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Maggie, cronista de Krug

La primera presidenta de la venerada casa champanera no ha perdido su corazón latino
  • Por Rosa María González Lamas
  • 11 MAY. 2017
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Las bodegas del champán Krug.
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La réplica del histórico librito de Joseph Krug.

Quizás en París le costó adaptarse a los teclados AZERTY con que los franceses perturban el escribir de quienes proceden de América. Atrasa adaptarse a esa diversa sopa de letras, en la que si una afortunadamente no cambia de posición es la K, como la de Krug. 

Con el reto de un nuevo teclado Margareth Henríquez partió de esa K para escribir de otro modo la historia de esa reverenciada casa de champán, a la que llegó a inicios de 2009. Pronto se percató de que no todo encajaba como ella quería y tras analizar al champán y sus circunstancias concluyó que en la redacción de Krug faltaba una letra importante, la C de comunicar.

Fue así como a partir de 2010 empezó un viaje a las raíces de la maison para hallar en su historia mensajes importantes y desconocidos por el consumidor. Como que a pesar de sus más de 150 años poco sabían del fundador. Así que ella se empeñó en rebuscar y en ello hallaron una caja fuerte con el insospechado tesoro de un librito de Joseph Krug quien, preocupado por su paternidad tardía, en 1848 redactó una crónica para legar a su pequeño hijo una documentada herencia de la elaboración de su champán y la filosofía de Krug.

Oriundo de Mainz, Krug vivió el tirijala político entre Francia y Prusia que al final dejó a esta ciudad del lado pruso de la frontera, como consecuencia de lo cual, él también dejó de ser francés. Recuperar su nacionalidad y hacer champán se tornaron obsesión que en 1843 le llevó a crear una casa efervescente con sus propias reglas y la máxima de ofrecer a sus clientes lo mejor, todos los años. Las instrucciones del savoir faire estaban en el carnet: Las casas de champán debían de tener dos grandes vinos. El primero, representación con consistencia sinfónica de la diversidad de colores y notas del territorio de Champagne; no vinos de terroir, sino de ensamblaje. El segundo, un vino de circunstancia, que exprese las características de añadas concretas. Es decir, lo que en Krug son las Grandes Cuvées non-vintage y los champanes Millésimés, todo con complicados ensamblajes y larguísimos envejecimientos.

Al recuperar con el libro el ADN de la casa, se rehizo el discurso de Krug con el apoyo de un especialista en comunicación de lujo, quien delineó la forma de transmitir toda esa esencia para crear un sentido de pertenencia emocional al consumidor a través del sueño de Joseph. Todo desde la discreción y elegancia que caracteriza a Krug, pero siempre con la obsesión por el detalle y el placer que le inspiró, y la vocación de hacer lo que nadie más ha hecho, desde el refinamiento. 

Primera tarea, crear una réplica del histórico librito para obsequiar a los visitantes. Otro proyecto, concebir un nuevo sistema de etiquetado en que cada botella tiene su código ID que el consumidor puede escanear para conocer datos abarcadores sobre la elaboración de cada etiqueta. Un ID que se enlaza con una App, que Henríquez concibió para ayudar a comunicar los detalles que marcan la diferencia en Krug. Y después, armonías con otras disciplinas, porque la armonía es el matiz medular del champán.

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“Para copiar a Krug harían falta seis décadas”, dice Maggie Henríquez.

Ese compromiso artesanal con la minucia es un ADN compartido por ella, quien luego de una depurada formación gerencial que comenzó en Harvard, prosiguió una trayectoria de imparable ascenso empresarial internacional en empresas de cosmética, bebidas y alimentación en su natal Venezuela, México y Argentina, hasta llegar a Krug, convirtiéndose en la primera fémina en dirigir esta mítica casa de champán. 

Antes de a Krug, Moët Hennessy la envió a Argentina dicen que con instrucciones de achicar o cerrar su filial vinícola en el país. Pero lejos de hacer eso, le dio un giro radical a la empresa en ese destino, convirtiendo a esa división en una de las más rentables de Moët en el mundo. Para guinda lo hizo en medio de una crisis económica, porque tiene una especie de miel para atraer las crisis, pero también astucia para saberlas superar. “Los problemas traen siempre oportunidades”, afirmó a Magacín durante su más reciente visita a Puerto Rico, un destino con el que mantiene un romance anual y que ella describe como su bálsamo, por la posibilidad de comunicar a Krug en español y también sentir esa misma calidez latina que la caracteriza. Porque a pesar de l’esprit français, no ha perdido ni su acento venezolano ni un ápice de su corazón latino, remarcado en la autenticidad y pasión que transpira cada uno de sus gestos y palabras, asombrando a la audiencia mientras cuenta la historia sin escatimar detalles. Con imponente estatura, poquísimo maquillaje y vestida con elegante sencillez. 

