viticultura con un sinnúmero de importantes proyectos de investigación, desarrollando innovadoras iniciativas de marketing, diversificando su portafolio de etiquetas de vino incluso con proyectos pioneros en el sector, pero, quizás más importante, dejando de ser únicamente una bodega de familias para convertirse en un pequeño emporio de vino que hoy abraza una segunda bodega en Rías Baixas, otro proyecto en la DO gallega de Monterrei, otra bodega en Bierzo y una importante colaboración con EJ Gallo, un socio internacional para quienes elaboran vino en Rías Baixas y otras regiones españolas. 

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Marieta, una rica innovación de albariño semidulce.

“La clave de nuestro éxito fue que los socios nos dieran la libertad de tomar decisiones empresariales y de operación, pero con ventajas del concepto cooperativo”, dice Juan, quien habla rápido y gesticula mucho, añadiendo que su principal logro es su equipo apasionado de trabajo, al que más que empleados, considera una familia.

Cuando no viaja o tiene compromisos de bodega o del Clúster Alimentario de Galicia que preside, imparte clases de comercio exterior en la Universidad de Santiago de Compostela, o participa en las acciones del Observatorio Español del Vino y el CRDO Rías Baixas de los que es directivo, Juan es feliz en ese viñedo con capilla que alquiló a un cura cuando se convenció de ser viticultor. “Pronto me di cuenta de que los viñedos no funcionan como otras empresas, son temas de rentabilidad a largo plazo, en los que el retorno de inversión se mide en otras satisfacciones, más que en dígitos”, aclara, señalando que esa necesidad de paciencia y visión a largo plazo fue también muy útil a la bodega durante la crisis económica.

Con la viña del señor Juan, las que cuida Joaquín y las de otros socios y amigos, Luciano y Katia Alvarez, que posteriormente se incorporó también a la bodega como enóloga y hoy es considerada una de las diez mujeres más poderosas del vino español, Martín Códax elabora una gama de vinos que va de lo amigable y fácil de beber a vinos verdaderamente fascinantes y de muy limitada producción, todo un abanico de frescura y delicia para un repertorio de momentos, estilos de vida y consumidores diversos. Un conjunto con enorme aptitud gastronómica que Luciano perfila como vinos modernos, frescos, más ligeros, salinos y untuosos, expresivos del suelo de Rías Baixas y el clima atlántico en que se cultiva la albariño, con la consistencia de añada en añada como valor, y la silueta camaleónica de la albariño como virtud.

Martín Códax, el vino base, excepcional y redondo en su cosecha 2016 con tonos cítricos, balsámicos, de flores y frutas blancas y delicados recuerdos a piedra y humo. Burgáns, desenfadado y fácil de abordar. Los Alma Atlántica en versión tinta y blanca, vinos frizzanti, con chispa y una pizca de dulzor, ideales como aperitivo y para climas cálidos. Marieta, una rica innovación de albariño semidulce. Alba Martín, espumoso de albariño elaborado como champán. Martín Códax Lías 2014, fino, equilibrado y más serio, con tonos más melosos a compota de manzana y matices a piedra. Organistrum, un vino que se cría sobre sus lías y tiene contacto con la madera, cuya cosecha 2013 reveló delicados tonos tostados y a almendra con un pase por boca envolvente y un final cítrico y salino. Vindel, como el pergamino de Martín Códax, un blanco curioso que no se elabora todos los años, fruto de albariños tan maduros que adquieren tonos rosados, y luego envejecen parcialmente en barrica sin tostar para dejar reminiscencias a flores blancas, ciruelas claudias, membrillo, manzana madura y una boca fresca, untuosa, salina y persistente en su añada 2013. Y Gallaecia, un albariño boutique y de clase mundial, elaborado con uvas con podredumbre noble que dejó nariz dulce de Sauternes y una boca seca y untuosa donde aparecen recuerdos tostados y a mar, conjugados con complejidad y finura sin parangón. “Martín Códax es una bodega muy artesanal, tenemos los medios para ello”, anota Amoedo sobre su cartera de vinos de Rías Baixas, en la que no descartan hacer también algún tinto.

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“Martín Códax es una bodega muy artesanal, tenemos los medios para ello”, anota Amoedo sobre su cartera de vinos de Rías Baixas.

Ballester Hermanos y otros importadores distribuyen la mayoría de los vinos del grupo en Puerto Rico, un mercado que reverencia a los vinos de Rías Baixas y es uno importantísimo para Martín Códax, que cada jueves de verano abre su terraza a apasionados de sus vinos y del mar de Arousa, que se admira desde ella mientras se disfruta de copas de vino armonizadas con música. Música y cultura tienen un rol preponderante en la agenda de la bodega, con ciclos de conciertos, certámenes que le vinculan al Camino de Santiago, regatas, eventos culinarios e incluso posiciones de altos vuelos, pues los vinos de Martín Códax, hoy en más de 50 países, también se sirven en algunas aerolíneas.

Es la música seductora lo que suena en Martín Códax en una primavera de inusual calidez en que se forja la vid, enlazando su familia de albariños con la de los integrantes de la bodega, de la que los consumidores también formamos parte gracias a un peregrinaje vínico y atlántico que comienza en Cambados y termina en nuestro Mar Caribe con un brindis y la música de Rías Baixas con que Martín Códax escribe otra cantiga de familia. 

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Música y cultura tienen un rol preponderante en la agenda de la bodega Martín Codax.

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