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Una imagen para el vino

¿Sabías que el violeta es un color a evitar en los diseños de etiquetas porque incide en la percepción de calidad? El vino tiene sus códigos y Marta Lojo y a Kike López los han descubierto casi todos
  • Por Rosa María González Lamas
  • 03 AGO. 2017
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Marta Lojo, la famosa diseñadora de etiquetas de vinos. (Suministrada)
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A Paco y a Lola les vistieron con lunares cuando una bodega pidió a Marta Lojo y a Kike López crear una etiqueta para vender un vino español en Asia y ellos pensaron en ese ícono cultural con que los extranjeros identifican a España. Porque aunque se trataba de un vino albariño de las galleguísimas Rías Baixas, sus autores le pretendían una imagen ibérica y global y, con esas esferas festivas, los creadores de su etiqueta le impartieron una distintiva y españolísima personalidad.

Eso ha sido, sin duda, una de las armas efectivas de Paco & Lola, probablemente el albariño de mayor venta en Puerto Rico, y apenas una de las más de dos mil etiquetas de vino que a lo largo de casi dos décadas han diseñado estos artistas, autores de las de muchos de los vinos más valorados por los enófilos de nuestra Isla.

Oriunda de esa tierra atlántica de parrales y albariño, como tantas familias en las Rías Baixas la de Marta tenia alguna viña. La suficiente para hacer vino en casa, convirtiendo las vendimias en un acontecimiento familiar, divertido y desenfadado, en el que participó desde que tiene memoria, recogiendo las uvas y pisando sus racimos en las prensas de casa.
Emigrantes a Venezuela, cuando en los setenta los padres de Marta regresaron a Galicia, montaron una casa de comidas que se convirtió en el hogar de la rapaza, quien, además de ayudar a la familia en las tareas del local, allí jugaba con las botellas de vino y bebidas, con sus tapas, pero, sobre todo, con sus etiquetas.

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Marta Lojo y a Kike López, creadores de algunas de las etiquetas de vinos más reconocidas

Fascinada desde niña con sus diseños, colores y contenidos, quiso hacer de ellas las protagonistas de un álbum imaginario que, si otros niños llenaban de fotos de artistas o deportistas, ella armaría con etiquetas de bebidas. Como le hechizaban los colores de la etiqueta del vermut Martini se esforzaba en desprender ésta y otras de las botellas, lo que rara vez lograba porque las etiquetas siempre se rompían al intentar despegarlas. Por ello, para forjar su colección determinó escribir a las bodegas solicitándoles etiquetas sin botella, que ella pudiera conservar y admirar con íntegra facilidad.

Esos colores y esas formas que le cautivaban le inspiraron a estudiar diseño gráfico, coleccionando aún más etiquetas que fueron el pilar de las miles que con el tiempo ella llegaría a crear. Ya percibía la importancia de ese pequeño rótulo, hoy esencial en la comercialización, porque la imagen es la carta de presentación de un producto, una especie de semáforo que invita a detenerse en él o pasar de largo. Así hace 17 años decidió abrir en su pequeño pueblo natal de Barrantes un estudio de diseño enfocado en el mundo del vino y las bebidas, que luego trasladó al casco histórico de la villa costera de Cambados, capital del albariño.

Su prestigio podría ubicarla en Londres, Nueva York o París, pero ella permanece en una antiquísima casa de piedra en el centro del pueblo, junto a las moradas del célebre escritor Ramón María del Valle Inclán y otros personajes literarios y artísticos, un entorno casi al borde del mar que aporta inspiración a su quehacer y magia a quienes le visitan de todo el mundo. 

En ese espacio inundado de luz y otros más pequeños invadidos por una multitud de botellas en metamorfosis, su estudio de diseño se especializa en todo lo relacionado al empaque del vino, desde la etiqueta y la contraetiqueta hasta las cápsulas, el cierre de tapón de rosca o de corcho, las cajas y estuches donde se colocará el vino y, en algunos casos, incluso la selección de la forma de las botellas. “Los productores y vendedores son cada vez más cuidadosos y sensibles al diseño porque entienden la importancia de la imagen en la comercialización”, indica.

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Etiqueta de Paco & Lola, probablemente el albariño de mayor venta en Puerto Rico

El diseño de una etiqueta puede abarcar de una nueva creación a un cambio o un mero retoque, todo depende de la marca y la bodega. “Las marcas consolidadas y bien posicionadas se refrescan cada cierto tiempo, generalmente retoques mínimos para que el consumidor las siga reconociendo en el punto de venta”, explica. Hay, no obstante, bodegas menos proactivas, que únicamente prestan atención al diseño de sus etiquetas cuando surge un problema. “Hoy día salen marcas de vino a diario, por eso hay que estar muy atento a lo que ocurre en el sector”.