En nuestro Condado Vanderbilt presentó la primera Ambassade Krug del Caribe, un punto de encuentro entre consumidor y champán en el que se asegura la cuidada experiencia de Krug a todo nivel para crear un vínculo emocional con los clientes. Precisamente uno de sus logros ha sido internacionalizar el proyecto de las embajadas Krug, una marca que representa no un lujo vetusto de champán, sino el más contemporáneo. 
Además de en una exclusivísima cena para oficializar esta diplomática distinción, también departió con “kruguistas” en Puerto Rico, donde constata el potencial de las Grandes Cuvées, pues las añadas antiguas que de esta etiqueta conservan coleccionistas locales le permiten admirar su buena aptitud para envejecer. Y es que ante su limitada producción, en Krug no abundan las botellas de estas sofisticadas Cuvées, que se unen a los champanes de añada y a otros tres que llegaron después: el extraordinario Krug Rosé, y dos ultra lujosos champanes de parcela, el Clos du Mesnil y el Clos d’Ambonnay. 

Para cada botella de champán, una historia que Maggie ha ayudado a redactar con la completísima App que las pone en contacto con el mundo digital, comunicando a Krug sin siquiera necesidad de comprarlas. Y a quienes lo hacen les permite trazar su origen gracias a un código único en cada etiqueta que revela su historia, de las características de esa añada, su proceso de vinificación y crianza hasta las puntuaciones de revistas especializadas, aunque ella crea que, más que desde los puntos, a los vinos hay que entenderlos desde la emoción que son capaces de generar.

Además de las embajadas, Maggie también estableció también un Krug Bar en el hotel Ritz de Madrid y ha hecho hincapié en el programa Single Ingredient con que Krug realza su relación con la gastronomía, para lo que cada año seleccionan un ingrediente fetiche que armonice con sus champanes. “En 2015 fue la papa, éste fue el huevo, y en 2017 será el champiñón”, dice la bodeguera, a quien también le apasiona cocinar y recorrer en bicicleta París. Haute-couture es el vínculo que ha forjado con la casa Berluti, que no sólo recreó el carnet de Joseph, sino también otros lujosos accesorios de piel en sincronía con las burbujas, incluidas  armonías entre calzado y champán.

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Haute-couture es el vínculo que ha forjado con la casa Berluti.

Pero de entre todos los acompañamientos para sus burbujas, el que más le entusiasma son las armonías musicales que han concebido para cada champán, convencidos del lirismo y gran dimensión musical de esta bebida, cuyos ensamblajes equipara a la formación de una orquesta sinfónica. “La música es libertad, un universo de placer donde aún no entra la racionalización, y por ello crea una conexión emocional con el champán”, subrayó. Las selecciones musicales han sido fruto de cuidados proyectos con músicos y especialistas que investigan la sinergia entre audición y gusto, cosa que se hace evidente al degustar la Grand Cuvée con música, que intensifica la persistencia del champán, porque “el final del oído es el principio del gusto”.

Si ella ha aportado a Krug y está “feliz de ver la casa sana como nunca”, Krug le ha devuelto el conocimiento de cómo desarrollar una marca de lujo, algo que describe como muy único. “En las marcas de lujo el fundador siempre está vivo. Por eso, mientras mejor se conoce la historia, más claro puede divisarse el futuro”, apuntó quien mantiene una muy estrecha relación con la familia Krug.   

Convencida de lo extraordinario de las Grandes Cuvées, a partir de 2017 sus botellas mencionarán la “edición” a la que pertenecen, es decir, su capítulo en una crónica que comenzó con la primera botella creada por Joseph Krug y se proyecta como una novela sin fin. “Dentro de la botella está el sueño del fundador, pero la etiqueta es el sueño de Maggie”, afirmó, apuntando que su otro sueño es ver la Colección Grand Cuvée montada en piel como el carnet de Joseph. Es un proyecto a largo plazo, un relato que sin duda degustará su preciosa nieta, cuya foto enmarca el teclado de su teléfono móvil, desde el que Maggie Henríquez también escribe la historia de Krug.

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En el cuadrángulo de la casa Krug en Reims.

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