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Una mujer de armas tomadas

Luba Neiman: una vida marcada por el exilio y la elegancia de pies a cabeza
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Por décadas, la empresaria cubana Luba Nieman se ha destacado por poner piezas de joyería impactante al alcance de la mujer. (Fotos: Juan Luis Martínez)
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Luba Nieman, una empresaria cubana de personalidad avasalladora, llegó a Puerto Rico procedente de Nueva York en los inicios de los años 80. Muy pronto se convirtió en un referente de moda para las mujeres de la isla, así como también para los esposos que iban a su boutique en momentos especiales para comprarle, sobre todo a sus esposas, ese objeto del deseo.

A casi dos décadas de abrir cuatro boutiques en Puerto Rico con su nombre estampado, Luba decidió disfrutar de sus hijos y nietos. Sin embargo, se dio cuenta de que lo suyo no era el retiro y regresó al glamour. “Volví para invertir en Puerto Rico porque me encanta lo que hago y eso de las ventas a mí me da vida”, dijo la empresaria.

Esa vuelta a la actividad se dio tras un encuentro con el diseñador Gustavo Arango en Nueva York.

“Muy generosamente me ofreció un espacio en su boutique, acepté y fue maravilloso, pero a mí todos los diseñadores puertorriqueños me fascinan, no tienen nada que envidiarle a lo que se presenta en Milán o en París. La gente en las calles de París me llegó a detener para preguntarme por un traje que llevaba puesto, que era de la diseñadora Lisa Capalli”.

Entre las piezas que trae Nieman siempre hay cruces en metal bañado en oro creadas por la firma José y María Barrera, diseñadores con los que ha mantenido una longeva relación. “Estas son hechas a mano en Nueva York, no en China, algunas también se consiguen en la tienda Neiman Marcus, pero él me apartó unas para que yo dispusiera de esas”.

Reflexionando sobre los hábitos de compras de la mujer de hoy, Luba asegura que “hoy día nadie quiere gastarse una fortuna en accesorios. Si tienes el dinero y quieres una cartera Chanel o Louis Vuitton, perfecto, yo también tengo una, pero hay cosas muy lindas y económicas que se ven más o menos igual. Aquí lo que tienes que tener es estilo y buen gusto y disfrutar cada segundo. Además, el dinero va y viene, pero lo que tú tienes en el cerebro no te lo quita nadie”.

“Huyéndole al frío”

Luba tiene dos hijos. Jennifer Nieman, que lleva desde hace décadas la carrera de la exreina de belleza Dayanara Torres entre otros famosos y Jamens Donrest, con un nieto de cada uno. “Los dos son muy trabajadores”, indicó la orgullosa madre. Su hija Jennifer comparte: “mami iba a Nueva York a comprar con cada una de sus clientas en mente”.

La relación que mantuvo con modelos y actrices famosas en Nueva York le anticipó a Luba un nicho en el mercado local a donde llegó a vivir “huyéndole al frío” en la década del 60.

“Abrí mi primer negocio de accesorios en un segundo piso de un edificio en la calle Loíza y Taft porque los negocios de ese tipo en Europa eran en segundos pisos. Todo el mundo quedó en shock porque hice mis mejores clientes y amigas ahí. Hasta que me di cuenta que la gente aquí no quería subir escaleras. Entonces abrí una tienda en la calle Ashford en el Condado, luego otra en el mismo paseo, y en Galería San Patricio en Guaynabo.

Su última boutique fue en los predios del hotel Caribe Hilton. “Me gasté una fortuna en esa tienda porque el piso simulaba el mar, pero no había valet parking y nadie quería caminar. Mi asistente, María Toro, se volvió a vivir a su país, Chile, y cerré. De eso hace más de 15 años”. 

“La Biblia o whoever”

Antes de irse a vivir a Miami en el 2013, aunque mantiene residencia en San Juan, Luba celebró un evento de recaudación de fondos para la Fondita de Jesús en un hotel al que asistieron 400 personas. 

“Era París, ¿tú crees que voy a hacer algo menos que París? Pienso que el que tiene dinero debe compartirlo, eso es lo que dice la Biblia o whoever”, dice con esa chispa que le adorna.

En abril del 1960 Luba salió de su Cuba natal para recorrer Europa, sin saber que nunca más volvería a su país.

“Estando en Bélgica mi mamá me mandó un cable pidiéndome que cuando llegara a  Nueva York la llamara. Me dijo ‘aquí no vengas a nada’. El gobierno nos quitó las fábricas, una de guayaberas y otra de pantalones de montar. Pedí asilo político en Estados Unidos y toda mi familia salió poco a poco. Tuve que vender todo lo que traía; las sedas, los perfumes y me tuve que poner a trabajar”.

Mientras que en 1961 se convirtió en gerente de banquetes de La Fonda del Sol en el edificio Time-Life de Manhattan, una de las localidades que no tardó en convertirse en el lugar de moda en la Gran Manzana, obra del restaurador Joe Baum. El mismo artífice de bares como el del Four Seasons o el Windows of the World. Allí conoció a artistas de la talla del actor Anthony Queen y Kim Novak entre muchos otros. Y todavía hoy, Luba está “in”. 

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