Porque para que funcione como debe de ser, el vino tiene que ser conjunción de forma y contenido, ya que hay vinos con buenas etiquetas que no lo son tanto en copa, y otras buenas referencias en copa a las que su etiqueta no les hace honor. “Muchas veces la imagen contribuye a que a los vinos no se les dé una oportunidad”, subraya Marta, quien ha diseñado algunas etiquetas que han dado un giro de 360 grados a las ventas de una bodega.

Y es que las buenas etiquetas de vino tienen que estar avaladas por la calidad del contenido en botella pues hoy los consumidores están informados y, si bien la imagen es importantísima para captar su atención, también saben distinguir si el vino vale o se queda solo en retrato.

A lo largo del tiempo ha visto evolucionar el etiquetado. De lo que era muy clásico con muchos datos de elaboración, muy Viejo Mundo, se pasó a diseños más de Nuevo Mundo, con mensajes más modernos, comprometidos con el estilo de vida, coloridos, incluso minimalistas, con peso en lo visual y poca información. Después vinieron las etiquetas blancas con muy buena calidad en las que se destacaban las marcas y también la conciencia por lo ecológico, una tendencia que lleva algunos años. “Hoy se es cada vez más sencillo y menos ostentoso”, apunta. Hay cosas que se ponen de moda, incluso en las etiquetas del vino, pero, como la moda, siempre hay una vuelta a lo clásico. Y es precisamente lo que está sucediendo en el diseño de etiquetas.


“Al final me gusta volver al origen, a lo de siempre porque es lo que le gusta a la gente”, afirma. “Las etiquetas muy modernas pasan rápido de moda, las clásicas aguantan más”. Por eso los vinos de calidad hoy día tienden más a diseños clásicos, imitando más el estilo francés. “Los diseños de Viejo Mundo están de vuelta para dar seriedad al vino”. En opinión de la artista, el futuro del diseño de etiquetas pasa por volver a lo familiar, valorando el origen, el terruño, la tradición bodeguera, recuperando esa información y conceptos en las etiquetas, sobre todo cuando se trata de vinos de calidad. Aunque la honestidad, además de en botella, puede hallarse también cada vez más en formato bag-in-box, que convierte al empaque en un lienzo para comunicar.

Como el vino, sus diseños hablan con volumen y sus etiquetas tienen un eco que reverbera en lontananza. Buscan su talento desde los lugares más insólitos, por referencias, o porque alguien vio que los vinos con sus creaciones tenían éxito y procuraron a su autor. Así llegaron a su estudio importadores de otros países europeos o la bodega que más vino vende Brasil para que les creara un vestido a sus botellas, nuevas imágenes, etiquetas para marcas únicas, o diseños específicos para ciertos mercados. Además de en vinos de España, las etiquetas que ha diseñado estampan encargos de Austria, Holanda, Sudáfrica, incluso China o Japón, entre otros mercados.

¿Cómo se desarrolla el proceso creativo una vez se les contacta para un proyecto? Tras conocer el producto y obtener un detalle del público al que va dirigido, el posicionamiento que quiere dársele, sus objetivos de venta y otros elementos, se empieza un proceso minucioso para concebir un nuevo empaque para el vino. En todo esto le ayuda su profunda compresión del sector, del comportamiento de otros mercados y la reglamentación internacional, su contacto de proximidad con el mundo del vino y los elaboradores, su conocimiento sobre vinos y bebidas del mundo, su destreza como catadora y también, sin duda, su aguda intuición que le permite descifrar silencios. 

“Hay muchos elementos a considerar, por eso nos especializamos en un producto, el vino, para estar bien al día de lo que acontece en el sector y diseñar con conocimiento, pensando en todas las aplicaciones que esa imagen tendrá”, detalla. En ocasiones cuentan con ilustradores o fotógrafos para concretar sus conceptos de diseño, que son creaciones muy personales, desarrolladas exclusivamente por ella y Kike, su socio de trabajo y de vida. Juntos asisten constantemente a las ferias internacionales del sector para aprovechar el interminable despliegue de botellas de las que aprenden ejercitando más de un sentido: la vista, con los diseños; olfato y gusto, con la cata del vino.

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Etiqueta de Lolo

Además de Paco & Lola, Remírez de Ganuza, Cillar de Silos, Dominio Del Pidio, As Sortes, Rosa Ruiz, Pedro de Soutomaior, Áster, Lolo o Sameirás son algunas de las etiquetas presentes en Puerto Rico que ha tocado la mano de Marta y su equipo. Junto con Martín Códax, que le dio un gran empuje a su trabajo y las del grupo Chivite, que lo proyectó fuera de su entorno. Ahora labora en el rediseño de una marca muy reconocida en el mercado local, que seguro dará que hablar. Así, la niña que coleccionaba “cromos” de etiquetas, hoy hace que seamos los consumidores quienes coleccionemos a distancia un poco de su talento e ilusión en los sorbos de muchos de los vinos favoritos de Puerto Rico.

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Etiqueta del vino Más que 2

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